| 8/14/2013 9:12:00 AM

Ruta Ártica como futura alternativa

Un carguero chino, el "Yongsheng", partió el 8 de agosto del puerto local de Dalian con dirección a Rotterdam, en un viaje que China, gran potencia del tráfico de mercancías, intenta por primera vez a través del Ártico, ruta que debido al cambio climático podría convertirse en habitual a mediados de siglo.

El barco, de 19.000 toneladas y perteneciente a la naviera COSCO (sexta mayor mundial), espera llegar al puerto holandés en unos 35 días, en lugar de los 48 que requiere la ruta habitual, que enlaza Oriente y Occidente a través del océano Índico y el mar Mediterráneo con paso obligado por el canal de Suez.

Los expertos ven cada vez más inminente el momento en el que el calentamiento global permita que la ruta ártica esté totalmente abierta en verano sin ayuda de los rompehielos nucleares rusos, por lo que China, país que tiene seis de los diez puertos con mayor tráfico del mundo, es uno de los más interesados en explorarla.

La segunda economía mundial espera ahorrar con ella, en un futuro, costes de combustible, escalas y las tasas de paso del canal de Suez, así como obtener mayor seguridad que la de una ruta que en los últimos años ha visto el resurgir de la piratería (concretamente la somalí, en el golfo de Adén).

Las rutas del norte (tanto por el Ártico europeo como por el americano), ya muy habituales en aviación por sus menores distancias, han sido buscadas por marinos de Occidente desde hace siglos, comenzando por Francis Drake en el siglo XVII o James Cook en la siguiente centuria.

Exploradores españoles como Dionisio Alcalá Galiano, Francisco de Eliza o Juan Francisco de la Bodega y Quadra buscaron rutas árticas a través del estrecho de Bering a finales del XVIII, aunque el primero en llegar desde Europa hasta Extremo Oriente por aguas polares fue el sueco Adolf Erik Nordenskiold, en 1879.

China es uno de los países que se han mostrado más interesados en los últimos años en el paso del Ártico, por el que Rusia también ha apostado fuerte en los últimos años, ya que Moscú planea la construcción de varios puertos en su larga costa septentrional.

El primer ministro chino, Li Keqiang, ya aseguró en 2011 -cuando ocupaba el cargo de viceprimer ministro- que China debe "ir en la vanguardia de la exploración polar y oceánica", y el país presionó para lograr ser este año observador permanente del Consejo Ártico.

La organización fue fundada en 1996 para fomentar la cooperación en una zona con creciente potencial económico, no sólo por la nueva ruta marítima, sino por los recursos energéticos sin explorar que hay bajo sus aguas (se calcula que allí se almacena el 25 por ciento de las reservas mundiales de gas y petróleo).

Pese a las reticencias en años pasados para que China y otras naciones emergentes entraran como observadoras en el Consejo (formado por EEUU, Canadá, Rusia, Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca e Islandia), el país asiático logró en mayo un estatus que tiene también España, y que no ha logrado todavía la UE como bloque.

"Hay una evidente concienciación de políticos e investigadores chinos sobre las consideraciones estratégicas, políticas y económicas del deshielo del Ártico", señalaba la científica del Instituto de Investigación por la Paz de Estocolmo, Linda Jakobson, quien elaboró en 2011 un estudio sobre las consecuencias del efecto invernadero en el Polo Norte.

En los últimos años, China no ha ocultado un acercamiento a los países nórdicos, especialmente Islandia, con la que firmó este año el primer tratado de libre comercio del gigante asiático con un país europeo.

O a Dinamarca y Finlandia, países que han recibido frecuentes visitas de los máximos dirigentes chinos, interesados, por ejemplo, en invertir en los ricos e inexplorados recursos mineros de Groenlandia (su eventual independencia podría beneficiar a Pekín, ya que el Gobierno danés limita esa entrada de inversiones).

Un tanto en el "olvido" ha quedado Noruega, cuyas relaciones con China siguen todavía enrarecidas por el Premio Nobel concedido en 2010 al disidente encarcelado chino Liu Xiaobo, algo que Pekín consideró responsabilidad del Gobierno de Oslo, pese a que la Fundación Nobel sea no gubernamental.

Con el deshielo de la ruta ártica, trayectos habituales como el Shanghái-Hamburgo podrían reducirse en 6.000 kilómetros frente a los habituales, y los costes se abaratarían un 15 por cien, según datos de la compañía gasística rusa Novotek.

Pese al actual viaje del carguero "Yongsheng", los observadores piensan que la ruta ártica todavía no será una fuerte competencia a la que pasa por Suez (usada cada año por 17.000 buques), aunque los expertos cada año van adelantando la fecha en la que creen que lo será.

Hace tres temporadas decían que por 2060, y ahora algunos lo adelantan incluso a 2030.

EFE/D.com

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