| 6/11/2007 12:00:00 AM

Nueva York es escenario de una puja propietario vs. inquilino

El incentivo de desenmascarar a un inquilino tramposo, dijo, puede ser poderoso: un departamento vacante significa que el propietario puede aumentar automáticamente el alquiler al menos en un 20%.

NUEVA YORK _ Las tensiones entre arrendadores y arrendatarios se exacerban cuando hay mucho dinero en juego, sobre todo cuando los primeros pretenden cobrar más de lo que los segundos están dispuestos a pagar.

Los residentes de uno de los últimos bastiones de la clase media en Manhattan, en el corazón de la ciudad de Nueva York, dicen que el nuevo propietario está usando tácticas orwellianas en un intento por desplazarlos y elevar los precios de los alquileres.

El propietario replica que sólo trata de deshacerse de los inquilinos que se abusan de las reglas de los alquileres estabilizados, o sea, de aquellos cuyo tope está limitado legalmente.

La fricción entre las dos partes se está agudizando en uno de los conglomerados urbanos más grandes del país, los complejos gemelos Stuyvesant Town y Peter Cooper Village.

Los inquilinos suficientemente afortunados como para tener en alquiler uno de los departamentos de renta estabilizada pagan una fracción de los precios del mercado. Ese ahorro les permite llevar un estilo de vida prohibitivo para muchos neoyorquinos de clase media.

Los propietarios sólo tienen un medio para aumentar legalmente la renta más que el escaso porcentaje que pueden imponer anualmente: persuadir al inquilino que se vaya, o demostrar que vive en otro sitio. Los inquilinos del complejo citado dicen que la firma de bienes raíces Tishman Speyer Properties, que lo compró el año pasado por 5.400 millones de dólares, libra una campaña para lograr ambas cosas.

Durante los últimos meses, cientos de inquilinos dijeron haber recibido avisos de no renovación de sus contratos por sospechas de que residen en otro domicilio durante por lo menos 183 días al año.

Los cargos se basan en evidencias al parecer recopiladas por detectives privados, registros públicos, escrituras de propiedad y bancos de datos de solicitudes de crédito. Los inquilinos se asombraron por lo minucioso de la información.

"¡Es como si nos estuvieran espiando!", se quejó Jeanette Besosa, que trabaja en las Naciones Unidas.

Besosa fue acusada de mantener residencias en la Florida, Pensilvania y el barrio Washington Heights en la misma Manhattan. La inquilina está recopilando una gruesa carpeta de registros para demostrar que la casa de Pensilvania es de fin de semana, la de Washington Heights una propiedad como inversión, y que el domicilio de la Florida es el departamento que alquila su hijo universitario.

Suzanne Ryan dijo que la compañía le ordenó a su familia a salir de su departamento de Peter Cooper Village después que descubrió que ella y su marido eran propietarios de una casa junto al mar en Long Island.

"Es una cabaña. La arreglamos nosotros mismos", dijo Ryan. Pero la familia la usó ocasionalmente como casa veraniega, agregó, y su residencia está en la ciudad donde sus dos hijos asisten a una escuela católica.

El concejal Daniel Garodnick, que vive en el complejo, dijo que los residentes han organizado una serie de seminarios sobre los derechos legales de los inquilinos.

"Son cartas intimidatorias", dijo sobre los avisos del propietario. "Creo que hay muchos inquilinos legales y legítimos que son víctimas de esta persecución".

Tishman Speyer no quiso comentar sobre casos específicos, pero dijo en una declaración escrita que es normal que los propietarios en la ciudad tomen contacto con inquilinos sospechosos de aprovecharse ilegalmente de un alquiler controlado.

"Si los residentes creen que un aviso ha sido enviado por error, existe un proceso para manejar cada caso individualmente", dijo la declaración. "Sólo enviamos avisos cuando creemos que hay motivo fundamentado".

Algunos inquilinos dicen que les dieron una oportunidad de presentar declaraciones impositivas, registros de votantes y facturas de tarjetas de crédito para demostrar su residencia. Otros deberán presentarse ante un tribunal, posiblemente solventando el gasto de un abogado.

Los expertos en bienes raíces dicen que no debería condenarse a Tishman Speyer.

El abuso de los alquileres estabilizados es frecuente en Nueva York. Algunos inquilinos se van de su departamento y lo subalquilan con una jugosa ganancia. Otros se aferran durante años a departamentos que ya no necesitan, utilizándolos como albergues de fin de semana o cediéndolos a amigos.

Algunos detectives privados se han dedicado a vigilar inquilinos y a revisar registros públicos para demostrar que no viven en los departamentos que arriendan.

Algunos propietarios han llegado a instalar cámaras ocultas en los pasillos para demostrar que un inquilino se ha mudado, dijo Mitch Kossoff, un abogado que representa a propietarios. El incentivo de desenmascarar a un inquilino tramposo, dijo, puede ser poderoso: un departamento vacante significa que el propietario puede aumentar automáticamente el alquiler al menos en un 20%.

Y todo departamento donde el alquiler legal sobrepase los 2.000 dólares puede ser retirado para siempre de los alquileres controlados, un cambio que vale cientos de miles de dólares para el propietario.

Muchos inquilinos creen que ése es el objetivo definitivo de Tishman Speyer.

"Deben de haber comprado este lugar por demasiado dinero, y ahora tratan de echar a todos y aumentar los alquileres", dijo el marido de Besoba, Rafael Rodríguez. "¿Pero por qué nos íbamos a rendir? Tenemos que armar un escándalo".

 

AP

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