| 10/30/2005 12:00:00 AM

Nueve días de violencia en Paris sin solución a la vista

Con la amenaza de extenderse como pólvora por el resto de Francia, los disturbios en los barrios de la periferia parisina ayer, viernes, marcaron su novena jornada.

Con la amenaza de extenderse como pólvora por el resto de Francia, los disturbios en los barrios de la periferia parisina ayer, viernes, marcaron su novena jornada, y ya no tenían como escenario la noche, sino que se iniciaron a pleno día sin que se vislumbre hasta ahora una solución.

El saldó hasta el viernes era de 78 detenidos, cinco agentes heridos leves por el lanzamiento de piedras y botellas, y 569 vehículos quemados.

En la región de Ile-de-France, en la que se encuentra la capital, los jóvenes incendiaron al menos 500 vehículos en Aulnay-sous-Bois, Blanc-Mesnil, Bourget y Trappes, pese a que el Gobierno había ordenado el despliegue de 1.300 agentes en el departamento de Seine-Saint-Denis.

Por primera vez en la semana, el viernes los disturbios se extendieron fuera de la región de París. Jóvenes incendiaron automóviles en Dijon, Rouen y la zona de Bouches-du-Rhone, cuya ciudad principal es Marsella. En Seine-Saint-Denis, se produjeron "disparos con pistolas de perdigones" sin que se produjeran heridos, añadió la Prefectura.

Por su parte, la compañía ferroviaria nacional de Francia (SNCF por sus siglas en frances), ha puesto en marcha un dispositivo de seguridad en los trenes RER (cercanías) que circulen por los sectores "de riesgo" ya que dos convoyes recibieron pedradas ayer. Así, los conductores irán acompañados por un equipo de vigilancia general de la SNCF, con agentes que realizarán rondas por los trenes para evitar agresiones.

Esta ola de violencia nació en Clichy-sous-bois, otra localidad del departamento, tras la muerte accidental de dos jóvenes cuando se creían perseguidos por la Policía. El abandono de estos barrios, el paro, la marginación y la delincuencia, explotaron en forma de enfrentamientos contra la Policía y de vandalismo.

Muchos de los habitantes de estos barrios son musulmanes de origen norafricano que protestan contra los prejuicios raciales que dicen que los condenan a un estatus de segunda clase. Los altos índices de desempleo, la carencia de centros educacionales sumados a difíciles condiciones económicas, salen a la palestra pública en unos de los pesos pesados de la Unión Europea.

El ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, afirmó anoche que el problema tardará tiempo en resolverse. "Soy consciente de que la resolución de estos problemas, que llevan latentes 30 años, llevará tiempo", dijo.

Sarkozy, acusado por sus oponentes de encender pasiones con sus ataques sobre la "escoria" que está detrás de la violencia, dijo que 143 personas fueron detenidas la semana pasada por los hechos de violencia.

Problemas de Gobierno

El jueves por la noche, las autoridades locales se quejaron en voz alta por los titubeos y las idas y venidas de los líderes nacionales después de que el primer ministro, Dominique de Villepin, les informara sobre "el plan de acción para los suburbios" que pretende presentar este mes.

"Muchos de nosotros le dijimos que no es el momento para el enésimo plan," dijo Jean-Christophe Lagarde, alcalde de Drancy, en la región afectada por los disturbios. "Un muerto y creo que esto se descontrolará," agregó.

Manuel Valls, alcalde de Evry, al sur de la capital, dijo: "Tememos que lo que sucede en Seine Saint Denis se extienda. Tenemos que dar a estas personas un mensaje de esperanza."

La política de Sarkozy es criticada por el opositor Partido Socialista, que lo acusó de jugar a los vaqueros en lugar de prevenir y dar solución a los problemas de educación, vivienda y trabajo en los barrios pobres y con alto índice de desempleo.

También fue cuestionado en el seno del gobierno cuando el ministro delegado de Promoción de Igualdad de Oportunidades Azouz Begag calificó sus discursos de semántica guerrera y le sugirió que escogiera sus palabras cuando se refiera a las zonas pobres.

Pero también recibió el cuestionamiento de las autoridades locales de los barrios periféricos, quienes advirtieron sobre las consecuencias del aumento de la represión.

Hasta el momento, el ministro de Interior se ha convertido en la figura más criticada del gobierno por su política represiva, lo cual parece conspirar contra sus aspiraciones de presentarse como candidato a la presidencia en el 2007.

Sin embargo, algunos medios de prensa parisinos consideran que en realidad Sarkozy, cuyos padres son de origen húngaro, preconiza una política electoral para ganarse adeptos entre los nacionalistas.

Zonas oscuras al margen de la ley

El problema de las ciudades dormitorio de la periferia parisiense, así como de las otras grandes ciudades francesas no es nuevo. La polémica sobre la penetración del islamismo radical y la presencia de bandas de delincuentes que controlan la prostitución y el tráfico de drogas esconden otros problemas más profundos que raramente salen a la luz: la poligamia, la ablación de clítoris, los matrimonios forzados...que son producto evidente de la discriminacion y el racismo, pues el estado y la sociedad local los ha abandonado en manos de la mafias mas extremistas y fanaticas, según líderes locales.

Las periferias esconden zonas oscuras a las que no llega la sociedad bien pensante, ni los derechos humanos, ni siquiera los principios básicos de la ley, como lo reconoció el jueves pasado el primer ministro, Dominique de Villepin, ante la Asamblea Nacional francesa.

Las posibles soluciones las aplican sólo las autoridades locales que, por lo general, carecen de medios.

"Los más débiles son las principales víctimas de la violencia", dijo Villepin. "Los niños no se atreven a salir de casa, las madres no pueden ir a trabajar y los comerciantes son agredidos", añadió el primer ministro.

Marchas previas

Hace un mes exacto, el pasado 5 de octubre, 150 manifestaciones movilizaron en Francia a un millón de personas contra la política salarial del gobierno, los despidos en grandes empresas y la pérdida de poder adquisitivo. Convergieron empleados públicos y privados.

El movimiento social convocado por el conjunto de los sindicatos y cuatro partidos de izquierda -el Socialista, el Comunista, los Verdes y la Liga Comunista Revolucionaria- sacó a las calles a más de un millón de personas en todo el país.

Contrariamente a otros años, la población perjudicada por los paros no rezongó por los atrasos y enredos provocados por la falta de transporte. Había en París un clima jovial de solidaridad con los sectores movilizados. En vez de la típica exclamación parisina "¡Merde!", la gente clamaba "Bravo, tienen razón", destacaban cables internacionales.

A las marchas callejeras estuvieron pobladas de empleados del sector público se sumaron muchísimos empleados del sector privado.
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