| 9/29/2006 12:00:00 AM

A combatir la deserción

Las estrategias que utilicen las universidades para asegurar la permanencia de sus estudiantes en las aulas, se convertirá en un punto clave para obtener la certificación de calidad. ¿Por qué a octavo semestre deserta el 47,1% de los universitarios?

Lo que por décadas fue considerado como un fenómeno normal e, incluso, como una muestra de la exigencia de la carrera y de la universidad, hoy se ve como un signo de ineficiencia y como un gran costo para el país, los estudiantes y las instituciones de educación superior. La deserción universitaria pasó de ser una cifra programada que estaba en los presupuestos de las universidades, a convertirse en un problema que hay que entender para poder combatirlo.

"Si de cada casi dos estudiantes uno no termina con éxito, estamos siendo ineficientes en todo sentido en el uso de los recursos y de la infraestructura, y en los esfuerzos. No basta con haber incrementando el número de estudiantes que presentan el Icfes y que ingresan a la educación superior, que pasó de 38% en 2002 al 66% en 2006, si dejamos salir a la mitad", afirma Javier Botero, viceministro de Educación.

Aunque la deserción es un fenómeno antiguo, cada universidad maneja los datos con metodologías propias y de forma global, ya que no había un instrumento que permitiera hacerle un seguimiento individual a cada estudiante matriculado, para así conocer los factores que ponen en riesgo de deserción a los alumnos, y prender las señales de alerta a tiempo para asegurar su permanencia en las aulas.

Por eso, el Ministerio de Educación contrató con el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes el diseño de una herramienta que permite detectar a los estudiantes con mayor riesgo de deserción y las causales en cada caso para tomar las medidas preventivas. El Spadies (Sistema de Prevención y Análisis de la Deserción en las Instituciones de Educación Superior), como se llama la herramienta, reunió la información de 790.000 estudiantes de 70 instituciones técnicas, tecnológicas y universitarias, a los que se les hizo el seguimiento individual. El estudio evaluó los factores asociados que predicen la deserción, como el académico, el socioeconómico, los institucionales (como el programa en el que está inscrito y los apoyos financieros o académicos que recibe), el género del estudiante, su edad, el número de hermanos que tiene y el puesto que ocupa en la familia. Además, establece que la deserción se debe mirar por cohorte, es decir, el comportamiento de un conjunto de estudiantes que ingresan en un semestre en particular. Y considera como desertor a aquel estudiante que no está matriculado durante dos o más semestres en la misma institución.

"Uno de los principales resultados del estudio es que permite evaluar el impacto de las estrategias de retención. Las ayudas deben ser permanentes en el tiempo para que hagan la diferencia, al tiempo que se demuestra que el apoyo académico es más importante que el financiero", explica Fabio Sánchez, director del Cede y del proyecto.

Factores de riesgo
Al hacer el cruce de las distintas variables, se ven 5 grandes tendencias: los hombres tienen mayor probabilidad de retirarse que las mujeres; entre mayor sea el puntaje obtenido en el Icfes, más aumenta la probabilidad de terminar la carrera; el Icfes es más determinante que el estrato socioeconómico para reducir el riesgo de deserción; la influencia del padre es poco significativa en el comportamiento del estudiante, mientras que los grados de educación de la madre contribuyen a retener al alumno; y el apoyo académico y financiero es determinante para aumentar la retención (ver gráficos).

Si bien es claro que entre más alto sea el Icfes, mayor probabilidad de terminar la carrera, no hay la misma claridad para explicar por qué las mujeres desertan menos que los hombres. De hecho, los datos muestran que hay menos mujeres con Icfes altos que hombres (37% frente a 48% en 2003). Sin embargo, las tasas de repitencia de mujeres con Icfes altos frente a hombres con Icfes altos muestran que los hombres repiten más. El 25% de los hombres repite más de 10% de las materias, en tanto que esto solo sucede con el 20% de las mujeres.

En términos generales, la tasa de repitencia masculina es de 69,58% entre el 0 y 10% de las materias, y la femenina, del 77,66%.

Las soluciones
Aunque el Ministerio de Educación no puede incidir directamente en las instituciones, debido a la autonomía universitaria, sí piensa generar un estímulo para que las universidades mejoren sus programas de retención. "Se están teniendo en cuenta las medidas que toma la institución para medir la deserción. Los controles a este tema se están incorporando en las condiciones de la acreditación de calidad", explica el viceministro Botero.

Adicionalmente, se estudia acompañar el crédito tradicional del Icetex con un subsidio de manutención para los niveles bajos del Sisben. Y en el tema de apoyos académicos, que se demostró que son claves para aumentar la permanencia, el Ministerio está formulando un proyecto de articulación de educación media y superior para mejorar el tema de orientación profesional. El otro tema es la formación por ciclos propedéuticos, para que un estudiante que ingrese al ciclo técnico profesional, si así lo desea, continúe el ciclo tecnológico y luego el profesional.

Las universidades son conscientes del problema. El Rosario fortaleció la figura del tutor y está trabajando con 80 colegios de todo el país para articular esfuerzos, explica su rector, Hans Peter Knudsen. Por su parte, los Andes tiene una consejería para adaptación a la universidad, y un centro de investigación y formación en educación para mejorar los métodos de enseñanza de los profesores. También se están articulando con los colegios. "Con esta estrategia, bajamos de 35 a 30% la deserción, y esperamos que para 2010 esté en el orden del 20%", afirma Carlos Angulo, rector de los Andes. José Fernando Isaza, rector de la Jorge Tadeo Lozano, considera que además del apoyo académico y financiero, la universidad debe garantizar que los estudiantes se diviertan y que creen vínculos con la institución. Para Jesús Ferro, rector de la Universidad del Norte, es importante que las instituciones eviten los esfuerzos aislados, y aborden de manera integral el problema.

Si bien no hay estudios que cuantifiquen el impacto, es evidente que con la deserción universitaria pierden todos: la sociedad, las instituciones, los estudiantes y sus familias. Dejar de verla como un fenómeno programado para combatir sus causas genera un reto grande para las instituciones y una oportunidad para los nuevos estudiantes que se están beneficiando del aumento de la cobertura para cumplir sus sueños de educación superior.
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