| 10/1/2007 12:00:00 AM

El lado oculto de la producción de etanol en Brasil

Con la precisión de una máquina, juntan cinco cañas de 2,5 metros con un brazo, se inclinan y las cortan con tres machetazos. Repetirán ese proceso una y otra vez, con frecuencia en jornadas de 12 horas.

Batatais, Brasil.- Al amanecer en las plantaciones de caña de azúcar, un ejército harapiento de hombres y mujeres afilan sus machetes para recoger la materia prima de lo que se convertirá en el "oro blanco" de Brasil. "Al final de la jornada nos duele todo, tanto que uno piensa que se va a morir", expresó Raimundo Gomes da Silva. "Pero es lo único que sabemos hacer y lo seguiremos haciendo, día tras día, hasta caer muertos".

Brasil está a la vanguardia en el uso de etanol derivado de la caña de azúcar, empleado en el 30% de los automóviles del país. Esto convierte a los brasileños en uno de los líderes mundiales en el uso de energía alternativa. Pero pocos prestan atención a las condiciones miserables en que trabajan casi medio millón de personas que cortan caña seis días a la semana para abastecer al país y al creciente mercado de exportación. Brasil es el principal exportador del mundo de etanol. En el 2006 exportó 3.400 millones de litros, que generaron 1.600 millones de dólares.

"El ethanol está enriqueciendo a mucha gente en este país", comentó Miguel Ferreira, presidente del sindicado que representa a los cañeros de Batatais, poblado de la vasta región azucarera del estado de Sao Paulo. "Pero lo único que ven los cañeros es agotadoras jornadas y muy poco dinero". Los cañeros más productivos ganan el equivalente a unos 420 dólares por mes. Y deben rendir cada vez más para responder a la creciente demanda.

"En la década de 1980 un cañero debía cortar entre seis y ocho toneladas diarias. En la actualidad, muchos hacendados exigen entre 10 y 12 toneladas y quienes no cumplen con esa meta son despedidos", señaló María Cristina Gonzaga, funcionaria del Ministerio del Trabajo. Obligados a trabajar largas horas bajo un sol abrasador, los cañeros sufren numerosas lesiones óseas y musculares, así como cortes. Su ojos y sus pulmones son afectados por la ceniza de los campos que han sido quemados para facilitar el trabajo y matar ratas, víboras y escorpiones.

En los últimos tres años murieron de agotamiento 18 cañeros en el estado de San Pablo tan solo, según la Iglesia Católica, que observa esta industria. Muchos más resultaron lesionados. Las autoridades multaron a muchos ingenios que violan las normas laborales, pero Gonzaga dice que el Ministerio del Trabajo no tiene los recursos necesarios para resolver el problema.

El ministerio cuenta con una unidad de elite dedicada a combatir una situación de verdadera esclavitud en los ingenios, en la que los cañeros trabajan básicamente para pagar deudas. Pero la unidad dejó de funcionar a fines de septiembre en protesta por la "interferencia política" luego de que algunos legisladores cuestionaron una redada en Para Pastoril e Agricola SA, uno de los productores de etanol más importantes del estado de Pará.

La unidad dijo haber comprobado que más de 1.000 cañeros trabajaban 13 horas diarias en condiciones de esclavitud y pagaban a sus empleadores sumas exhorbitantes por comida mala, alojamiento en viviendas atestadas y agua sucia. La compañía negó maltratar a sus empleados. El cierre de la unidad priva al ministerio del trabajo de su único organismo capaz de vigilar el cumplimiento de las leyes laborales en los ingenios. "El azúcar y el alcohol producidos en Brasil están cubiertos con sudor, sangre y muerte", sostuvo el ministro Gonzaga. De todos modos, abunda la mano de obra.

La mayoría de los cañeros de Batatais vienen del noreste del país, región sumamente pobre y azotada por sequías. Son atraídos por la promesa de sueldos impensables en su provincia. "Corto ocho toneladas diarias y gano unos 315 dólares al mes", declaró José Dalmir, de 27 años. "Ganaba la mitad picando piedras". Los productores de biocombustibles esperan mejorar su imagen por temor a que surjan barreras comerciales si persiste esta mala fama.

"Claramente hay un problema de imagen en este campo, que podría dar lugar a barreras injustificadas", expresó Marcos Sawaya Jank, presidente de UNICA, la asociación nacional de productores de azúcar y etanol. La asociación ha estado reuniéndose con delegados del gobierno y de los sindicatos para promover "un pacto nacional de cambio de actitudes", declaró Jank. Prometió una "mejor alimentación, jornadas laborales más cortas y beneficios educacionales para los trabajadores y sus familias".

La Unión Europea está considerando formas de asegurarse de que el etanol brasileño es producido siguiendo normas laborales y ambientales aceptables. Jank dijo que aceptaría esas condiciones si son aplicadas a todos los países, no solo a Brasil. Destacó, asimismo, que la cosecha está cada vez más mecanizada. En la actualidad, aproximadamente el 40% de la caña es recogida con máquinas. Hacia el 2015, probablemente toda la cosecha se haya automatizado.

Si bien los productores aseguran que capacitarán a los cañeros para que operen maquinarias y conduzcan camiones, Jank admite que "es inevitable que muchos se queden sin trabajo".

"Es un tema que tendremos que tratar con el gobierno y los sindicatos", manifestó.

 

 

AP

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