| 2/3/2007 12:00:00 AM

Fiebre de oro en Amazonas brasileña desata esperanzas y miedo

El Amazonas no veía una fiebre de oro como esta desde comienzos de los 80, cuando decenas de miles de brasileños transformaron la montaña conocida como Serra Pelada en un profundo cráter en la tierra de la selva.

ELDORADO DO JUMA, Brasil _Al atravesar velozmente paredes de espesa selva, el bote a motor cargado de mineros se dirige a la orilla del río Juma.

Sobre los fangosos bancos de la orilla, aparece envuelta en humo una ciudad de hangares de plástico negro circundada de excavaciones recientes, árboles talados y creciente miseria.

Este es Eldorado do Juma.

Desde diciembre, miles de buscadores de fortuna han llegado aquí con la esperanza de encontrar oro en la selva del estado de Amazonas.

Atraídos por un aviso colocado en la internet por un profesor de matemáticas que describió a mineros llenándose los bolsillos de miles de dólares por el oro, de 3.000 a 10.000 personas han talado enormes árboles, desviado corrientes de ríos y cavado profundas minas en un área que hasta hace poco meses era una selva virgen.

Bautizado con el nombre de esa mítica y largamente buscada ciudad de oro del Amazonas, este El Dorado es todo menos un lugar resplandeciente.

Cientos de hombres cubiertos de lodo y armados con picos y palas trabajan en la tierra marrón, roja y gris, marcando sus pequeños lotes con ramas de los árboles y alambre. Otros lanzan el barro en un desagüe de madera donde el agua lava los sedimentos. Escudriñan entre lo que resta dentro de las bandejas metálicas para descubrir, sin tienen suerte, unas pocas hojuelas de oro puro.

"Esto es mejor incluso que Serra Pelada. He sido minero por todo el Amazonas desde 1978 y esto es lo mejor que he visto", dijo Joao Leandro de Azedo, de 70 años, al sentarse en su hamaca desde la que ve su lote.

Serra Pelada fue en Brasil el más conocido y lucrativo "garimpo", o una mina rudimentaria, y es la referencia para todos aquí. Atrajo a un vasto ejército de buscadores desde todas partes de Brasil y produjo miles de kilos de oro antes de ser cerrada a comienzos de los 90.

Es lo que los mineros aquí sueñan, intercambiando historias de personas que se hicieron ricas de un día para otro al encontrar piedras de hasta 26 kilos de oro.

Y es exactamente lo que las autoridades brasileñas temen que se convierta Eldorado do Juma.

Serra Pelada se transformó en un símbolo de la injusticia social y de la falta de leyes, sobre todo después que el fotógrafo Sebastiao Salgado inmortalizó las columnas humanas de mineros en fotos en blanco y negro, captando la desesperación de los casi desnudos buscadores cargando sacos de barro a la espalda en escenas que parecían extraídas de las profundidades del infierno. Años después, esa zona vecina al estado de Pará permanece como una herida.

Pero Azedo, como muchos otros mineros, está decidido a hacer su fortuna aquí.

Azedo dice que logró sacar medio kilo de oro en un solo día la semana pasada, sumando en total dos kilos, valorados en unos 40.000 reales (19.000 dólares), desde que llegó aquí hace 17 días.

Incluso después de pagar 50% al hombre que separó su lote de tierra y 8% más al "Ze Capeta", "Pepe el Diablo" _un jefe local que asegura ser el propietario de todo el garimpo_, Azedo aún consiguió quedarse con una buena suma.

Otros no son tan afortunados. Por cierto, ya hay demasiada gente que busca tan poco oro.

Varía enormemente el número estimado de mineros, prostitutas y comerciantes en esta barriada de la jungla, donde el olor a carne quemada y madera se mezcla con el hedor de una cañería abierta. Sin embargo, es notable que no hay suficiente espacio para todos los buscadores en los ocho principales locales de búsqueda del garimpo.

El regateo de precios y la malaria reinan en esta ciudad, donde ya existen bares, restaurantes, barberías, panaderías y tiendas de joyas, la mayor parte de esos locales hechos con los árboles talados. Se construye un hotel de 16 habitaciones al otro lado del río.

Las tiendas de equipos hacen buenos negocios vendiendo bandejas y hachas; las sierras se venden a 20 gramos de oro o más.

La policía federal llegó el mes pasado para cerrar negocios ilegales, haciendo más difícil el sueño de hacerse rico rápidamente.

"Afortunadamente entramos justo al comienzo. Es una preocupación para todos, desde el presidente de la república hasta el gobernador y el alcalde, que esto no se convierta en otra Serra pelada", dijo Walter Arcoverde, director general de aplicación de la ley del Departamento Nacional de Producción Mineral.

Agentes con armas automáticas ahora imponen un toque de queda a partir de las 10 de la noche, y a la medianoche los viernes y sábados. Geólogos del gobierno intentar determinar cuánto oro existe en la zona. También están aquí las autoridades ambientales, intentando evitar que los mineros usen equipos pesados o mercurio, el único metal líquido y que sirve para unir las pequeñas partículas de oro, pero que también es altamente tóxico y contamina por años las aguas de ríos.

Es una pregunta aún por responder cuánto tiempo podrá el gobierno contener la situación actual.

"La mayor parte del oro que puede ser extraído manualmente ya fue encontrado, pero si comienzan a usar equipos pesados, este lugar va a explotar otra vez", dijo Luiz Gonzaga da Conceicao, de 51 años, un minero que llegó desde el lejano oeste brasileño.

Las autoridades ambientales afirman que sólo permitirán el uso de máquinas de agua, trituradoras de piedra y otros equipos, si los mineros forman una cooperativa y presentan un plan para proteger el ambiente, algo en que el hombre que asegura ser el propietario del garimpo dice estar trabajando.

"Este lugar tiene un gran futuro. Hay otros minerales además del oro. Tenemos que organizarnos para explotarlos", dijo Jose Ferreira da Silva Filho, mejor conocido por su siniestro apodo de Ze Capeta o Pepe el Diablo.

La oficina de reforma agraria del gobierno dice que la tierra pertenece al gobierno. De forma confidencial, muchos mineros hablan de amenazas e intimidación para asegurar el 8% de Ze Capeta.

El hombre lo niega, tanto como que mate o intimide a alguien, y asegura que ha tenido más que su parte de dolores de cabeza y costos.

"Las personas están vendiendo sus congeladores para poder llegar aquí y no deberían, se está convirtiendo en un problema social para mí porque no les puedo comprar a todos un boleto de regreso o si no quiebro", dijo.

Hasta ahora, el gobierno federal y la mayoría de los mineros parecen satisfechos de tenerlo a cargo, si sólo pudiera poner un poco de orden.

Entretanto, los mineros viajan río arriba y abajo y en lo profundo de la selva en busca de nuevos locales de explotación, conocidos aquí como "fofocas".

"Aquí sin duda hay oro, el problema es encontrar un área para trabajar. Ahora cada lote tiene tres o cuatro propietarios. Sólo estoy esperando por una nueva fofoca y me dedicaré a ella", dijo Jose Francisco Mendes dos Santos, de 32 años, quien llegó desde el vecino estado de Rondonia. "Lo que impulsa al minero es la esperanza y su amigo es la suerte".

Una pequeña industria de conductores de camiones y propietarios de botes conducen a los mineros a lo largo de la franja de 78 kilómetros de viaje a Apui, el poblado más cercano, donde bandas al vivo se presentan el fin de semana, mientras las tiendas de compra de oro florecieron de dos a 10 en las últimas dos semanas.

Gilmar Predebon gerencia una de esas tiendas, donde dice que compra cerca de dos kilos al día. Estima que la mina produce de seis a siete kilos diarios en total.

"Es una buena cantidad de oro, pero ni remotamente cerca de lo que uno espera, considerando todo lo que se habla", dijo.

La mayoría, sin embargo, esta agradecida por la oportunidad del sueño.

"El garimpo realmente ha mejorado las cosas. La ciudad pasaba por una crisis, sólo había ganadería y la agricultura era un desastre. Esto fue una puerta que Dios abrió para Apui. Hoy, la ciudad ha crecido cinco veces y la gente está llegando desde cada esquina del país", dijo Antonio Carlos Santos, de 48 años, quien renunció a su trabajo como policía en Paui y ahora trabaja como minero.

El alcalde de Apui, Antonio Roque Longo, cree que la ciudad de 200.000 habitantes estaría mejor sin la mina.

"Haciendo un balance, creo que el garimpo es más que todo un problema para la ciudad. Claro, ha sido bueno para los comerciantes, pero tenemos problemas de salud. Antes del garimpo, teníamos la malaria casi controlada, y ahora nuevamente es un gran problema", agregó.

Longo dijo que durante años los moradores de la región han realizado labores de minería de forma silenciosa. El problema comenzó cuando Ivani Valentin da Silva, un profesor local de matemáticas, colocó en la internet fotos e historias del oro en la región.

"Visitó la mina porque tenía curiosidad, e inocentemente puso las fotos en internet porque quizá no tenía ni idea del impacto que tendría", aseguró el alcalde.

"Lo que se ve en internet es a un hombre que sostiene una bandeja y afirma haber encontrado oro por unos 30 a 40.000 reales (19.000 dólares). La gente vio esto en internet y pensó en hacer lo mismo. Pero la verdad es que por cada persona que se hace rica, otras 30 vuelven a casa sin un centavo".

AP

 
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