| 5/26/2006 12:00:00 AM

Años de atraso

La adopción de estándares internacionales de contabilidad se veía como una necesidad prioritaria para 2005. Mientras algunos gremios de contadores siguen oponiéndose al cambio, al parecer nadie está muy interesado en que el proyecto avance.

Colombia debía adoptar estándares internacionales de contabilidad a partir de 2005 por un acuerdo con la OMC. Casi a la mitad de 2006, cerca de la firma del TLC con Estados Unidos, con un flujo de inversión cada vez más activo y un sector real interesado en conquistar mercados internacionales, el país sigue usando sus normas contables particulares. ¿Cuáles son las razones? Aunque hay una clara presión para avanzar, esto no ha sido suficiente para superar los obstáculos que enfrenta el proceso. El tema toca los intereses de muchos agentes y tal vez por eso continúa estancado. Como resultado de la demora, el país pierde competitividad.

Muchas manos

Los avances hacia los estándares internacionales se han visto frenados por varios motivos. "La contabilidad financiera en Colombia no tiene una forma única de hacerse", asegura Gabriel Rueda, director del Departamento de Ciencias Contables de la Universidad Javeriana. "Cada superintendencia tiene, con su propio plan único de cuentas (PUC), un modelo de contabilidad diferente". Con esa visión concuerda Rafael Barrera, presidente de la Federación Colombiana de Colegios de Contadores Públicos. "Cada superintendencia necesita sacar un plan de cuentas de acuerdo con sus necesidades de control y supervisión. No hay, como era la idea inicial, un plan general de contabilidad".

Por su parte, Rueda explica que en Colombia la reglamentación tributaria se ha entrometido permanentemente en lo contable. "La contabilidad financiera ha venido desarrollándose más con propósitos de control tributario, que para el servicio de los usuarios, y la toma de decisiones de inversión", dice. "Por eso, la Dian termina siendo el principal regulador de todos", añade.

Ricardo Vásquez Bernal, vicepresidente de contraloría de Megabanco, resalta este obstáculo, "en ningún país se acogen estos estándares para temas tributarios. Para contabilidad se acogen los estándares y para fines tributarios, los ministerios de Economía se reservan el derecho de establecer de qué forma se miden los ingresos gravables y se liquidan los impuestos".

Además de las superintendencias y la Dian, según Rueda, los contadores han interferido en el proceso de estandarización. "Buena parte de la profesión siente que la adopción de los estándares internacionales pone en riesgo —por así decirlo— el mercado laboral de los contadores públicos colombianos", sostiene. Agrega que organismos como la Junta Central de Contadores Públicos y el Consejo Técnico de la Contaduría Pública, que en una evaluación que hizo el Banco Mundial (ROSC) en 2003 salen muy mal librados, también se oponen a la adopción de estándares. "Definitivamente, nadie siguió empujando el proyecto", sostiene Vásquez. Las posiciones a favor y en contra de los gremios de contadores, de los profesionales y del gobierno se conocen ampliamente. Pero una voz, hasta ahora callada, empieza a tomar más fuerza y puede finalmente definir el rumbo de este proceso que por ahora no va para ninguna parte: la de los empresarios.

Con distinto cristal

Mientras que algunos argumentan que los empresarios serán los grandes perjudicados por la estandarización, otros opinan que serán ellos mismos quienes exigirán el cambio.

"Quizás la estandarización es adecuada para las grandes empresas que operan en el mercado internacional y que cotizan en mercados globales de valores. Pero esta realidad dista de lo que viven la mediana y pequeña empresa en los mercados mundial y nacional", dice Barrera. Cree que estandarizar entes tan disímiles como pequeñas empresas en sectores y países diferentes, más que una ayuda puede resultar en un problema para la información contable y el desarrollo empresarial.

En 2004, el Consejo Técnico de la Contaduría Pública usó un argumento muy parecido para oponerse al proyecto de Ley sobre adopción de estándares internacionales de contabilidad, auditoría y contaduría. "Es discriminatorio con la profesión contable nacional, la del simple contador individual y la de la pequeña firma nacional, pues obliga a seguir el modelo de estándares internacionales de IFAC que, según lo demuestran las recientes experiencias en el plano internacional, no son de máxima utilidad ni brillan por su efectividad", señala.

Actualmente, algunos gremios de contadores adelantan un estudio que pretende cuantificar el impacto de una medida como esta sobre las empresas de menor tamaño.

Otros expertos vislumbran un escenario bien distinto. Afirman que hay una presión del mercado financiero internacional para que toda la economía, no solo las firmas no financieras, sino los bancos y el gobierno se aproximen a los estándares internacionales. En opinión de Rueda, empieza a surgir una presión por parte de las empresas que ya tienen que usar estándares internacionales para poder hacer negocios en el exterior. "Aunque la regulación no avance, la dinámica comercial hace que muchas adopten estas prácticas", explica.

Para el sector financiero, por ejemplo, Vásquez realizó un estudio que demostró que los bancos están listos para adoptar los estándares internacionales sin ningún tipo de problemas. "El impacto que ello produce en los bancos no es tan representativo, y me parece que puede ser un valor agregado para compensar los costos transaccionales que significa tener tantos sistemas de información para manejar en el exterior", explica el experto. No contar con los estándares genera un costo. Los agentes privados se ven obligados a realizar una contabilidad bajo la norma colombiana y después tienen que traducirla a la internacional. Esa presión de costos aumentará en un futuro.

Pero incluso si la presión de mercado funcionara, el país va demasiado retrasado. Cuando en 1995 se firmó el acuerdo con la OMC, se pensaba que para llegar a tiempo a la armonización total en 2005 los países debían empezar el cambio en 2001 ó 2002 a más tardar. En Colombia, salvo unas pocas excepciones, el proceso no ha comenzado.

Una de las excepciones es la Contaduría General de la Nación. El gobierno se comprometió con el Fondo Monetario Internacional a ajustar las normas de la Contaduría a estándares internacionales. Por eso, el sector público va unos pasos adelante. "Se ha hecho un análisis de las 21 normas contables expedidas por la Junta de Normas Internacionales de Contabilidad del Sector Público. Este análisis ha sido la base de las propuestas de incorporación al Plan General de Contabilidad Pública que entrará en vigencia a partir del año 2007", dice el contador general Jairo Alberto Cano.

Los gremios y la profesión entienden las necesidades de un mundo globalizado, pero se oponen a cualquier imposición. Por eso están a favor de la 'convergencia', un proceso que busca armonizar y no adoptar los estándares internacionales. Pero dado que cada vez más se llevan dos contabilidades al tiempo, tal vez la posición a favor de la armonización aparezca como demasiado pasiva e insuficiente para lo que las empresas necesitan.
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