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| 5/24/2013 10:04:00 AM

Compartir automóvil con desconocidos, un negocio en alza

La imagen del autoestopista en una cuneta tratando de llamar la atención de algún conductor caritativo parece condenada a desaparecer a medida que la idea de compartir coche florece como un negocio de costo mínimo y al amparo de las redes sociales, aunque no sin riesgos.

Fruto de la reciente crisis económica ha proliferado en EEUU una amplia variedad de empresas dispuestas a convertir cada automóvil en un vehículo de alquiler y proporcionar a su propietario un ingreso extra, al tiempo que ofrece a los clientes unos precios muy por debajo de las tarifas de servicios de taxi, Avis o Hertz.

Compañías como Sidecar y Lyft circulan ya por ciudades como San Francisco, Los Ángeles, Seattle, Chicago, Boston o Washington D.C., donde ponen en contacto a conductores particulares y potenciales pasajeros que solo tienen que pagar un donativo para realizar trayectos urbanos.

Zimride es su alternativa para distancias más largas. Ahí los usuarios publican los destinos a los que vayan ir próximamente con su automóvil y buscan compañeros de viaje con los que compartir conversación y gastos. Un precio por asiento para un recorrido de 350 kilómetros ronda los 20 dólares.

Pero si solo se busca hacer negocio y no conocer gente, compañías como RelayRides, Just Share It, Getaround o FlightCar, se encargan de sacar partido a los coches cuando sus dueños no los usan, aunque solo sea por una hora.

Una aplicación de móvil basta para indicar dónde está el automóvil más cercano disponible, el coste fijado por el propietario y, en los vehículos equipados con sensores que proveen algunas de esas empresas, incluso sirve para acceder al interior, coger la llave y emprender la marcha.

Un Audi A4 para circular por San Francisco, por ejemplo, se renta por 9 dólares en Getaround, gasolina aparte, e incluye un seguro de 1 millón de dólares, el estándar en el sector de coches compartidos. Del alquiler, la empresa se queda con el 40 por ciento.

Getaround asegura que 250 millones de automóviles están parados en EEUU durante 22 horas diarias y que sus dueños ganarían 5.000 dólares anuales solo si los compartieran durante un 25 por ciento del tiempo.

A diferencia de sus competidores que se centran en ofrecer solo el servicio de intermediación, FlightCar apostó por invertir en logística y dedicarse a sacar rendimiento a los coches que se apilan en los aparcamientos de los aeropuertos.

"Somos los primeros en hacer esto", aseguró a Efe Rujul Zaparde, cofundador de esta empresa que empezó a operar en febrero en San Francisco y acaba de expandirse a Boston.

FlightCar acoge gratuitamente en su estacionamiento los coches que los viajeros dejan antes de despegar y les paga si alguien lo alquila durante su ausencia. Incluye un transporte desde y hasta la terminal del aeropuerto y limpieza del vehículo.

"La gente que deja su automóvil para alquilar son profesionales de entre 20 y 30 años", comentó Zaparde que aclaró que por el momento son personas de unos 50 años quienes más interés han mostrado en usar su flota de vehículos prestados.

Para facilitar que la gente confíe en desconocidos, las empresas permiten que los usuarios puntúen el estado de los coches, o al dueño en caso de un servicio de taxi, mientras que al propietario le dan un informe de incidencias al volante del potencial cliente para ayudarle a decidir si quiere o no alquilar.

El negocio del coche compartido, para el que solo SideCar cuenta con un listado mas de 100.000 utilitarios en su base de datos, aún no tiene garantizada su expansión en todo EEUU dada la falta de regulación al respecto.

Los estados de California, Oregón y Washington han legislado ya para autorizar su funcionamiento siempre que los ingresos obtenidos por el dueño del vehículo sean limitados, pero el agravio para el sector del taxi y las compañías tradicionales de alquiler, que tienen que cumplir con inspecciones y obtener licencias específicas, es evidente.

En Nueva York, las autoridades y los tribunales han puesto freno a estas actividades al encontrar que sus operaciones entran en conflicto con las leyes de transporte público, por lo que SideCar y RelayRides suspendieron sus servicios.

Las empresas de automóviles compartidos cubren los daños que pueda ocasionar el usuario al vehículo, pero no se hacen responsables las condiciones mecánicas del mismo cuando es entregado para alquilar, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera pasa por sus manos.

FlightCar, sí hace una revisión, "aunque no en profundidad", reconoció Zaparde.

EFE/D.com

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