| 10/30/2005 12:00:00 AM

"Ahora hay que hacer algo"

Michael Porter, creador de la teoría de la ventaja competitiva de las naciones, habló con gobierno, empresarios, y académicos. Sugirió vías para hacer a Colombia más productiva.

Su visita a Cartagena el 21 de octubre revivió el interés por este tema, que llegó al país hace quince años cuando el entonces ministro de Desarrollo Luis Alberto Moreno trajo a la firma Monitor para que desarrollara un plan de acción que mejorara la competitividad nacional. "Ahora el principal reto es hacer algo", dice Porter. Y, de hecho, ya comenzó el trabajo. Se creará un Consejo Nacional de Competitividad para promover la productividad en el país (ver recuadro).

Frente a un auditorio de 250 personas encabezadas por el presidente Uribe, y que incluía ministros, congresistas, académicos y empresarios, Porter explicó qué es y qué no es competitividad. Habló de revaluación, del TLC, de exportaciones, de inversión extranjera y de lo que debe hacer el país para ser competitivo.

En blanco y negro La construcción de competitividad no es otra cosa que hacer todo lo que se necesite para aumentar la productividad del país.

Este trabajo se tiene que concentrar en las firmas. "Solo hay una institución en el mundo que puede crear riqueza, la empresa", dice el profesor. "Los gobiernos no crean riqueza, aunque permiten que sea más fácil hacerlo. Pero su creación está en manos de las firmas, los trabajadores y los administradores. Nada de lo que haga el gobierno será exitoso, si el sector privado no hace lo que tiene que hacer", añade.

No se trata de cambiar lo que se produce. El secreto es cambiar la forma en que se produce. "Italia produce zapatos, un producto de baja tecnología que podría ser aburrido, pero los vende a US$400 el par. Si vendiera zapatos como los hechos en Paquistán, sería pobre", afirmó.

Porter hizo una lista de cosas que deben hacer los países que quieren ser productivos. La devaluación, por ejemplo, no hace a un país más competitivo porque no cambia la manera en que se produce. Los gremios deberían ayudar a incrementar la productividad de sus asociados, con compras en volumen y en otras formas. "Ahora se dedican a hacer lobby, pero conseguir dinero del gobierno no mejora la productividad", señala.

También sugirió que Colombia se aleje de los productos genéricos, en los que el precio es la variable fundamental para competir. Debe, en cambio, buscar productos para nichos especiales. De otra parte, sugirió entrar directamente a los mercados, sin necesidad de alianzas, como lo hace la mexicana Cemex en cemento y les recomendó a los grupos económicos enfocarse en un solo negocio y ser más internacionales.

"Hay que tenerla", dijo enfáticamente hablando de la inversión extranjera. "No hay ninguna forma en que una nación pueda hacerlo todo. La inversión extranjera es un turbocargador para asimilar habilidades más rápido", añadió. El problema de la inversión no es si es local o extranjera, sino qué tan productiva es. Por eso, sugirió que las normas para inversión foránea deberían requerir estándares altos de productividad.

Sobre los acuerdos de libre comercio, señaló que no ayudan a producir mejor, pero pueden ser un punto de partida porque obligan a los empresarios y al gobierno a cambiar sus patrones de producción.

"No hay razón para que Colombia no sea una estrella en América Latina. La pregunta ahora es: ¿tenemos el deseo compartido de serlo?, ¿podemos, queremos escoger la opción de ser prósperos?", concluyó. Porter convenció al auditorio, que lo aplaudió de pie al final de su intervención. Minutos después y antes de regresar a Boston, Dinero habló con el académico.

Usted dice que no se deben escoger sectores ganadores y perdedores para promover la productividad nacional. ¿Por qué? Por experiencia en muchos países hemos aprendido que no es tan importante en qué campos se produce, sino qué tan productivo se es en esos campos. Cualquier área de la economía tiene el potencial de añadirle algo a la prosperidad nacional.

Decidir por anticipado cuáles clusters serán exitosos es un error. Es mejor dejar que los clusters se prueben a sí mismos y apoyar a cualquiera que esté dispuesto a organizarse y moverse para ser más productivo.

¿Y no es más práctico? Sería una buena idea si hubiera evidencia de que los gobiernos o los países son exitosos al escoger ganadores. Pero lo que hemos aprendido es que sin importar qué tan inteligentes sean, las cosas cambian y que los clusters ganadores no siempre son los que la gente espera.

No se debe excluir a nadie. Se debe crear una estructura que les permita a todos sentir que pueden mejorar su competitividad y hacer una contribución al bienestar común.

No creo que escoger ganadores y perdedores sea correcto, desde un punto de vista conceptual. Aunque trataran de hacerlo, no serían capaces de seleccionar bien. Los gobiernos tienen una tendencia a escoger, porque los hace sentir bien. Pero las regiones exitosas no lo han hecho de esa forma. Han creado programas y políticas que apoyan cualquier cluster que esté dispuesto a hacer su trabajo. Eso ha funcionado en Connecticut, en Massachusetts, en Carolina del Sur, en el País Vasco, en Singapur... Hay mucha evidencia de que no se debería escoger.

¿Qué tantos recursos se necesitan para desarrollar un cluster? Para desarrollar o activar un cluster no se necesita dinero. Es gratis. Lo que se requiere es cambiar las normas, conseguir una mayor colaboración, establecer prioridades claras, trabajar de manera más efectiva y remover obstáculos.

No debemos ver el desarrollo de clusters como algo que requiere una cantidad enorme de recursos, sino una cantidad muy limitada de recursos. A veces, se necesita dinero para entrenamiento, infraestructura y para otras áreas muy seleccionadas y con frecuencia se puede usar dinero que se está desperdiciando en algún sitio y llevarlo a algo más productivo. Pero lo más importante es hacer que el sector privado trabaje unido y colabore.

Los empresarios colombianos piensan que la educación superior debe ser la actividad central para mejorar la competitividad nacional. ¿Es una buena estrategia? No sé lo suficiente (sobre el país) para decir si daría más prioridad a la educación superior que a mejorar el sistema tributario. Sin embargo, creo que la educación es un área en la que Colombia está haciendo un buen progreso. Es una actividad diferenciadora en el sentido de que dejaría a Colombia en una situación única en la región, así que creo que es una buena opción. Debería ser parte del plan. No estoy seguro de si debería ser número uno, dos o tres, pero definitivamente es parte del plan.

¿Qué sería más importante: educación?, ¿innovación?, ¿confianza?... Creo que lo importante no es el ranking, sino la secuencia. En qué orden se debe mover uno. Para construir competitividad, hay que arreglar todo: las carreteras, los sistemas de investigación. Pero no se puede reparar todo a la vez. Hay que definir lo prioritario. Hay que decidir qué agendas tratar primero y cuáles agendas, a pesar de ser críticas, seguirán después.

La educación tiene un gran impulso en Colombia. Una de las reglas que siempre se cumplen es que uno debe tratar de subirse a la ola. Si un área mejora, refuércela en vez de comenzar con algo en un lugar estancado. En ese sentido, creo que educación y educación superior son un buen paso inicial en el proceso, pero creo que es innecesario clasificar uno frente a dos, dos frente a tres. La clave es decidir cuáles son las dos o tres cosas con las que debe empezar y dónde seguir desde allí. También creo que es importante identificar algunas agendas que puedan tener éxito rápido. El problema con la educación es que es un proceso de 10 - 20 años.

¿Y cuál sería un resultado rápido? Cuando se está tratando de imprimirle dinámica en una economía, hay que tratar de conseguir algunas victorias iniciales. Cosas que se puedan mostrar. A veces se escogen cosas que realmente no son tan importantes, pero son cosas que se pueden hacer. Este es un proceso de largo plazo, de muchos años, debe tener continuidad y el mayor riesgo es la inacción. Y la mayor razón para que no haya acción es que la gente se canse o se fatigue, o que esté demasiado ocupada y su atención se mueva a otra parte. De modo que es muy importante que la gente confíe en que el tiempo que invierte en esto producirá resultados.

Déjeme darle un ejemplo. Trabajé una vez en una ciudad en Estados Unidos, que tenía como prioridad fortalecer el turismo. Había muchas cosas que se debían hacer para mejorar el cluster y muchas de ellas tomarían 10 años. Entonces trabajamos muy duro para encontrar algo que pudiéramos hacer en una semana. Descubrimos que los avisos en la autopista no eran claros y no identificaban algunas de las atracciones turísticas más importantes. Pusimos nuevos letreros en una semana y así cada persona que pasaba notaba el cambio.

¿Cuál puede ser el mayor catalizador de la competitividad en Colombia? Lo que sabemos sobre competitividad es que es el resultado de muchas cosas y que no hay una única 'bala de plata'. Pero si tuviera que decirle qué puede tener el mayor efecto catalítico sobre la competitividad de este país, creo que sería algo que quizás sea imposible de lograr: acabar con la producción y el tráfico de drogas.

Si el Presidente pudiera ir a las Naciones Unidas a decir 'lo hemos erradicado', ese sería el mayor catalizador. Eso no es necesario para mejorar la competitividad, pero usted me preguntó por el mayor catalizador. Creo que aparte de eso no hay un elemento único que importe. Simbólicamente, tal vez la reforma tributaria sería un evento muy catalítico. No es que ellos solos generen el mayor impacto sobre la productividad, pero creo que afectarían la percepción psicológica dentro y fuera del país.
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