| 3/12/2009 12:00:00 AM

Muchos se ganan la vida reparando casas embargadas en EE.UU.

PORTLAND, Oregón, EE.UU.  — Federico Caprotta se mete en casas, saca los contenidos y repara los inmuebles para su venta.

Le maravilla que casi nunca los vecinos llamen a la policía. Pero lo que hace Caprotta — a nombre de bancos — es perfectamente legal.

Caprotta es un antiguo agente de bienes raíces que abandonó la venta de propiedades cuando el mercado y las ganancias se desplomaron. Durante nueve meses, siete días a la semana, ha supervisado operaciones en lo que se conoce ahora como preservación de propiedades.

El negocio es bueno en esa industria, en momentos en que millones de viviendas ven ejecutadas sus hipotecas. Una de las principales empresas en el sector, Safeguard Properties, trabaja en aproximadamente un millón de inmuebles al mes, revisándolos, reparándolos, podando los céspedes y limpiando para que los agentes de bienes raíces puedan mostrarlos. Las ventas de la compañía, que no fueron reveladas, han subido más de 30% en un año.

Caprotta, un inmigrante argentino de 50 años, invirtió US$70.000 dólares con un socio para crear Global Property Preservation en Portland. Pensó que podía ser algo lucrativo, pero los camiones sufren averías, los pagos llegan tarde, y a veces no llegan. Los costos suben. Pese a todos sus esfuerzos, no está ganando dinero.

Aún así, Caprotta se siente feliz de mostrar compasión por las personas que están perdiendo sus casas. Después de todo, él está perdiendo la suya.

"Mi propiedad, que yo compré y remodelé, va a ser subastada ... a causa de la ejecución de la hipoteca", dice Caprotta. "Yo podría deprimirme y ponerme a llorar. Pero tenga o no tenga propiedad, tenga o no tenga dinero, sigo siendo yo".

Las ejecuciones de hipotecas han alcanzado proporciones epidémicas en Estados Unidos. Representaron 45% de todas las transacciones de bienes raíces residenciales durante el cuarto trimestre del 2008, dijo la Asociación Nacional de Agencias de Bienes Raíces.

Florida y el sur de California fueron los lugares más afectados. Pero en enero, Oregon tenía la quinta mayor tasa de ejecuciones de hipotecas en el país.

Cuando las agencias prestamistas embargan las viviendas, la gente sufre, ya sea porque estaban viviendo por encima de sus ingresos, perdieron el empleo u otra calamidad.

Los contratistas de preservación de propiedades defienden su trabajo. Dicen que en lugar de aprovecharse de las malas fortunas, ellos reparan propiedades y preservan el valor de las viviendas contiguas.

Los bancos — o más precisamente, los intermediarios — pagan desde US$1.200 a US$1.600 dólares por cada trabajo, pero la sumas varían dependiendo de las condiciones de una casa.

Windol Cador, de Duke Development, en Portland, una vez trabajó en construcción, pero se dedicó a la preservación de propiedades hace siete años. Su empresa tiene 10 trabajadores en dos equipos.

A veces se pasan cinco días trabajando en una casa.

"Nosotros queremos que los vecinos estén contentos", dice Cador.

Los equipos de Cador apartan objetos de valor dejados por dueños previos. "Uno encuentra cosas buenas", dice. "Recientemente encontramos una imprenta en un garaje. Un tipo había dejado su colección de libros de historietas".

Algunos en el negocio dicen que ganan buen dinero.

Frank Patrick comenzó hace cinco años a ofrecer servicios para propiedades embargadas por agencias de bienes raíces (REO por sus siglas en inglés). Patrick fundó REO ResQ en Kansas City, Missouri, y ahora la compañía es una franquicia con oficinas en 36 estados.

Patrick, de 41 años, se mudó a Phoenix cuando vio el explosivo crecimiento en las ejecuciones de hipotecas en Arizona, dejando a su hermano Scott a cargo de las cosas en Missouri.

"Si yo tuviese otro hermano", dice Patrick, "le enviaría a California y Florida".

REO ResQ ha entrenado a más de 100 contratistas en todo el país.

"La paga promedio por un trabajo de preservación es de US$1.350 dólares, y va a haber un millón de ellos este año", dijo Patrick.

Él espera que la acumulación de ejecuciones de hipotecas dejada por moratorias y lentas fusiones bancarias llegue al mercado este verano.

Patrick encabeza la Asociación Estadounidense de Especialistas de REO, que ha crecido a 700 miembros desde su creación en junio. Explica que la industria está demasiado fracturada para estimar las ganancias totales. Espera que el negocio se mantenga firme en los próximos cinco o seis años, mientras que las hipotecas de alto riesgo, hipotecas de interés ajustable y el creciente desempleo desatan nuevas olas de ejecuciones de hipotecas.

Muchos de los que llegan a viviendas con hipotecas ejecutada dicen que a veces es como entrar a un mundo paralelo.

Sara Goodwin, una especialista en valoraciones en el área de Portland, recuerda sus impresiones en una casa específica.

"Era como si los habitantes hubiesen sido secuestrados, en lugar de haberse ido", dice. "Yo entré a una casa completamente amueblada ... platos en el fregadero, fotos en las paredes, todo. Lo único que indicaba abandono era el mal olor del agua estancada".

A veces es el caso opuesto. A una casa le faltan montones de cosas. Paredes, barandas, mostradores y armarios están destrozados. La causa puede ser un dueño furioso o un contratista al que no se le pagó y decidió llevarse lo que instaló, dice Don McCredie, que se especializa en casas con hipotecas ejecutadas.

Caprotta ve también casas destrozadas en el interior, junto con otras en perfectas condiciones. A veces encuentra pulgas, basura y mascotas momificadas, abandonadas por sus dueños.

"Es realmente repugnante como vive alguna gente", dice.

Caprotta, que se mudó a California desde Argentina cuando era joven, ha trabajado en plataformas petroleras canadienses, se fue en aventón dos veces a Alaska y una vez en motocicleta en medio del invierno.

Sirvió en el ejército argentino durante la guerra de las Malvinas. Ahora le habla en español a sus trabajadores y en inglés a sus clientes.

Dice que su socio renunció. Los trabajadores a veces no hacen una buena labor. Los agentes de los bancos buscan formas de no pagar. Los ocupantes de casas le gritan.

"Me da pena con ellos", dice.

Caprotta opina que ni el gobierno ni billones de dólares van a resolver la situación. En lugar de ello, dice, va a requerir "un cambio en la conciencia ... que pongamos la esperanzas y la seguridad de todos por encima del individuo".

 

 

(AP)

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