| 1/15/2012 9:00:00 AM

Hablan los sobrevivientes del Costa Concordia

Una fuerte explosión fue el primer indicio de que algo andaba mal. En ese momento comenzaron las horas de pánico que vivieron las más de 4.000 personas que viajaban a bordo del crucero Costa Concordia, tras el accidente que dejó tres muertos y decenas de desaparecidos.

BBC Mundo

Luego del estruendo, reinó la oscuridad.

"Estábamos cenando cuando de repente las luces se apagaron. Escuchamos una explosión y un fuerte crujido. Todos los cubiertos cayeron al suelo", dijo el pasajero Luciano Castro a la agencia italiana de noticias Ansa.

Según él, la tripulación aseguró que se trataba de problemas eléctricos, pero el caos fue inevitable: el buque ya se movía de forma violenta.

"El barco comenzó a temblar. Sentí pánico, como en una película: los platos caían al piso, la gente corría y algunos incluso se caían por las escaleras", señaló el sobreviviente Fulvio Rocci.

Quienes se encontraban a bordo describen que el barco se inclinó repentinamente hacia la izquierda.

"Les dijimos a los huéspedes que todo estaba bien y que teníamos la situación bajo control, en un intento por evitar el pánico", recuerda el camarero Deodato Ordona.

Eso ocurrió una hora antes de que se anunciara la emergencia general.

Pánico

Cuando el barco comenzó a balancearse de nuevo, pero hacia la derecha, el capitán ordenó abandonar el barco.

Ordona dijo que sus colegas y pasajeros esperaban utilizar los salvavidas, pero con este cambio se vieron obligados a buscar los botes que estaban del otro lado de la nave.

Mónica, una pasajera alemana que se encontraba en el teatro del crucero cuando comenzaron los problemas en el barco, describió lo difícil que fue llegar a los botes salvavidas.

"Era casi imposible caminar debido a la cantidad de gente. Primero se movió una vez a la izquierda y luego a la derecha. El barco se inclinaba y veíamos cómo se hundía más. En media hora el agua ya cubría la mitad de la embarcación", aseguró.

Fabio Costa, vendedor de una de las tiendas del buque dijo que cuando la gente se dio cuenta de que había un problema grave, reinó la desesperación.

"Todo sucedió muy rápido. La gente intentaba llegar a los botes salvavidas al mismo tiempo, en medio del pánico, se empujaban unos a otros. Fue un poco caótico. Tratamos de mantener a los pasajeros la calma, pero fue imposible. Nadie sabía lo que estaba pasando".

Según él, a los niños y las mujeres se les dio prioridad a la hora de asignar los lugares en los botes salvavidas, pero el procedimiento no funcionó porque muchos hombres no quisieron abandonar a sus familias.

Algunas personas decidieron que era demasiado difícil subir a un bote salvavidas y prefirieron nadar. La mayoría logró llegar con éxito a la cercana isla de Giglio.

"Como en el Titanic"

Elizabeth Nanni, encargada de información turística en Isola del Giglio, señaló que los que llegaron a la isla eran "sobrevivientes en estado de shock, gente desesperada busca a familiares, y algunos otros con hipotermia por haber saltado al mar".

"Por lo general, hay 700 personas en la isla en esta época del año, recibir a 4.000 personas en medio de la noche no fue fácil".

A todos ellos se les entregaron mantas y ropa seca, mientras que las iglesias y las escuelas fueron abiertas para refugiarlos.

Los heridos fueron trasladados por ferry y helicótero al hospital más cercano para que recibieran atención de emergencia.

Pero no todo el mundo tomó un bote salvavidas o nadó hasta la costa. Los equipos de rescate aún buscan sobrevivientes.

Hace pocas horas fueron evacuadas las últimas 50 personas que permanecían en la cubierta.

Rose Metcalf, una bailarina que trabajaba en el barco, fue una de las últimas personas en ser rescatas por un helicóptero tras aferrarse al buque siniestrado.

La británica de 22 años le dijo a su padre, Philip, que se sintió "como en el Titanic".

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