| 8/29/2007 12:00:00 AM

"Comercio justo para todos", nuevo libro de premio Nobel de Economía.

Nuevo libro de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía de 2001, señala en su último libro "Comercio justo para todos", que el comercio internacinol puede ser positivo para los países desarrollados, pero las reglas aún generan muchas injusticias.

Según Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía de 2001, el comercio internacional puede tener un importante impacto positivo sobre el crecimiento económico y sobre el desarrollo de los países, especialmente en el de los no desarrollados. Sin embargo, considera que son muchas las injusticias de las reglas del comercio internacional que trancan la posibilidad de dicho crecimiento y de dicho desarrollo.

En su obra "Comercio justo para todos", lanzado este agosto en Colombia por la editorial Taurus, el autor describe, junto con el también economista Andrew Charlton, cómo se pueden diseñar políticas comerciales en países desarrollados y en desarrollo con vistas a integrar a estos últimos en el sistema mundial de comercio y a ayudarles a beneficiarse de su participación.

“Bajo las circunstancias adecuadas, las políticas de reducción de aranceles y de otras barreras a la circulación de bienes y servicios pueden facilitar el comercio entre naciones y proporcionar un aumento del bienestar”, explican los autores.

Así mismo, sostienen que su obra se basa en la esperanza de que una mejor comprensión de los efectos de los acuerdos comerciales ayude a movilizar a la opinión pública tanto en los países desarrollados como en los menos desarrollados; reforzará los argumentos de los negociadores en lo duros “regateos” que caracterizan cualquier ronda de negociación comercial; y ayudará a que se produzcan reformas en los procedimientos y las instituciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que mejoren la transparencia y de unos resultados más equitativos.

“Ciertamente existe la preocupación de que al señalar la injusticia de las reglas del comercio global, este libro causará que los gobiernos y los actores con intereses creados en los países en desarrollo culpen a factores externos de sus problemas en lugar de embarcarse en difíciles reformas internas (…) Aunque es cierto que los países en desarrollo podrían hacer más por ellos mismos, y que muchos de sus problemas están sólo marginalmente relacionados con las restricciones de acceso a mercados externos, eso no constituye una excusa para un régimen de comercio internacional que les haga la vida más difícil. El hecho de que la verdad pueda conducir a los individuos a la infelicidad al darse cuenta de lo mal que han sido tratados no puede ser argumento para no embarcarse en la elaboración de análisis y en la difusión de sus resultados. Existe, por supuesto, el riesgo de que la terquedad del Norte y la falta de realismo en las expectativas del Sur pudieran conducir a un bloqueo”; dice Stiglitz.

Igualmente, asegura que algunos de los países desarrollados que se han mostrado como los más ardientes defensores de la liberalización comercial han sido en cierto modo hipócritas en su postura: han negociado la reducción de aranceles y la eliminación de subvenciones para productos en los que ellos tienen una ventaja comparativa, pero son más reticentes a abrir sus propios mercados y a eliminar sus propias subvenciones en otras áreas en las que los países en desarrollo tienen ventaja. Como resultado, ahora tenemos un régimen de comercio internacional que, en muchos aspectos, deja en desventaja a los países en desarrollo”, afirma el Nobel.

Y agrega: “En un mundo en el que muchos ven la pobreza global – algunas estimaciones cifran en más de 2.000 millones el número de personas que viven con menos de un dólar al día – como uno de los problemas mundiales más apremiantes, esto es especialmente preocupante. Parece obvio que si los países desarrollados quisieran verdaderamente promover el desarrollo deberían reducir los aranceles y las subvenciones a los productos de interés para los países en desarrollo.”

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001 “por sus análisis de los mercados con información asimétrica”, es actualmente catedrático de Economía de la Universidad de Columbia tras una intensa carrera académica como profesor en prestigiosas universidades, como Yale, Oxford y Stanford. Además, ha sido asesor económico del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial. Autor del best seller internacional El malestar de la globalización (Taurus, 2002), también ha publicado Los felices noventa (Taurus, 2003) y Cómo hacer que funcione la globalización (Taurus, 2006).

Andrew Charlton es investigador en la London School of Economics.



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