| 11/4/2008 12:00:00 AM

Latinoamérica difícilmente será prioridad del nuevo presidente

WASHINGTON_ Sea el próximo ocupante de la Casa Blanca el republicano John McCain o el demócrata Barack Obama, es poco probable que Latinoamérica figure entre sus prioridades en materia de política exterior.

La región ha estado ausente del debate electoral, tanto como un tema que interesa a los hispanos provenientes del sur del río Bravo: la reforma de inmigración.

En México, el presidente paraguayo Fernando Lugo consideró que una victoria de Obama "no será ninguna novedad", debido a que estuvo en los primeros lugares de las preferencias por mucho tiempo.

Interrogado sobre qué candidato convendría más a América Latina, Lugo dijo: "Aquel que quiera respetar los procesos latinoamericanos y quiera tener relaciones fraternas, equilibradas".

En la campaña electoral, la más larga, costosa y disputada de tiempos recientes, McCain estuvo un poco más cerca de la región e incluso la visitó en una gira por Colombia y México para hablar de continuidad de las políticas de libre comercio, mercados abiertos y posición dura contra líderes totalitarios que ha caracterizado al gobierno republicano saliente.

Obama, quien nunca ha estado en un país latinoamericano, ha centrado su discurso, como McCain, en temas de gran preocupación para el público estadounidense: las guerras en Irak y Afganistán y, más recientemente, la crisis financiera global.

Abierto opositor del tratado de libre comercio (TLC) con Colombia, que está pendiente de aprobación legislativa junto a los de Panamá y Corea del Sur, Obama ha hablado también de una revisión del TLC con México, vigente desde hace casi 15 años.

Su reiterada afirmación de la necesidad de frenar la salida de compañías estadounidenses a otros países para crear empleos podría significar un cambio radical con respecto a la política de promoción de los TLC del presidente George W. Bush.

McCain se opone a levantar el embargo comercial y otras sanciones impuestas a Cuba hace más de medio siglo y ha criticado a los gobiernos de Hugo Chávez (Venezuela) y los hermanos Fidel y Raúl Castro (Cuba) por su falta de libertades individuales.

Obama, en cambio, ha ofrecido levantar ciertas sanciones impuestas por Bush a Cuba, aunque no el embargo, así como permitir viajes de familia y envío de remesas ilimitados a Cuba a fin de que "los familiares (de exiliados cubanos) sean menos dependientes del régimen de los Castro".

El demócrata ha hablado también de una "nueva alianza de las Américas" (New Partnership for the Americas), en la cual puedan ejercerse las libertades sin restricciones y darse un diálogo "sin precondiciones" con todos los gobiernos de la región, una posición que Chávez ha recibido de buena gana llevándole a decir que acudiría a un diálogo con Obama si fuese invitado, algo que no quiso hacer con Bush.

Es probable que sobre esa posición, Chávez tome la iniciativa para reabrir las relaciones a nivel de embajador con Washington, interrumpidas desde septiembre en que expulsó al embajador estadounidense en Caracas. Lo mismo podría esperarse del presidente Evo Morales, en Bolivia, cuya decisión de expulsar al embajador estadounidense por presunta intervención en asuntos internos recibió la solidaridad del mandatario venezolano Chávez.

McCain fue un fuerte impulsor de la reforma inmigratoria el año pasado, pero curiosamente la forma como respondió su partido, el Republicano, puede estar obrando en su contra en las elecciones de la jornada debido a que sus legisladores tumbaron el proyecto hasta en dos ocasiones en el Congreso.

Obama ha hablado casi en los mismos términos que McCain: ha dicho que desearía que los indocumentados se conviertan eventualmente en ciudadanos si pagan impuestos y una multa, aprendan inglés y se sujeten a las leyes de la nación.

Cualquiera de los dos tendrá en febrero una gran oportunidad de decir a la región lo que realmente va a hacer como presidente: la cumbre presidencial de las Américas en Trinidad y Tobago.

A las cuatro cumbres precedentes nunca asistió el líder cubano porque no fue invitado.

Si ganase Obama, ¿invitaría a los hermanos Fidel y Raúl Castro a Puerto España?

 

 

 

(AP)

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