| 8/19/2005 12:00:00 AM

La otra cara del CAFTA y el Libre Comercio de Washington

Análisis del economista chileno Hugo Fazio Rigazzi, director del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA) de Chile.

La red de tratados de Libre Comercio de EE.UU. se extendió a América Central y República Dominicana. Bush recurrió a todo tipo de presiones para obtener una mayoría muy estrecha.



A alcanzar el acuerdo le dio una gran importancia, dado que de ser rechazado se produciría un incremento en la zona de la influencia de Venezuela.



Los beneficios extras obtenidos con el Tratado por los países centroamericanos son muy escasos y los costos -como lo demuestra la experiencia chilena- elevados.



Si bien la ratificación extiende el área de acuerdos de "libre comercio" de EE.UU., hasta ese momento reducida a América del Norte y Chile, muestra, al mismo tiempo, las crecientes resistencias a las formas adquiridas por el proceso de globalización y hacen aún más dudoso la instauración del postergado acuerdo de "libre comercio" para las Américas (ALCA).



El Senado ya había dado su aprobación tras un debate de un año de duración al Tratado de Libre Comercio de América Central. Al igual como aconteció en el acuerdo suscrito con Chile la aprobación se produjo manteniendo la Casa Blanca su mecanismo de dumping y los subsidios agrícolas, pero además, con ocasión del CAFTA EE.UU. estableció nuevas restricciones que convierten en un sarcasmo hablar de "libre comercio", al colocarle limitaciones a dos de las industrias centroamericanas más competitivas, el azúcar y las textiles.



En el primero de los rubros mencionados las exportaciones quedaron restringidas a apenas un 1% del mercado anual de la mayor potencia económica mundial. En lo fundamental -como constató The Wall Street Journal- "el CAFTA promete un escaso alivio a cinco países centroamericanos y República Dominicana al hacer permanente un conjunto de preferencias temporales que ya disfruta la región" (29/07/05).



Al mismo tiempo, a los consorcios farmacéuticos norteamericanos -que tradicionalmente tiene un gran peso en las decisiones de la Casa Blanca- se les concedió en América Central niveles de protección contra la producción de genéricos superior a la que tienen en EE.UU. Una de las razones que llevó a Washington a efectuar un intenso lobby para la aprobación del CAFTA residió - en opinión de The Economist- "en los temores de que Venezuela obtuviera utilidades del rechazo". (01/08/05), para aumentar su presencia en los países de la región.



El secretario de Defensa de EE.UU. , Donald Rumsfeld, calificó la aprobación como "un voto de seguridad nacional", ya que las naciones centroamericanas podrían inclinarse, de no suscribirse el tratado, por la "Alternativa Bolivariana para las Américas" (ALBA), que propician Venezuela y Cuba.



Uno de los primeros proyectos de ALBA es el proyecto PetroCaribe, que prevé el suministro de crudo a precios preferenciales y con facilidades financieras para la región.



La Alternativa Bolivariana cuenta como sus pilares con los recursos energéticos y financieros de que dispone Venezuela y la solidaridad educativa y sanitaria aportada por Cuba.



El nuevo juego del libre comercio



Washington ha ido imponiendo en sus nuevos acuerdos de "libre comercio" criterios más restrictivos y logrado mayores ventajas con relación a los aplicados al establecerse el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ello entrega argumentos adicionales a los sectores opuestos a los nuevos acuerdos en los países incorporados a la red de "libre comercio" de EE.UU.



Los criterios proteccionistas de la Casa Blanca y la Unión Europea han conducido a que la ronda de Doha, en los marcos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), continúe trabada. La reunión de su Consejo General a fines de julio en Ginebra no logró acuerdos, en la perspectiva de la reunión ministerial a realizarse durante diciembre en Hong Kong. La OMC tiene una estructura más difícil para producir entendimientos que el FMI y el Banco Mundial, ya que cada país cuenta con un voto, a diferencia de los otros organismos mencionados, donde la participación está en relación a los aportes de capital efectuados y en los cuales la influencia de las naciones industrializadas es decisoria.



Una vez más un punto central de diferencia se produjo con las subvenciones agrícolas que mantienen las grandes potencias económicas. Al estancarse el proyecto de creación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), EE.UU. determinó buscar acuerdos bilaterales.



El CAFTA lo colocó en esta perspectiva. Al mismo tiempo, negocia con un grupo de países de la comunidad andina, los cuales tienen actualmente un acceso preferencial al mercado estadounidense que vence en diciembre de 2006. El gobierno colombiano considera que no será renovado, por lo cual intensifica negociaciones con vistas a un tratado bilateral. Uno de los sectores más conflictivos es el agrícola, dado que EE.UU. compite deslealmente al subsidiar productos como el maíz, el algodón y la leche, lo cual resta posibilidades a los bienes procedentes del país sudamericano en el mercado norteamericano y favorece, en cambio, las importaciones a Colombia.



En la producción de algodón, azúcar y tabaco -sectores generadores importantes de ocupación- las exportaciones procedentes de Colombia serían competitivas, pero tienen cupos disponibles reducidos, al tiempo que EE.UU. recurre frecuentemente a medidas proteccionistas no arancelarias, aduciendo razones sanitarias y fitosanitarias.



El tema es trascendente porque el agro ocupa a un 25% de la fuerza de trabajo colombiana, siendo la mayoría de los productores pequeños y medianos.



EE.UU. busca seguir extendiendo su red de tratados comerciales, pero las contradicciones planteadas son muy profundas. Como se ha transformado en usual la votación favorable en la Cámara de Representantes se produjo con la activa participación de George Bush y su vicepresidente Dick Cheney, los cuales se comunicaron personalmente con todos los congresistas republicanos que tenían actitudes reticentes. "Y una cantidad de votos en duda se aseguró -de acuerdo a la versión de The Guardian y The New York Times- mediante promesas que van desde la construcción de rutas hasta prominentes puestos en comités" (31/07/05). Uno de los últimos votos que se cambió desde el rechazo a la aprobación fue la de Robin Hayes, representante de Carolina del Norte, estado que ha sufrido la pérdida de numerosos empleos textiles, al cual se le garantizó que se aprobaría cualquier norma que considerase necesaria para restringir las importaciones competitivas desde China.



Nancy Pelusi, jefa de la bancada demócrata acusó al ejecutivo y a los líderes republicanos de hacer cualquier cosa para obtener los votos favorables. El CAFTA desde el ángulo del comercio exterior norteamericano no es importante. Los seis países exportan a EE.UU. en un año, lo mismo que México envía en sólo cinco semanas.



A su vez, las ventas norteamericanas alcanzan a unos US$ 17.000 millones anuales, monto equivalente a las exportaciones en doce meses de Nueva Yersey. "El CAFTA -comentó The Economist -es un acuerdo modesto entre una ballena y seis pequeños peces". La "ballena" -agregó- "ya admite cerca de un 80% de exportaciones de los pequeños peces libre de tarifas, y los países centroamericanos ya han recortado su tarifas promedio desde un 45%, en 1985, hasta un 7%" (3/8/05).



Los partidarios de la aprobación del CAFTA en EE.UU. le asignaron una importancia de principios. A su turno, sus críticos afirmaron que se promulgó en beneficio de las grandes corporaciones, mientras que no significó, en los hechos, ninguna protección nueva a los trabajadores centroamericanos masivamente mal remunerados.



Se supone que, el igual como aconteció con el tratado suscrito en América del Norte, aunque en una medida inferior, induciría a empresas norteamericanas a generar empleos en esos países, restándolos en EE.UU.



Bloqueos sin nombre



De igual modo, la "seguridad nacional" fue lo que condujo al Congreso norteamericano a virtualmente bloquear el intento de la empresa petrolífera china CNOOC Ltd. para adquirir la estadounidense Unocal, a pesar de efectuar una oferta en US$800 millones superior a Chevron, que se la quedó definitivamente. "El libre comercio para Estados Unidos -subrayó Xing Houyvan, investigador de la Academia de Comercio Internacional y Cooperación Económica China - no es realmente libre e imparcial, sino lo que es mejor para EE.UU." (04/08/05).



Por su parte, la empresa china, al comunicar el retiro de su oferta, recalcó que el Congreso norteamericano pondría tantos obstáculos que el costo de culminar la adquisición se transformaría en demasiado alto.



"El bloqueo de CNOOC -comentó The Economist- no ha mejorado de forma importante la seguridad energética de Estados Unidos. Los políticos de Estados Unidos que habitualmente hablan de las bases de alta moral -agregó-, la han abandonado ante los chinos" (11/08/05).



Un hecho similar se produjo con la fábrica de electrodomésticos Maytag Corp., que tampoco pudo ser adquirida por capitales chinos.



En EE.UU., sin embargo, crece la compra de empresas realizadas por sociedades provenientes de países en desarrollo.



En enero-julio, de acuerdo a antecedentes de Thomson Financial, empresas provenientes de economías menos desarrolladas compraron setenta compañías norteamericanas por un monto algo mayor a los US$10.000 millones. Entre 1997 y agosto de 2005, las mayores adquisiciones fueron realizadas por empresas de Israel, México, Brasil y Singapur. La oposición se ha concentrado en los capitales de origen chino.





El autor es economista y director del Centro De Estudios Nacionales De Desarrollo Alternativo -Cenda-. Colaborador de ATACC y Crónica Digital Santiago de Chile.
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