| 8/15/2006 12:00:00 AM

Los horticultores de Estados Unidos necesitan hispanos

En el estado de Washington las frutas se pudren porque no hay quien las recoja. Lo estadounidenses no quiere realizar trabajar agrícolas.

Washington
 
 
Un tercio de las 63 hectáreas de fresas de Jerry Dobbins se pudrió este año sin recoger. Sus matas de arándano están tan cargadas de frutos que las ramas se inclinan casi hasta el piso. No hay nadie que las recoja.

La granja de Dobbins Berry en el sudoeste del estado de Washington, cerca del río Columbia, es una de varias en el estado que encaran una aguda escasez de mano de obra en esta temporada debido a que las medidas de seguridad más estrictas en la frontera con México han disminuido el número de jornaleros agrícolas hispanos.

La época de la recolección de las fresas, una de las frutas más difíciles de recoger debido a su proximidad con el suelo, ya ha pasado en la granja de Dobbins, la mayor de su tipo en la zona. Ahora Dobbins se preocupa de que sus otros cultivos sufran una suerte parecida.

"No pagaremos ninguna de las cuentas con nuestro cultivo de fresas este año", se lamentó Dobbins.

Su problema no es único.

La producción en la firma Bell Buoy Crab Co. en Chinook ha caído un 50% desde las redadas que hizo en abril el servicio policial de inmigración y aduanas, según la Oficina Agrícola del Estado de Washington. Los horticultores en todo el estado temen la escasez de mano de obra, dijo Dean Boyer, vocero de la Oficina Agrícola.

"Este es un problema acumulativo. A medida que se acercan varias cosechas, los agricultores van a sentir los efectos", comentó Boyer.

Para Dobbins, las temperaturas extremas de fines de junio empeoraron la situación. Las fresas maduraron antes de tiempo. Un acre 1 (0,4 hectárea) suele requerir dos trabajadores, pero en esta temporada Dobbins necesitaba tres para la misma superficie. Sólo consiguió uno por acre.

La fuerza laboral en la granja es casi totalmente de trabajadores inmigrantes hispanos, y Dobbins conjetura que muchos de sus jornaleros habituales no vinieron este año debido a que el cruce ilegal de la frontera se ha tornado demasiado peligroso y demasiado caro.

"Me parece que deberían tener algún programa de trabajadores temporales en marcha antes de poner presión en la frontera. Tendría más sentido para los agricultores. Debe haber una mejor solución que lo que están haciendo", comentó.

Su vecino, el agricultor George Thoeny, enfrenta la misma escasez de mano de obra. Los inmigrantes son una necesidad, afirma, debido a que los estadounidenses no quieren ejercer labores agrícolas.

"Personalmente puedo decirles que aunque necesito 300 trabajadores diarios, no he visto un solo caucásico que viniera a buscar trabajo. No puedo hacer esto sin los hispanos", enfatizó.

"Hace quince años teníamos un flujo regular de jóvenes que venían a buscar empleo. Este año no hemos tenido una sola persona caucásica", agregó Dobbins.

La recolección de fresas y arándanos es necesaria debido a que la competencia extranjera mantiene bajos los precios. Tanto Dobbins como Thoeny poseen máquinas que pueden recoger frambuesas y arándanos, pero son demasiado caras e ineficientes, señaló el primero.

La recolección mecánica le cuesta unos 85 centavos la libra (450 gramos), mientras que la recolección a mano le cuesta 35 centavos.

"No se necesita ser un genio para ver que esto va a ser un desastre", se lamentó.

La recolección mecánica también desprende de las ramas las frutas todavía verdes, lo que significa más trabajo para los agricultores y un gran desperdicio. Al dañar los frutos frágiles, las máquinas reducen la calidad del producto.

Los agricultores se apresuran a defender a los hispanos que emplean. Dicen que los locutores de radio y televisión suelen caracterizar a los hispanos como narcotraficantes y delincuentes, o quejarse de que les roban empleos a los estadounidenses. Y eso les disgusta.

"Creo que la mayoría de esa gente que trabaja en los campos son de los más trabajadores que he visto en mi vida. No son distintos de la gente que vive aquí y que va a trabajar a Alaska en el verano", dijo Thoeny.

Bob Baker, un piloto de la aerolínea Mercer Island, opina lo contrario. Es el autor de la iniciativa estatal 946, que niega beneficios médicos, incluyendo cuidado prenatal, a los inmigrantes ilegales. No consiguió suficientes firmas como para ser incluida en la votación de noviembre.

"Seguimos oyendo este lema de que 'hacen los trabajos que no quieren hacer los estadounidenses'. No es cierto", dijo Baker. "He hablado con una madre en Yakima que quería que sus hijos consiguieran trabajos en agricultura y no pudieron".

Opinó que los empleadores contratan a inmigrantes ilegales para reducir costos y evitar pagar impuestos. Pero coincide en que se necesita un programa de trabajadores temporales.

"De esa manera el gobierno sabrá quién está aquí, los empleadores tendrán que pagar FICA (el impuesto) y beneficios a los trabajadores", dijo Baker.

Minerva Alparacio, de 28 años, empezó como trabajadora temporal en la granja de Dobbins hace seis años y ahora vive allí permanentemente, desde donde envía dinero a su familia en México.

"El único motivo por el que estoy aquí es para ayudar a mi familia", dijo.

Alparacio es una de las pocas recolectoras bilingües en la granja. Aprendió inglés con clases nocturnas en el Lower Columbia College.

Los trabajadores inmigrantes no les quitan empleos a los estadounidenses, aseguró.

"Nunca veo estadounidenses aquí recogiendo fresas. No es cierto... Estamos haciendo los trabajos que ellos no quieren hacer", insistió.

Alparicio también apoya un programa de trabajadores temporales.

Vicente de Jesús trabaja en la finca de Dobbins durante la cosecha y luego se va a su hogar en Oaxaca, México, los otros ocho meses del año. De Jesús dijo que viene a ganar dinero para mantener a sus cuatro hijos en su país. Hay poco trabajo en México y no pagan bien, dijo.

Pero el cruce de la frontera fue más difícil este año, admitió.

"Conozco a mucha gente, unos veinte, que intentaron pasar. Sólo dos lo consiguieron", especificó.

Para Dobbins y Thoeny, el futuro parece sombrío.

"Por lo general los agricultores pueden improvisar e idear un plan alternativo", afirmó Thoeny. "Lo deprimente es que no hay ningún plan alternativo".


FUENTE: AP
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