| 3/16/1998 12:00:00 AM

Ahora, el ajuste social

El BID es hoy mucho más que un banco: es el centro donde se gestan las reformas que aplicarán los países de América Latina en la próxima década.

La reunión del Banco Interamericano de Desarrollo en Cartagena ­entre el 16 y el 18 de marzo­ no es, como muchos esperarían, un clásico encuentro de burócratas internacionales en el que se habla mucho y se decide poco. Se trata, por el contrario, del máximo evento anual en el que se debatirán las ideas que moldearán el futuro económico y social de la región, y se fijará la agenda de ejecución de las reformas que aseguren esos cambios. Los resultados de las discusiones serán un mandato para la entidad.



El BID está lejos hoy de la imagen tradicional de los bancos multilaterales ­reforzada durante la crisis de la deuda de los años 80­ de dedicarse únicamente a prestar dinero a países en dificultades a cambio de onerosas condiciones en el manejo de su política macroeconómica. En realidad, los recursos del BID hoy en día no se emplean para resolver situaciones de iliquidez. La entidad se dedica fundamentalmente a promover el avance de las reformas institucionales necesarias para resolver problemas estructurales de la región, como el desempleo, la violencia, la corrupción y la falta de educación.



La discusión interna y la solución de estas dificultades ayudarán a que las economías del continente permanezcan en el camino hacia el desarrollo y el crecimiento ordenado.



El nuevo papel del BID



Con el correr de los años han evolucionado las prioridades que el Banco Interamericano de Desarrollo da a su trabajo. En los años 80 el centro de sus recomendaciones a los países miembros ­las llamadas reformas de primera generación­ era emprender programas de choque para atacar los enormes déficits fiscales y los desequilibrios en la balanza de pagos. Las naciones tenían que diseñar y aplicar planes de liberación de las importaciones y ajustar la tasa de cambio para aumentar la competitividad de sus exportaciones.



Las reformas de segunda generación ideadas por el BID comenzaron a ser sugeridas a los países en los primeros años de la década de los 90. Esta vez el eje fue la apertura de las economías, el libre mercado, la competencia abierta, la disminución del tamaño del Estado y el establecimiento de menores controles y obstáculos a la inversión extranjera.



Del mismo modo, se propuso definir reglas fiscales claras acudiendo para ello a reformas tributarias; conceder mayor autonomía a los bancos centrales en la formulación de la política económica; modificar los anacrónicos regímenes cambiario y de comercio exterior; y reformar los mercados de capitales como único camino para aumentar el ahorro interno.



Para lograr este último objetivo, los países reestructuraron sus sistemas de seguridad social y de pensiones y flexibilizaron las normas de regulación financiera, quitándoles los obstáculos que entorpecían las operaciones nacionales y con entidades internacionales.



Ahora el papel del BID será otro. Se está hablando de reformas de tercera generación, en las cuales el Banco ya no se dedicará a sugerir ajustes económicos sino a estimular en cada país la realización de debates sobre cuatro temas que considera prioritarios para los próximos años: el desempleo, la educación, la violencia y la corrupción. El Banco considera que no basta con un déficit fiscal bajo control o un sector financiero eficiente, si no hay garantías sociales, que aseguren educación, paz y participación ciudadana en los procesos democráticos. Reconoce que el área social ha sido la pieza olvidada en los ajustes estructurales y espera que la atención se centre en solucionar problemas como la distribución del ingreso, el desempleo, la pobreza y por supuesto, la violencia.



Los temas de Cartagena



La bella ciudad colonial será testigo de un hecho importante en la vida nacional. Allí se darán cita más de 2.500 invitados para la reunión anual de gobernadores del BID con el ingrediente nuevo de que no se limitará a un encuentro de los ministros de Economía y Finanzas de los países miembros, sino que asistirán los principales banqueros de la región y del mundo y los representantes de firmas de banca de inversión.



En la asamblea, el BID se concentrará en debatir el gravísimo problema del desempleo en América Latina. Hace unos años, el crecimiento demográfico estimulaba la presencia de jóvenes desempleados. En los 90 este panorama cambió dramáticamente, con el aumento de la productividad asociada y la globalización, y comenzó la solicitud de empleos de buena calidad.



Ahora, el BID encuentra que la aceleración del crecimiento económico tendrá que ir acompañada de enormes esfuerzos en temas fundamentales como la cantidad y calidad de la educación, así como las reformas a las vetustas instituciones laborales que beneficiaban a unos pocos y excluían a la mayoría.



Otro de los temas centrales será la convivencia ciudadana. El BID ha encontrado que el crecimiento económico y la paz social tienen en la violencia uno de sus obstáculos más importantes. América Latina tiene hoy día la tasa de homicidios más alta del mundo y ello significa un costo económico que supera con creces el crecimiento anual de la región.



En la conferencia el Banco demostrará que la violencia no es un mal inevitable, que la convivencia ciudadana puede construirse y afianzarse con un conjunto de intervenciones legales, policiales, económicas, educativas y de salud pública, como eje para remover la violencia que se ha constituido en el principal obstáculo para la convivencia ciudadana y la democracia.



No basta con gastar más en educación y salud, y descentralización fiscal. El desarrollo social será participativo o no será desarrollo. La revolución social de América Latina en los 90 se afianza sobre un nuevo papel del ciudadano en la definición de su destino individual, de su barrio, ciudad y del país mismo.



Junto con estos temas el BID revisará en su asamblea el avance y profundización de las reformas de los sistemas financieros y de pensiones, que adoptaron los países en la segunda generación. La liberalización financiera ­propone el Banco­ en medio de la difícil situación de Asia debe ir acompañada de controles eficaces e incentivos para evitar riesgos en el sistema bancario.



La regulación del Estado en este caso debe ser más firme y más eficiente. De otra parte, el BID recomienda a los 18 países que no han reformado el sistema público de pensiones, adoptar sistemas de capitalización. Y a aquellas naciones que adoptaron esquemas de transición gradual, les recomienda acelerar sus procesos de transformación.



Colombia, cuya estrategia macroeconómica está en entredicho y en donde el grado de violencia ha llevado a la sociedad al borde del caos, tendrá mucho que aprender en Cartagena para superar su parroquialismo y adoptar líneas de acción más eficaces para su desarrollo futuro.
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