| 2/18/1998 12:00:00 AM

Anatomía de una crisis cambiaria

La experiencia internacional muestra que los especuladores no causan las crisis. Ellos sólo anticipan algo que de todas formas va a ocurrir.

El 12 de julio de 1997, después de meses de haber afirmado que jamás lo haría, el gobierno de Tailandia devaluó su moneda, el baht. Unos días más tarde, los países vecinos se vieron obligados a devaluar también. ¿Qué pasó?



Los especuladores decidieron atacar la moneda de Tailandia, porque percibieron que de todas maneras se iba a devaluar en el futuro cercano. En pocos meses, ese país acabó con lo que en un principio se consideraba como "un nivel holgado de reservas internacionales". La falta de confianza de los inversionistas produjo una crisis cambiaria.



De acuerdo con el famoso economista Paul Krugman, cuando hay expectativas de una devaluación, defender el tipo de cambio puede convertirse en algo muy costoso para la economía. Por lo general, la manera de hacerlo es elevando las tasas de interés de corto plazo, lo que a su vez aumenta el costo de los recursos del gobierno y de las empresas endeudadas y además deprime la producción y el empleo. En estas condiciones es muy probable que el país se vea obligado a devaluar de todas formas, incluso antes de que se presente un ataque especulativo.



Los inversionistas entienden esta lógica y tratarán de salirse de esa moneda antes de que suceda la devaluación. Al hacerlo deteriorarán aún más la posición del gobierno y, por tanto, acelerarán la devaluación. Pero los especuladores no crean una crisis macroeconómica, simplemente anticipan un resultado.



En otras palabras, una crisis cambiaria es el saldo final de unas políticas económicas inconsistentes con un tipo de cambio determinado. Los mercados financieros perciben esta situación y anticipan el ajuste, lo que resulta lógico dado que los inversionistas miran hacia adelante y no hacia atrás. Otra cosa es que, luego, el gobierno del país involucrado normalmente alegue que estaba totalmente preparado para sostener el tipo de cambio y que lo habría hecho de no haber sido por el ataque especulativo.



Aparte de lo anterior, cuando hay inconsistencias entre las políticas el momento de la crisis puede precipitarse por varios caminos. Las crisis pueden ser autogeneradas, inducidas por inversionistas que asumen un comportamiento de rebaño o también provocadas por un efecto de contagio. Una crisis por contagio se puede producir por razones de competitividad, esto es, cuando la devaluación de un país deteriora la situación de otro y éste último se ve en la necesidad de devaluar, como ocurrió en Asia. Otro caso es cuando los inversionistas asimilan un país a otro, y suponen que si el primero entró en problemas, el segundo también lo hará y simplemente deciden abandonarlo. Esto pasa generalmente con países dentro de una misma región, como fue el caso de la crisis de Argentina a raíz de la de México de diciembre de 1994.



Antes de la crisis



De acuerdo con un estudio reciente realizado por la economista Carmen Reinhart, del Fondo Monetario Internacional, la elevada flexibilidad de los flujos de capital que existe hoy en el mundo crea un ambiente en el cual los países son más vulnerables a problemas cambiarios. Reinhart muestra el comportamiento de algunos indicadores en países que tienen crisis cambiaria. Las gráficas muestran los más relevantes, al lado de los mismos indicadores para Colombia.



Por lo general, el tipo de cambio se revalúa con anterioridad a la crisis. En el caso colombiano, el tipo de cambio se ha revaluado en los noventa. En 1997 se corrigió en algo este desequilibrio, pero la tasa de cambio sigue revaluada. En enero de 1998 incluso se perdió algo de lo recuperado el año anterior.



Los meses anteriores a una crisis cambiaria se caracterizan por una política monetaria expansionista. Además, la cantidad de dinero en la economía (el llamado M2), expresada como porcentaje de las reservas internacionales, se caen antes de la crisis. Esto significa que se reduce la capacidad de las autoridades monetarias para respaldar las deudas del sistema financiero con reservas internacionales. En Colombia, esta relación se ha reducido drásticamente en los últimos meses.



Las reservas internacionales caen sustancialmente en los meses antes de la crisis. Hay que resaltar que la caída de reservas no es continua, lo que muestra los intentos de los bancos centrales por compensarla. Las reservas en Colombia en promedio se mantuvieron estables en 1997. Pero en el comportamiento de los meses más recientes es evidente cómo vienen disminuyendo. Parece que Colombia tiene abundantes reservas para defender el tipo de cambio. Sin embargo, el gran desequilibrio surge del lado fiscal, que no se va a corregir en este gobierno. El Banco de la República puede quemar reservas y subir las tasas de interés pero, si el gobierno no realiza el ajuste, lo único que el Banco logrará es posponer la crisis.



Por último, en los países con un mercado cambiario paralelo, en una situación de pre-crisis el diferencial entre la tasa oficial y la paralela disminuye, a medida que la gente se va pasando a dólares. En muchos casos, inclusive, el valor de la paralela se vuelve superior al de la tasa oficial. De nuevo, esta situación se está presentando en este momento en Colombia.



La gran moraleja de esta historia es que, gústenos o no, la globalización tiene que ir acompañada de mayor disciplina fiscal y financiera. Las crisis son inevitables cuando los países no quieren aceptar esta realidad básica. Hay suficiente evidencia internacional sobre crisis cambiarias como para entender que la economía colombiana presenta, hoy, varias señales tempranas de alerta. Si no hay un cambio de rumbo, es decir, si no se emprende un ajuste fiscal serio durante este año, va a ser cada vez más difícil eludir un desenlace doloroso.
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