| 4/22/2009 12:00:00 AM

Conferencia de la ONU: Crisis mundial fomenta odios

GINEBRA  — La conferencia mundial sobre racismo abordó la crisis económica el miércoles y varios oradores hicieron hincapié en que el desempleo creciente podría fomentar la intolerancia contra los extranjeros si los gobiernos no toman medidas.

El tema del día fue la economía mundial y cómo los gobiernos deben poner en práctica sus promesas de combatir el racismo, después que un centenar de países aprobaron en la víspera una declaración de solidaridad.

"Sería ingenuo pretender que nuestros esfuerzos pondrán fin rápida e irreversiblemente a los prejuicios y el odio", dijo Terry Davis, titular del Consejo de Europa, el organismo continental de derechos humanos.

Los países no pueden obligar a la gente a ser tolerante, pero sí pueden promover el diálogo entre razas, religiones y etnias, añadió. En la batalla contra el odio, "no hay soluciones fáciles ni victorias inmediatas".

Haití, que depende en gran medida de las remesas de sus ciudadanos que trabajan en el extranjero, dijo que lo perjudica significativamente la xenofobia acentuada por la crisis, que "incrementa el odio contra los extranjeros y en particular contra los trabajadores migrantes".

El vicecanciller Jacques Nixon Myrthil dijo que "el racismo y la discriminación, lejos de disminuir, toman formas más virulentas", en alusión a conceptos expresados en la inauguración de la conferencia por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Ban pronosticó que "el malestar social, los gobiernos debilitados y la furia de la opinión pública" contribuirían a acrecentar la intolerancia si los países no abordaban los problemas económicos.

El alto comisionado de la ONU para refugiados, Antonio Guterres, dijo que muchos países reducían los programas de gobierno frente a la crisis económica global.

Pero "los esfuerzos para reducir el racismo y la xenofobia no deberían estar entre ellos", dijo y añadió que la lucha contra el racismo no requiere mucho dinero.

Las tensiones del Medio Oriente dominaron las discusiones en las primeras jornadas de la conferencia, prevista para durar una semana.

El lunes, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad —el primer alto funcionario de gobierno que usó la tribuna— pronunció una diatriba contra Israel, al que calificó de "régimen racista cruel y opresor". Delegados europeos abandonaron la sala y la ONU, Estados Unidos y otros países occidentales condenaron el discurso.

Estados Unidos, Australia, Canadá, Alemania, Israel, Italia, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia boicotearon la conferencia desde el comienzo. La República Checa se les unió después del discurso de Ahmadineyad.

Disturbios promovidos por grupos proisraelíes y proiraníes obligaron a la ONU a prohibir el acceso a 46 personas, dijo el vocero Rupert Colville.

El lunes, un centenar de grupos proisraelíes y judíos trataron de impedir el ingreso de Ahmadineyad a una conferencia de prensa.

El costo de la conferencia, incluidas las reuniones preparatorias, es de unos 5,3 millones de dólares, dijo Colville.

 

(AP)

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