| 8/23/2006 12:00:00 AM

Emprendedores extranjeros hacen negocios en Argentina

Atraídos como turistas, cada vez más extranjeros deciden quedarse y emprender negocios en los que ofrecen de todo, desde té inglés y fideos tailandeses hasta los tradicionales burritos estilo californiano, con abundante guacamole y salsa picante.

Buenos Aires.- Para los extranjeros, Argentina ofrece algo más que turismo, tango y carne sabrosa.

Pese a la devastadora devaluación impuesta en el 2002, por la que el peso argentino perdió dos tercios de su valor, se congelaron los salarios de los trabajadores y aumentaron los índices de desempleo y pobreza, los argentinos nunca perdieron su conocida predilección por la buena vida.

Con costos iniciales y salarios todavía bajos tras la crisis económica, los emprendedores dicen que sus ahorros en dólares, euros o libras tienen mucho más valor aquí, permitiéndoles realizar sus proyectos soñados mientras disfrutan de la "París" de América Latina.

"Argentina es un país bastante desarrollado comparado con otras naciones de la región", dijo a AP Jordan Metzner, de 22 años, uno de los dueños del restaurante "California Burrito Company" en el centro de Buenos Aires.

"Viajo por Buenos Aires con mi iPod como si estuviera en Estados Unidos", graficó.

Cuando Metzner y Sam Nadler, de 23 años, obtuvieron sus diplomas en la escuela de negocios de la Universidad de Indiana, tenían claro que no querían tomar el mismo rumbo que sus compañeros de clase como abogados o banqueros. "Nos negábamos a trabajar de 9 a 5 y usar traje", dijo Metzner, quien luce una gorra y una remera con el rostro estampado de Bob Marley mientras atiende su bar de suculentos burritos.

Entonces viajaron como turistas a la capital argentina, sabiendo que la carne y las discotecas estaban más baratas en la que solía ser una de las ciudades más caras del mundo antes de la devaluación.

En noviembre se asociaron con el ex banquero y nativo de San Francisco Chris Burns, de 36 años, a quien llegaron atraídos por los relatos en su blog sobre la vida en Argentina. En menos de un mes, los tres alquilaron un derruido local de 120 metros cuadrados en el corazón financiero de Buenos Aires.

"Los baños eran sólo agujeros en la tierra. Teníamos que reconstruir el lugar", contó Metzner. Pero una renta de 1.200 dólares al mes _cuando por un espacio similar en Manhattan deberían pagar más de 180.000 dólares_ los tentaba. "Nunca podríamos conseguir un lugar así en cualquier ciudad importante de Estados Unidos".

Metzner explicó que sólo les tomó tres meses y menos de 100.000 dólares, que retiraban en pequeñas cuotas diarias de un cajero automático, para convertir ese "basurero" en un agradable ambiente, que hoy está atestado de argentinos, turistas antojados de burritos y estudiantes extranjeros.

"Ni una sola vez me pregunté si había tomado la decisión correcta", asegura Metzner. "Tenemos nuestro propio negocio y aprovechamos al máximo la vida nocturna". Michael Evans y David Garrett encontraron la inspiración para su negocio en el 2004 cuando visitaron la provincia de Mendoza, famosa por sus vinos. Nunca se fueron.

No hablaban español ni tenían contactos. Pero todo cambió cuando conocieron al argentino Pablo Giménez, abogado bilingüe, de una familia vinculada al negocio de los vinos. Un año y medio después pusieron en marcha "Viñedos de Mendoza" (Vines of Mendoza), donde los amantes del buen vino pueden probar las aromáticas variedades. También ofrecen tierras y asesoramiento para aquellos interesados en producir su propio vino.

Evans explica que su negocio está creciendo en parte gracias al devaluado peso argentino, que el gobierno del presidente Néstor Kirchner ha mantenido quieto y barato en relación de 3-1 con el dólar.

"Le pagamos a nuestra gente uno de los salarios más altos de Mendoza. Pero un empleado en el valle Napa de California gana entre 3.000 y 4.000 al mes, mientras que aquí cobra 400 dólares mensuales".

Los vinos de Evans para exportar se cotizan en dólares.

"Al final de este año habremos generado 2 millones de dólares en ingresos y un capital de 2,2 millones de dólares", explicó. "No se puede lograr eso en ningún otro lado".

Los emprendedores extranjeros también destacan que en Argentina hay menos corrupción para hacer negocios que en otros países de América Latina, definida por la organización Transparencia Internacional (TI) como "una región que naufraga en un mar de corrupción".

Un reciente informe de TI muestra que sólo el 6% de los argentinos dijo haber pagado un soborno en el último año, comparado con el 31% de los mexicanos y el 43% de los paraguayos consultados. "Nunca nadie me pidió un soborno", dijo la inglesa Lisa Stevenson, quien inauguró la casa de té "La Rosa Inglesa" en marzo del 2005.

Pero Briton Jaime Taylor, dueño del bar gay "Flux", en sociedad con el viajero ruso Ilia Konon, alertó que Argentina provoca algunos dolores de cabeza, además de ofrecer buenas oportunidades. Los bajos salarios argentinos significan que menos gente puede salir a comer y tomar tragos, lo que dificulta tener un negocio rentable.

También hay complicaciones con los impuestos y las leyes laborales, sin mencionar las trabas que ponen los dueños de las propiedades en alquiler. Taylor dijo que había alquilado un espacio de 204 metros cuadrados por la ridícula cifra de 700 dólares al mes, pero tiene que renegociar el precio cada seis meses.

Y pese a que Buenos Aires aún se ubica entre las ciudades más baratas del mundo, los precios están aumentando a medida que la economía argentina se recupera. "Los planes a largo plazo en Argentina van de los seis meses al año", dijo Kevin Rodríguez, de Nueva Jersey, el más veterano del grupo de inversores que abrieron el popular restaurante tailandés Empire Thai.

"No puedo hacer un plan de negocios de diez años si no sé qué es lo que va a pasar en los próximos dos. En este momento tengo la inflación encima. La comida se ha encarecido y tengo que seguir aumentando los salarios de los empleados. Esto se traslada al costo de mi menú".

La inflación de dos dígitos en Argentina es "asesina", coincide Stevenson, de La Rosa Inglesa. También son problemáticas las cambiantes políticas económicas del gobierno. "En términos macroeconómicos, estamos en manos de Dios", dijo. "Es mejor no pensar en ello".

De todas formas, el país es "propicio para las nuevas ideas" de los extranjeros que están dispuestos a ganar en pesos y gustosos de vivir aquí, dijo Stevenson, una ex ejecutiva de recursos humanos en Yakarta, que conoció a su esposo argentino en Australia.

"Pensamos iniciar un negocio en Europa, pero tomamos una decisión de vida al hacerlo aquí".

 
Fuente: AP
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