| 7/8/2005 12:00:00 AM

Agro, tiempo de decisiones

Hay una enorme tensión alrededor de las negociaciones del capítulo agrícola del TLC. La importancia del sector y las demoras de Estados Unidos aumentan la sensibilidad nacional frente al tema.

Los avances de la negociación en la mesa agrícola del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Colombia con Estados Unidos han sido demasiado lentos. Esta mesa y la de asuntos sanitarios y fitosanitarios han presentado graves retrasos con respecto a las demás y han estado marcadas por los incumplimientos de Estados Unidos. Se piensa que, por culpa de estas demoras, mientras todas las demás discusiones podrían cerrarse en la ronda de Miami que comienza el 18 de julio, las dos del agro necesitarán más sesiones. Lo que preocupa a los defensores del proceso es que, si no avanzan, la negociación se puede paralizar indefinidamente. La situación es tan grave que, al cierre de esta edición, no se ha podido fijar una fecha para la siguiente reunión agrícola, que estaba inicialmente planeada para el 11 de julio.

Las causas de esta lentitud están en la alta sensibilidad del sector. Los colombianos temen que la negociación deje algunos sectores heridos de muerte. De hecho, las mesas agrícolas serán la primera instancia en la que claramente el gobierno tendrá que tomar decisiones que afecten seriamente algunos jugadores. "La viabilidad del país está en juego", señala Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), llevando su temor al extremo.

Pero las demoras en la negociación no han venido del lado colombiano sino del de Estados Unidos. Las partidas arancelarias se analizan rubro por rubro, y cada paso que da el equipo negociador estadounidense en el tema agropecuario, debe consultarlo previamente con su Congreso, que anda ocupado con los trámites del TLC centroamericano. Esto ha hecho que el proceso sea extremadamente lento.

La lentitud de Estados Unidos tiene exasperados a quienes siguen la negociación desde el sector privado, y muchos consideran que Colombia debería ser más dura. La SAC, por ejemplo, se opuso a que el país enviara propuestas para nuevos productos, antes de que Estados Unidos respondiera a las propuestas que se habían entregado oficialmente en mayo. El gobierno las envió de todas maneras y, por eso, todos los avances dependen de lo que haga Estados Unidos. "Hay que saber jugar frente a la estrategia de los estadounidenses; en este momento ellos tienen la pelota, y mal haría el gobierno en moverse si ellos no se mueven", sostiene Jorge Enrique Bedoya, presidente de Fenavi.

Ante esta situación, la mejor alternativa para Colombia es utilizar todos sus mecanismos de presión política, en especial en las más altas esferas del poder, para que Estados Unidos responda a las solicitudes y ofertas. Por eso, la relación que vienen cultivando los presidentes Uribe y Bush hace pensar que hay posibilidades de que el acuerdo avance. Otro buen augurio para el acuerdo es la buena acogida que ha tenido el TLC centroamericano en el Congreso de Estados Unidos.



¿Por qué negociar el agro?

El agro es la base de una buena parte de la economía de Colombia. El 60% del empleo rural está en el agro y la mayoría del 40% restante está indirectamente ligado a su desempeño. El sector genera impactos en las áreas urbanas. Solo en la medida en que se consolide una economía vigorosa en las zonas rurales, se pueden solucionar problemas que desde hace años son prioritarios en la agenda del país, como los cultivos ilícitos, la violencia y el desplazamiento.

Por eso, el gobierno ha reiterado que el sector agropecuario debe ser un ganador neto en la negociación. Esto significa que cada una de las concesiones que haga el equipo negociador colombiano, debe estar respaldada por una compensación igual o mayor para obtener acceso al mercado estadounidense. Esto lo tiene claro el equipo negociador. Todos los sacrificios que tenga que hacer Colombia producto del tratado deben compensarse, con creces, mediante acceso al mercado estadounidense. Solo así tiene sentido negociar.

Lo que está sobre la mesa en la negociación es, por una parte, la protección del sector agrario ante la competencia estadounidense, que se caracteriza por los fuertes subsidios del gobierno a los agricultores; por la otra, buscar que los productos colombianos puedan acceder al mercado de Estados Unidos.

Ambos aspectos son importantes. En cuanto a la protección frente a la competencia estadounidense, "hay concesiones que pueden darle un golpe gravísimo a la economía colombiana", como asegura Alejandro Vélez, vicepresidente técnico de la SAC. Por ejemplo, en fríjol, como la producción es en gran medida artesanal, y de ella depende el ingreso de muchas familias campesinas, una apertura descuidada puede tener un impacto social muy negativo.

De manera similar, la economía de varias regiones del país está cimentada en el agro. Otros sectores y productos -como el avícola, el arroz, el maíz y el fríjol- tienen una gran importancia económica, y su supervivencia en el mediano plazo depende de la protección frente a la competencia extranjera. Una apertura demasiado abrupta puede generar fuertes inestabilidades, con consecuencias sociales y económicas imprevisibles.

En materia de acceso, lo que se puede ganar con el TLC es grande. Con un buen acuerdo, sectores como los de frutas y hortalizas, tabaco, flores, carnes, lácteos, azúcar, etanol y aceite de palma pueden generar importantes ganancias para el agro. En azúcar, por ejemplo, Colombia es uno de los países más competitivos del mundo y podría llenar rápidamente el cupo que den los estadounidenses para su entrada. En frutas y hortalizas, las oportunidades también son grandes, pero el problema es acceso real, es decir, lograr que las barreras no arancelarias como medidas sanitarias y fitosanitarias, normas técnicas u otros obstáculos permitan el acceso de los productos colombianos a Estados Unidos de manera segura.

En muchos sectores, como carnes de bovino, lácteos, oleaginosas y algodón, las oportunidades se mezclan con amenazas y exigen una muy buena negociación. Además, en todos los sectores se requieren esfuerzos conjuntos entre los sectores público y privado para mejorar las condiciones de competitividad, y, por último, los productos en los que Colombia definitivamente no podrá competir, necesitarán políticas claras del gobierno, para que los agricultores puedan trasladarse a nuevos productos.
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