| 12/1/2005 12:00:00 AM

Nueva ministra de Economía argentina enfrenta serios desafíos

Por primera vez en muchas décadas, las cuentas fiscales arrojan superávit, con una recaudación impositiva sin antecedentes. Lavagna lo impulsó y seguramente su sucesora continuará en esa línea.

Felisa Miceli, quien asumirá el jueves la cartera de Economía, tendrá no solamente que reemplazar a Roberto Lavagna, hasta ahora el miembro más importante y prestigioso del gobierno argentino, sino también encarar una serie de serios problemas, entre los que sobresale la amenaza de un rebrote inflacionario.

Licenciada en economía en la Universidad de Buenos Aires, la nueva ministra nació hace 51 años en Carlos Casares, un municipio rural de la provincia de Buenos Aires. Está casada con Ricardo Velasco y es madre de tres hijos.

En la Facultad de Ciencias Económicas, donde obtuvo su título, fue alumna de Lavagna, quien luego la empleó en su Fundación Ecolatina, dedicada a estudios de economía.

Fue sucesivamente miembro de los directorios del Banco de la Provincia de Buenos Aires y del Banco Central, hasta que Lavagna, ya ministro, la designó en 2003 presidenta del Banco de la Nación Argentina, la primera mujer en ocupar semejante función en la principal entidad bancaria del país.

Algunos desafíos que aguardan a la nueva ministra:

Inflación. La fuerte reactivación de la economía argentina en estos últimos tres años y el correspondiente aumento de la demanda han hecho reflotar el temido fantasma de la inflación, un flagelo que la Argentina padeció hasta que fue drásticamente controlado a principios de la pasada década.

La previsión inflacionaria para este año, del 10%, ha quedado superada. Lavagna estimó que alcanza ahora al 11%, cuando falta todavía diciembre, un mes en que las fiestas de fin de año hacen normalmente subir los precios. Las perspectivas para 2006 no son tranquilizadoras.

El dilema de Miceli es cómo enfrentar la inflación sin recurrir al método ortodoxo de "enfriar" la economía, reiteradamente repudiado por Kirchner y por la nueva ministra. Se descarta totalmente el camino de subir las tasas de interés y seguramente el gobierno recurrirá al recurso de procurar acuerdos sectoriales de precios, un camino que hasta ahora no resultó eficaz.

Tipo de cambio. Miceli comparte el criterio de Lavagna, apoyado por Kirchner, de procurar mantener alta la cotización del dólar, a fin de otorgar competitividad a las exportaciones argentinas, desalentar las importaciones y favorecer la actividad productiva nacional. En meses recientes el Banco Central debió comprar dólares para que su cotización no se derrumbara. El precio ideal, para el gobierno, es que la cotización oscile en los tres pesos por dólar.

Créditos y tasas de interés "blandos". Desde el Banco Nación, Miceli aplicó una política de otorgamiento de créditos a tasas rebajadas para las pequeñas y medianas empresas y para los pequeños productores rurales.

Inversiones. Una prioridad para el gobierno es aumentar las inversiones, el camino considerado más adecuado para frenar la inflación. Para ello el gobierno debería renegociar contratos con unas 40 empresas privatizadas la pasada década, muchas de ellas ahora de capital extranjero.

Negociaciones con el FMI. Miceli deberá proseguir las empantanadas negociaciones con el Fondo Monetario para reprogramar la deuda pública argentina, siguiendo la línea de Lavagna, quien había rechazado algunas exigencias de ese organismo

Durante el gobierno de Kirchner, instalado en 2003, las reservas del Banco Central han crecido sostenidamente y ahora llegan a unos 26.500 millones de dólares. El mantenimiento de altas reservas es una prioridad gubernamental.

Superávit fiscal. Por primera vez en muchas décadas, las cuentas fiscales arrojan superávit, con una recaudación impositiva sin antecedentes. Lavagna lo impulsó y seguramente su sucesora continuará en esa línea.

FUENTE: AP
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