| 11/18/2011 12:30:00 PM

Palmas colombianas con gran potencial económico según UN

Los investigadores encontraron en su trabajo que, en un país en donde las principales locomotoras (minería, ganadería, extracción petrolera) deforestan y degradan la tierra, las palmas son un recurso que hace lo contrario: conservan la fauna, la flora y los nutrientes del suelo.

Un estudio de 30 años, desarrollado por docentes de la UN, evidencia las potencialidades favorables de las palmas nacionales para el desarrollo económico y sostenible del país.

En el 2006 Colombia importó 1.121 toneladas de aceite de oliva, por cerca de US$5 millones. Ese gasto se habría evitado sacándole mayor provecho a una palma colombiana conocida como milpesos o seje (Oenocarpus bataua), de la que se extrae una sustancia similar, con alto contenido proteico.
 
Este es uno de los hallazgos presentados por los profesores Gloria Galeano y Rodrigo Bernal, quienes en Palmas de Colombia - Guía de Campo, un libro de 688 páginas, especifican los datos morfológicos, distribución geográfica y ecológica, nombres comunes, científicos e indígenas, así como los usos de las especies nativas del país.

Privilegiados en diversidad

Con 231 especies y 44 géneros, Colombia es el segundo país con mayor diversidad en el mundo, después de Brasil. El tercero es Malasia. Se distribuyen por casi toda la geografía nacional, lo que es sinónimo de abundantes usos, pues provee al hombre de un gran número de servicios. Asimismo, son vitales para los ecosistemas y proporcionan alimento y albergue a la fauna silvestre.

Techos, paredes, hamacas, artesanías, morrales para cargar presas de cacería, atizadores de fuego, bebidas energéticas y marimbas en el Pacífico son fabricadas con la madera o los derivados de la palma, lo que hace posible la vida rural en muchas regiones. Por lo menos 142 especies silvestres tienen algún tipo de empleo, en especial para la construcción, la alimentación, la fabricación de utensilios y para fines medicinales, cosméticos y rituales.

Por ejemplo, la palma de vino (Attalea butyracea), ubicada en zonas secas del país, provee el mayor número de usos en el territorio: unos 36. Las hojas son el material de techado más importante en vastos sectores del río Guaviare. Alrededor de los municipios de Honda y Melgar se talan para obtener savia, la cual se fermenta y se vende como vino.

Del mesocarpo (la pulpa de los frutos) y las semillas se extrae una grasa que contiene cerca de 60% de aceite blanco semisólido, ideal para elaborar margarinas y cosméticos. No obstante, una de las cualidades más importantes es su potencial como fuente de azúcar y biocombustible, mediante la extracción de la savia que sale al cortar sus inflorescencias, opción que según los expertos es urgente explorar.

Así, los investigadores encontraron en su trabajo que, en un país en donde las principales locomotoras (minería, ganadería, extracción petrolera) deforestan y degradan la tierra, las palmas son un recurso que hace lo contrario: conservan la fauna, la flora y los nutrientes del suelo. Además, producen abundante biomasa que captura carbono y suministra alimento a aves y mamíferos.

“Queremos aportar a la difusión del conocimiento científico para apoyar la toma de decisiones sobre los recursos naturales, representados en este caso por el grupo de las palmas, las cuales constituyen un extraordinario potencial económico para el país”, indican los autores.

Esta es parte de la vasta información presentada en el libro, cuya mayor proyección es servir como herramienta para cerrar la brecha entre ciencia, comunidad, pobreza y desarrollo.

 

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