| 8/11/2009 12:00:00 AM

40 años después, Woodstock sigue fascinando

Cuarenta años después de que el guitarrista folk estadounidense Richie Havens abriera el Festival de Woodstock ante un mar de personas, aún le siguen preguntando cómo fue esa experiencia. Y tal como ocurre en la película "Woodstock", también le siguen pidiendo que cante "Freedom".

Havens dice que no le sorprende.

"Todo en mi vida, al igual que con muchos otros, está vinculado con ese tren", afirmó.

Esos hippies jóvenes que vieron el amanecer con The Who en 1969 ahora son personas que disfrutan de los beneficios de la tercera edad. Muchas de las bandas que tocaron en el festival están desintegradas o han muerto algunos de sus miembros.

Woodstock, sin embargo, sigue siendo uno de esos hechos _ como la llegada del hombre a la Luna un mes antes _ que sigue definiendo la década de 1960 en la mente popular.

Como muestra de la fascinación con Woodstock existe una abundante cosecha de productos nostálgicos relacionados con el 40° aniversario del festival: una nueva edición en DVD de la película del concierto, un CD remasterizado, la comedia de rock 'n' roll "Taking Woodstock" del director chino Ang Lee y las memorias del promotor Michael Lang.

También están previstas actuaciones de veteranos de Woodstock en el mismo sitio donde se realizó el evento original, que ahora hospeda un museo de los años 60 y un pabellón de conciertos al aire libre.

La leyenda de Woodstock proviene de grandes nombres como Jimi Hendrix y Janis Joplin, quienes tocaron en un espectáculo donde todo salió mal pero terminó bien.

La alcaldía de Woodstock no quería el concierto y a último momento botó a los promotores. Lang finalmente consiguió hacer el concierto en un campo de heno en Bethel, propiedad de un granjero productor de leche llamado Max Yasgur.

El festival se hizo del 15 al 18 de agosto de 1969, pero por poco no se realiza. Los cercos fueron derribados y los boletos se volvieron inservibles. Más de 400.000 personas convergieron en esta zona rural a casi 130 kilómetros (80 millas) al noroeste de la ciudad de Nueva York, bloqueando el tránsito en tramos de varios kilómetros.

Luego vinieron las lluvias, que lo empaparon todo.

Tenía todos los ingredientes para un desastre, pero la teleaudiencia estadounidense que sintonizó los noticiarios vespertinos ese fin de semana vio a jóvenes sonriendo y bailando en el lodo. Cuando la película del concierto salió meses después, Woodstock era un símbolo del lado feliz y hippy del espíritu de esa década.

Y lo sigue siendo.

Los llamados "Baby boomers" (estadounidenses nacidos después de la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de los 60) son la "Generación de Woodstock", no la "Generación de Monterrey" ni la "Generación de Altamont", como pudieran haberse llamado gracias a otros conciertos en esas dos poblaciones.

El museo que ahora se erige en Bethel ha registrado más de 70.000 visitantes desde hace un año, gran parte de ellos estudiantes universitarios que nacieron mucho después de Woodstock. Un monumento al borde de la carretera es visitado regularmente por personas de todo el planeta.

"Es casi una peregrinación", dijo Wade Lawrence, director del Museo en Bethel Woods. "Es como ir a una reunión de compañeros de la escuela secundaria o visitar el sitio donde está enterrado un ser amado".

Desde Lollapalooza hasta All Points West, han existido muchos grandes festivales enfocados en la cultura juvenil.

Los conciertos transcontinentales Live Aid de 1985 hicieron eso y más, al reclutar artistas de renombre como U2 y Madonna en la lucha contra el hambre en Africa, pero ningún concierto posterior tuvo el sello cultural de Woodstock. Quién le preguntaría a un miembro de la Generación X (de los nacidos en el decenio de 1970): "¿Estuviste realmente en Live Aid?"

La gente que asistió a Woodstock afirma que la multitud lo diferenció tanto como la música.

La anarquía de Woodstock se ha vuelto leyenda: mucha gente desnuda, relaciones sexuales fortuitas, bailes entre la suciedad y consumo abierto de drogas. El anunciador en el escenario advirtió célebremente a los asistentes que se abstuvieran de consumir la droga psicodélica LSD.

Muchos de los asistentes recuerdan Woodstock como un oasis de "buena vibra" en una época de intranquilidad por la Guerra de Vietnam. Ilene Marder, entonces una joven de 18 años que viajó desde el condado neoyorquino del Bronx, recuerda que la gente se alimentaba una a la otra y se respetaba. Supo que había encontrado su tribu.

"La música era buena, pero lo importante era estar con tantas personas como uno, que se parecían a mí", dijo Marder, quien después se mudó a unos 80 kilómetros (50 millas) de Woodstock.

"Recuerdo que me decía, '¡No olvides esto! ¡No olvides cómo te sientes ahora mismo!'", relató.

Jerry García, el fallecido guitarrista de la banda Grateful Dead, dijo alguna vez que mientras tocaba en el concierto chocaban contra su guitarra unas pelotas azules de electricidad, provenientes de la mala instalación eléctrica, no por influencia de drogas psicodélicas..

El ex tecladista de la misma banda Tom Constanten cree que la música y el espíritu de Woodstock no fueron una revelación para las personas que estuvieron allí, sino para los millones que vieron la película y escucharon el álbum. Woodstock fue algo viral.

Desde entonces, Woodstock ha sido resucitado un par de veces, o por lo menos su nombre.

En 1994 se organizó un concierto por el 25° aniversario cerca de Woodstock que fue todo un éxito musical, pero otro espectáculo por el 30° aniversario en una antigua base de la fuerza aérea en Rome, Nueva York, terminó en desastre luego que las multitudes encendieran hogueras y cometieron saqueos la última noche. El calor tenaz y las botellas de agua a cuatro dólares cada una apagaron cualquier vestigio del espíritu de Woodstock.

La vieja granja de Yasgur, entretanto, ya no es el sitio desordenado que fue hace 40 años. El multimillonario de la televisión de cable Alan Gerry adquirió la propiedad discretamente en los 90 y creó una fundación no lucrativa para administrar un museo y un foro de conciertos.

La colina suavemente inclinada que sirvió de anfiteatro natural en 1969 luce bien cuidada y cercada. Ahora se realizan conciertos regularmente en la colina del escenario original, pero en un moderno anfiteatro con 4.800 butacas.

Constanten y Havens son algunos de los protagonistas de 1969 que regresarán a Woodstock el fin de semana para celebrar el 40° aniversario.

Havens ofrecerá un espectáculo como solista el viernes, un día antes de un concierto más grande que incluirá a otros veteranos de Woodstock como Levon Helm, otrora miembro de The Band, Ten Years After y Canned Heat. Aunque hace mucho que se separó de Grateful Dead, Constanten dijo que ese fin de semana tocará las canciones de la banda.

No se prevén choques eléctricos por malas instalaciones bajo el pabellón de varios millones de dólares y probablemente tampoco haya una magia capaz de definir a una generación.

"Antes fue antes", dijo Constanten. "Ahora es ahora".

AP

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