| 9/25/2006 12:00:00 AM

Jubilados estadounidenses cada vez más atraídos por Centroamérica

Sus evoluciones complicadas y sonrisas fáciles en este salón de un hotel céntrico lleno de agentes de viajes son parte de un esfuerzo por promover Nicaragua a los estadounidenses que quizás se interesen por retirarse allí, atraídos por sus playas prístinas y su cultura colorida.

San Francisco.- Las bailarinas nicaragüenses giran haciendo ondear sus amplias faldas blancas mientras con sus pies descalzos dibujan pasos intrincados sobre el piso de madera.

Otros incentivos son las exenciones impositivas, que la generación estadounidense de posguerra seguramente encontrará más dulces que las frutas tropicales que llevan las bailarinas en canastas cuidadosamente equilibradas sobre sus cabezas.

Esa generación "es un mercado creciente con ingresos disponibles que busca un sitio donde vivir, y Nicaragua se los ofrece", dijo la joven ministra de turismo de ese país, María Rivas. La graduada de Harvard pone de manifiesto la seguridad en el país, su infraestructura en proceso de modernización y las leyes promulgadas para atraer inversiones extranjeras y jubilados.

Rivas habla de las olas perfectas que atraen surfistas en las costas del Pacífico, las playas aisladas donde las tortugas desovan a la luz de la Luna, y las especies de aves y orquídeas que medran en sus densos bosques. Pese a las deslumbrantes costas y bosques exuberantes de su país, Rivas tiene desafíos por delante.

La mención de Nicaragua o de otros países centroamericanos probablemente suscite todavía más imágenes de dictadores y guerrillas que acogedoras residencias para retirados. Y quedan algunos interrogantes pendientes, como la incertidumbre sobre las próximas elecciones presidenciales y los ocasionales apagones.

Rivas dice que este aspecto negativo es parte del pasado y que se ha producido un enorme crecimiento en los últimos años bajo el gobierno democrático. Los residentes locales parecen favorecer la presencia de los estadounidenses, que crean empleos e invierten en la infraestructura. El Departamento de Estado dice que el sistema judicial nicaragüense puede padecer de corrupción, pero que los delitos violentos son mínimos.

"Es una aventura, y no sencillamente una prolongación de Estados Unidos", observó Lynn Magnum, ejecutivo retirado. El y su esposa dividen su tiempo en sus residencias de Nueva York, Nueva Jersey y Nicaragua.

La búsqueda de un lugar cálido y barato para retirarse no es nada nuevo para los estadounidenses. Costa Rica y México desde hace tiempo han dado la bienvenida a los retirados.

Pero a medida que decenas de miles e expatriados estadounidenses se radican allí, los precios de las viviendas empiezan a rivalizar los de otros imanes para los retirados, como Florida y Arizona. Por eso, los países centroamericanos todavía accesibles como Nicaragua, Panamá y Honduras ahora rivalizan para atraer a los retirados. Varios han buscado aumentar su atractivo promulgando leyes específicamente destinadas a favorecer a los retirados, inversionistas y otros que puedan invertir en sus economías.

En Nicaragua, toda persona de más de 45 años que gane por lo menos 400 dólares por mes puede importar sus ganancias y su mobiliario libre de impuestos. Asimismo puede traer un automóvil cada cinco años, y revenderlo después, sin una deducción por impuesto a la venta.

Invertir es aun más fácil. La gente dispuesta a invertir en la industria del turismo, como abrir un café o una posada frente a la playa, tiene derecho a una exención impositiva de hasta el 100% sobre todo, desde el material de construcción hasta el mobiliario, hasta por diez años.

Honduras y Belice han aprobado medidas similares. Panamá endulza el ofrecimiento dando descuentos de hasta el 50% en todas las comodidades que un estadounidense en el exterior puede querer: películas, restaurantes, pasajes de avión, aun recetas médicas, visitas al médico y estancia en el hospital. "Lo que se están dando cuenta esos países es el tremendo valor de este mercado de la generación de posguerra", dijo Jeff Hornberger, gerente de desarrollo internacional para la Asociación Nacional de Bienes Raíces.

El influjo de dinero ayuda al país con beneficios e inversiones. Y los retirados pueden adquirir un estilo de vida que estaría fuera de su alcance en Estados Unidos. "Se puede tener jardinero, cocinera, mucama, vivir como un millonario sin un presupuesto millonario", dijo Hornberger. Sin embargo algunos retirados dicen que siempre hay riesgos en algunas de las naciones más pobres del continente.

"La situación puede cambiar muy rápidamente: la ley, cómo se interpreta. Nada es absolutamente firme", dijo John Edwards, un canadiense que recientemente terminó de construir una casa sobre el Pacífico en Rancho Santana, una de las mayores comunidades planeadas en Nicaragua.

Dentro de la comunidad cercada, los caminos, servicios e infraestructura están a la altura de los niveles estadounidenses, pero el camino de grava a la ciudad más cercana, Rivas, es un trayecto accidentado de 22,5 kilómetros.

Por otra parte, comprar propiedades en otros países puede ser intimidatorio y engañoso, y quienes no están familiarizados con las prácticas locales pueden caer víctimas de embaucadores o demandas de soborno. Muchos países no regulan la actividad de los promotores de bienes raíces, y el proceso de compra puede involucrar traductores, abogados y tácticas negociadoras poco familiares.

"Invertir en bienes raíces en el exterior no es para los timoratos", comentó Hornberger.

Así y todo, las cifras demuestran que los estadounidenses están cada vez más decididos a correr el riesgo. El número de cheques de jubilación recibidos en el exterior ha crecido paulatinamente, de 188.000 en 1992 a 255.000 en el 2004. Y un número creciente de retirados ha optado por Centroamérica y el Caribe. Más de 15.000 estadounidenses recibían allí sus cheques en el 2004. Y el número de gente que pasa parte del año en la región es probablemente mucho mayor, dicen los expertos.

"Hemos visto un enorme interés: más crecimiento en los dos últimos años que en los últimos diez", precisó Gail Geerling, agente de bienes raíces en Nicaragua que ha vivido en Centroamérica diez años.

Y a medida que más representantes de la generación de posguerra se acercan a la edad del retiro, lo más probable es que el interés por Centroamérica siga en aumento. "Estoy trabajando a tiempo completo, y no estoy seguro de poder comprar una casa aquí", dijo Lynn Rothman Venus, que trabaja para una universidad comunitaria en la Florida, estado desde hace mucho considerado imán para los retirados.

Rothman tiene 54 años y espera que cuando pueda retirarse dentro de seis años sea capaz de canjear su condominio alquilado en los suburbios de Tampa Bay por una residencia junto al mar en algún sitio en Panamá.

"A menos que uno sea muy pudiente, uno enfrenta problemas para retirarse aquí", dijo sobre la vida en Estados Unidos. "Mejor irse a otro sitio y vivir mejor. El mundo es amplio".
 
 
Fuente: AP


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