| 8/29/2009 12:00:00 AM

“Llámame Jean Claude, por favor”

Nunca me hubiera imaginado que alguien pudiera contratar personas por su letra y mucho menos que la letra pudiera hablar por uno. La grafología es un instrumento que permite conocer el perfil de la gente, a través de la caligrafía de una firma, de un texto, de dibujos, números o garabatos.

Jean Claude Bessudo, presidente de Aviatur, con tan solo mirar los trazos de una firma, puede leer a corazón abierto a las personas; cuando uno escribe es como si desnudara su alma, su mente, sus aspiraciones...


Jean Claude Bessudo es un francés nacido en Niza que reside en Colombia desde 1960. Su empresa genera más de 3.300 empleos directos y fue seleccionado en una votación entre más de 1.100 empresarios colombianos, como mejor gerente del año 2007 y esto sin tener títulos universitarios.


Hace 20 años cuando Aviatur estaba empezando, Bessudo contrataba a sus empleados usando la grafología. Hoy en día su empresa cuenta con más de 100 colaboradores en el departamento de gestión humana, encargados de la contratación de trabajadores con el método tradicional, el de las hojas de vida.


Jean Claude sigue creyendo que la letra es esencial para ver el interior de las personas. Pero ahora deja que la selección se haga por el conducto regular y él no se mete para nada. “Son concursos, comités, opina todo el mundo para evitar preferencias. Se hacen planes de trabajo y mil cosas más. La infinita burocracia de las empresas”.


Y aunque insiste en que la grafología es un método que no falla, es entendible, que como gerente ya no pueda dedicarse a eso. Sin embargo, todavía la aplica para contratar a cualquier persona que fuera a ser su mano derecha, “Yo la escogería para que me sirviera también de pie izquierdo”. Esa es una decisión crucial porque se trata de un cargo de confianza absoluta. La letra de esta persona, tendría que mostrar perfección, además de inteligencia, sentido del humor, orden, honestidad, prudencia y ética. Estas cualidades se pueden reflejar en una letra y “en una firma ni hablar”, dice.


Jean Claude me hizo escribir en una hoja. Me entregó un papel en blanco y firmé en la parte de abajo como si se tratara de una carta. Se quedó observando el papel unos cuantos minutos sin decir nada y en ese momento me di cuenta que me estaba poniendo en evidencia; desnudando mi alma y mi esencia. El silencio incomodo no terminaba. Suspiré profundamente y se me salió un ¡dios mío! Y con su ego subido me dijo: “llámame Jean Claude, por favor”…


Finalmente rompió el silencio y lentamente con su marcado acento francés, me dijo en voz y baja: “el marco es el mundo y fíjate que te pusiste en un rinconcito… eres queridita, tu letra la pusiste en una esquina y en un tamaño promedio, no como en un aviso de prensa, en el que la letra es grande. Y eso muestra cierta humildad y sencillez”.
“El trazo de tu firma no es tan perfecto porque es subidita y aunque no es muy limpio veo nítidamente generosidad, por el espacio que dejas en cada palabra. Pero tus letras son mal formadas, escribes rapidito todo, como tu peinado, no como otras señoritas que se peinan perfectas”. En ese momento yo no sabía si ponerme a reír o a llorar, pero me juré que la próxima vez que hiciera una entrevista de trabajo, mi pelo con ondas naturales no iba a ser una opción.


Bessudo  me estaba leyendo abiertamente y veía en cada trazo algo de mí: “Tus letras en mayúscula son normales y, en general, muestras sensibilidad en el trazo redondeado”.
En ese instante se levantó del escritorio y me mostró la pared con todos los premios, diplomas y certificados otorgados por su labor como empresario en el país; y señaló en ellos cómo los grandes jefes firman con rayas y adornos, como si la letra de estas personas se impusieran y valieran más que el mismo diploma.


Se sentó y nuevamente tomó el papel entre sus manos, y continuó interpretando mi firma, diciéndome que podía ver que era bondadosa y sin malicia, aunque usó un termino impublicable para referirse a eso. Según él, hay cierta confusión con mi “ene”, porque no es ninguna “ene” y ahí ve que soy risueña. Finalmente encontró algo de personalidad fuerte, como de querer imponerme con ese puntito final que le pongo a mi firma, como quien dice “¡aquí mando yo!”, pero sin ser desmedida.

 
Jean Claude interpreta el conjunto y nota cierta sencillez porque mi firma es legible y eso para él muestra transparencia. Pero también la claridad con la que trazo mi nombre y mis apellidos refleja, según él, mi poca experiencia en el mundo laboral, en comparación a otras personas que llevan años trabajando, porque no he firmado mucho y la firma es legible.


Él además de interpretar la letra de la gente y ver su personalidad, también hace algunas piruetas: “puedo escribir al revés, con dos manos al mismo tiempo, con la mano izquierda, con la mano derecha, dibujar lo mismo con las dos manos a la vez”. Como en espejo, imitando a Leonardo DaVinci, haciendo uso los dos lóbulos del cerebro perfectamente interconectados. Después de mostrarme sus habilidades, se rió de sí mismo: “hasta me podrían dar trabajo en un circo”.


No pude dejar de preguntarle a Jean Claude si él, al poder reconocer las cualidades y características de una persona por la su letra, modificaba la suya para mejorar sus debilidades. Sin embargo, no es conciente de ello y sin más opción empezó a interpretar su propia firma. Él dice que sus trazos muestran cómo va al grano, “también se ve la petulancia y lo insoportable que soy, por las rayas que suben y bajan, y sencillez al mismo tiempo. Esto se refleja en la forma de mi firma, soy muy abierto y este trazo de aquí, muestra demasiada amplitud. Pero no soy tan niño bueno como tú”.


Es increíble que un empresario tan exitoso, respetado y trabajador como Jean Claude Bessudo, pueda ver en la letra la personalidad, y no sobraría que el personal de recursos humanos, utilizara estos métodos más elementales como la caligrafía o la interpretación del lenguaje corporal para interpretar el conjunto de los futuros trabajadores.


Aunque Jean Claude ahora no usa la grafología para contratar a sus empleados, a menos que sean para un cargo de confianza, no perderá la oportunidad de interpretar a la persona que exponga su letra; y él desnudará su alma, su mente y sus aspiraciones...

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