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Análisis: El dilema moral de EU hacia Egipto

Como ocurrió con Irán hace 30 años, los líderes de Estados Unidos se enfrentan a un dilema moral entre las exigencias de Washington de más democracia y acercamientos estratégicos con regímenes dictatoriales, vistos como fundamentales en un mundo cada vez más complejo, especialmente en el Medio Oriente.

Washington — El caos en Egipto, y sus potenciales consecuencias para la política de Estados Unidos en la región, era inevitable. Mensajes diplomáticos distribuidos recientemente por WikiLeaks mostraban que Washington sabía los crecientes problemas que enfrentaba en su relación con el régimen del presidente Hosni Mubarak y sus tres décadas de mando férreo.

Igualmente, otros aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente siguen atentos a su manejo de la situación en Egipto, buscando señales de lo que podría depararles en el futuro.

Por esa razón, funcionarios estadounidenses se han esforzado por tratar de caminar —diplomáticamente hablando— entre Mubarak, un viejo amigo y gran aliado en el mundo árabe, y los manifestantes que tomaron las calles en protestas que amenazan con sacarlo del poder.

Tanto el Departamento de Estado como la Casa Blanca, aparentemente frustrados con Mubarak, empezaron a discutir con prontitud la semana pasada sobre el futuro de los 1.500 millones de dólares anuales que Estados Unidos envía en ayuda económica y militar a Egipto.

La suma es apenas menor que la otorgada a Israel, una práctica que se remonta al tratado de paz de 1979 entre los dos vecinos que fue mediado por Washington.

Esa frustración ya había quedado registrada en un reporte de la embajadora estadounidense en Egipto, Margaret Scobey, al general David Petraeus a finales de 2008, antes de que se encontrara con Mubarak. Petraeus era en ese entonces el jefe del comando central de Estados Unidos.

"Ahora Mubarak hace poca pretensión pública de promover una visión de cambio democrático. Un desafío actual sigue siendo el balancear nuestros intereses de seguridad con nuestros esfuerzos de promoción de la democracia", escribió la diplomática, según un documento hecho público por WikiLeaks, el cibersitio enfocado en la filtración de información secreta.

La situación es similar a la reportada en las misivas diplomáticas sobre Túnez, donde una rebelión popular forzó la salida del presidente Zine El Abidine Ben Ali dos semanas atrás, luego de protestas callejeras violentas. Las protestas ocurrieron luego que WikiLeaks revelara que diplomáticos se sentían repugnados por la avaricia del régimen.

Al mismo tiempo, los reportes generalmente muestran una gran diferencia entre la realidad en el terreno y la política estadounidense oficial.

La política de Estados Unidos hacia el Medio Oriente se ve orientada por un rechazo a la inestabilidad, el temor de que radicales islámicos tomen el poder, como ocurrió hace 30 años en Irán, y el histórico respaldo a Israel, un estado judío rodeado por árabes.

Todo esto está acompañado de la fuerte dependencia estadounidense del petróleo de Arabia Saudí y otros estados árabes en la región del Golfo Pérsico.

 

(AP)

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