| 9/24/2010 6:00:00 AM

Un emprendedor social destacado

Ashoka, la organización mundial de líderes emprendedores sociales, escoge dos ‘fellows’ por año, entre aproximadamente 1.000 candidatos. Juan David Aristizábal fue escogido por la entidad y es además, el emprendedor social más joven que haya seleccionado Ashoka en su historia.

Ashoka es una organización mundial de líderes emprendedores sociales, que escoge a dos ‘fellows’ por año, entre aproximadamente 1.000 personas que se presentan a la convocatoria, para unirlos a sus proyectos de emprendimiento social. Juan David Aristizábal fue uno de los escogidos y es además más joven que haya seleccionado esta entidad en su historia.  Este colombiano de 21 años, uno de los fundadores de Buena Nota, una empresa que trabaja para visibilizar los proyectos de emprendimiento social en el país, fue uno de los nuevos ‘fellows’ de Ashoka y además, el más joven en la historia de la organización.

El inicio

Aristizábal cuenta que la muerte de uno de sus amigos más cercanos a manos de otro joven, el 9 de septiembre de 2003, lo hizo pensar que debía encontrar la manera de atacar las causas de los problemas sociales en el país.

En 2006 se unió con Juan Manuel Restrepo y se propusieron hacerles entender a los colombianos que debían hablar “no de lo que sale en lo titulares, sino de lo que aparece en los indicadores”.

En ese momento, se dieron cuenta que muchas personas en el país trabajan en proyectos sociales de emprendimiento. Así nació Buena Nota, como una incubadora de emprendimiento ciudadano que asesora proyectos para que tengan un mejor impacto en las comunidades a las que buscan llegar.

El modelo de Buena Nota se llama VICA, que no es otra cosa que Visibilizar, Inspirar, Conectar y Apoyar. Lo atractivo es que es aplicable a cualquier país, bajo cualquier condición, porque es un modelo que necesita sobre todo compromiso, responsabilidad y corazón.

Poco a poco y con un préstamo de $5 millones, Buena Nota se hizo camino hasta convertirse en una organización sin ánimo de lucro, que hoy cuenta con el respaldo de Ashoka y el apoyo financiero de 10 empresas.

La organización es un puente entre los proyectos que se generan y las empresas que quieren apoyarlos. Pone a disposición de los emprendedores un grupo de asesores, incentiva la movilización social, los visibiliza y busca comprometerlos en la generación de confianza.

El Colegio de Estudios Superiores de Administración, Cesa, fue también un apoyo importante para Aristizábal. No dejaron de motivarlos, incluso a pesar de que esta universidad no contaba con un centro de emprendimiento y de que un proyecto de emprendimiento social no era precisamente el más rentable.

Hoy Buena Nota apoya 17 proyectos en Colombia y cuenta con un equipo de trabajo que está conformado por una directora ejecutiva y 23 voluntarios, en una mecánica de funciones donde nadie es el superior de nadie, explica Aristizábal.

Hasta ahora la organización se había mantenido como un grupo que trabajaba por una causa común, de manera bastante anónima. La selección de Juan David Aristizábal como ‘fellow’ de Ashoka, los sacó por primera vez, de esa especie de clandestinidad.

El sueño

Lo que quiere esta organización “es enseñar a Colombia a soñar en grande”, dice su gestor. Esto quiere decir, en la práctica, ayudar a través de sus asesores, los proyectos de emprendimiento social de 3,5 millones de personas.

No creen estar muy lejos de alcanzar la meta, porque están seguros que con el reconocimiento internacional que les ofrece Ashoka, lograrán atraer nuevas ayudas internacionales al proyecto, “un gran paso en el tema de emprendimiento social”, añade Aristizábal.

En un escenario ideal, Buena Nota necesitaría aproximadamente $80 millones por año para pagar las personas que trabajan ahí. Hoy sus ingresos están muy lejos de esa cifra. El dinero que reciben por donaciones, asesorías y capacitaciones lo usan para los gastos de apoyo de los proyectos y para mantener la plataforma web. Nadie recibe remuneración por su trabajo. Quizás en el futuro haya dinero para algunos de los colaboradores.

Por ahora más que felicidad y orgullo con el reconocimiento, Juan David Aristizábal asegura que siente una gran responsabilidad. Piensa que no quiere dejar de trabajar con los agentes de cambio en cualquier lugar de Colombia ni dejar de ayudar, ahora que la organización toma más fuerza, con el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Al final, “en la vida no hay mayor satisfacción que ayudar a alguien”, concluye.

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