| 11/25/2007 12:00:00 AM

Desazón y desconsuelo en parientes de secuestrados colombianos

Desazón y desconsuelo en parientes de secuestrados colombianos

Para algunas familias esa gestión de Chávez, debido a que consideran que tiene afinidad ideológica con las FARC, era una luz al final de un túnel de años de ausencia de sus seres queridos.

Bogotá.- José Uriel Pérez dice estar "descorazonado" porque su sobrino, el suboficial del ejército Luis Alfonso Beltrán va a cumplir una década secuestrado en manos de las FARC y la más reciente esperanza de su liberación pareció desvanecerse.

Como Pérez, muchos de los parientes de militares, policías y políticos secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han manifestado su inconformidad con la determinación del presidente Alvaro Uribe de acabar con la mediación del mandatario venezolano Hugo Chávez y de la senadora colombiana Piedad Córdoba para lograr un canje entre rebeldes en prisión por esos rehenes en manos de la guerrilla.

Medio centenar de personas están cautivas por las FARC, pero sus historias, largas y penosas como de Beltrán, suelen quedar opacadas por los reclamos internacionales que se hacen por la libertad de personalidades como la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt o tres estadounidenses contratistas del departamento de Defensa de su país.

Ante la inusitada decisión de Uribe, algunas familias dicen que seguirán insistiendo en que Chávez continúe sus gestiones y Bogotá reconsidere su decisión y retome el proceso con el dirigente venezolano.

El gobierno de Uribe dijo que acabó con la mediación del venezolano debido a que contactó directamente a mandos castrenses colombianos, lo que calificó como inconveniente, así como por percibir un "juego de dilaciones" de las FARC para liberar a los retenidos.

"Nunca pensamos que el presidente Uribe de una forma tan brusca iba a cortar este proceso...fue tan desconsiderado. El no puede jugar con los sentimientos" de las familias, dijo Yolanda Pulecio, madre de Betancourt.

"Uribe fue el que se buscó esto (la negociación) por eso es tan incoherente la decisión" de terminarla así, agregó en una entrevista en su residencia.

Pulecio además dijo que se opone radicalmente a un rescate de su hija por parte de los militares.

"El rescate de ninguna manera. El rescate es igual a muerte. Le tenemos pánico. Le tenemos terror", dijo Pulecio, quien considera que una operación militar haría peligrar la vida de su hija, de la que tiene absoluta seguridad que está bien.

"Lo siento aquí en mi corazón que está viva", indicó.

Algunos parientes se quejan porque en la negociación parece haber secuestrados de primer grado, mientras otros son relegados: políticos en manos de los rebeldes encabezarían la lista de posibles liberados, mientras militares y policías de bajo rango ni se mencionan.

"Nuestros hijos no son un bulto de papas que se puede dejar podrir en la selva", dijo en entrevista telefónica el profesor Gustavo Moncayo, cuyo hijo Pablo Emilio, un soldado del ejército, fue capturado por las FARC en 1997 durante un ataque a un puesto de comunicaciones.

Pablo Emilio tenía 19 años al momento de su captura, y su padre dijo que la última vez que lo vio fue en un vídeo hecho por los rebeldes y divulgado en julio pasado.

"Hay que decirlo, por nuestros hijos (militares y policías) es que los colombianos tienen seguridad...y me duele ver que 'el tesoro' (de la negociación de un posible canje) sean algunos como Ingrid", agregó Moncayo, quien ganó fama nacional al recorrer a pie Colombia este año en un gesto simbólico, reclamando el retorno de Pablo Emilio.

Moncayo emprendió el 19 de noviembre una caminata de Bogotá a Caracas para entrevistarse con Chávez y presentarle el drama de los secuestrados colombianos.

Pérez dijo que "nosotros vemos valioso lo que hicieron en tres meses el presidente Chávez y la senadora Córdoba y que no lo ha hecho el gobierno en cinco años".

A Uribe "no lo conmueve nada, ni la muerte, ni el llanto, ni el dolor de los familiares de los secuestrados", añadió el tío de Beltrán, secuestrado en marzo del 1998 durante un combate en El Billar, en el departamento del Caquetá, a 420 kilómetros al sur de Bogotá.

 

 

AP

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