Publicado: 20/02/2013

Entre Vetas y California

Los colombianos todavía no podemos creer que estamos jugando en el club de los grandes.

Me llama la atención que cuando sale una noticia mala de la industria de hidrocarburos y minera, a los colombianos les da un Schadenfreude como el que nos da cada vez que le pasa algo a Petro. Cada que se anuncia otra investigación contra Petro saltamos de la dicha, y nos da un Schadenfreude, ese pesar por la víctima, pero al mismo tiempo la alegría de ver caer al prójimo.

Otro ejemplo de Schadenfreude, es cuando alguien se cae de la silla y nos morimos de la risa por dentro. Hay otro Schadenfreude más complicado: la fuga de carbón de Drummond que contaminó la bahía de Santa Marta. Nos da rabia con Drummond y nos alegramos de que le vaya mal, a pesar de que sabemos que si le va bien a las multinacionales, a nosotros también; y si les va mal, a nosotros nos va peor. Lo mismo que con el derrame de BP en el Golfo de México.

Los colombianos todavía no podemos creer que estamos jugando en el club de los grandes. Colombia nunca había estado en las grandes ligas del lobbying minero internacional. Ya estamos adentro de ese club y bien representados. Nuestras minas son las más grandes en su categoría a cielo abierto a nivel mundial, tenemos que aprovechar todo el leverage que ello significa. Tenemos unos inversionistas extranjeros valerosos y echados para delante.

No podemos perder la oportunidad de dar saltos cuantitativos importantes con nuevos descubrimientos y para ello hay que arriesgar capital y contar con un mínimo de seguridad para poder hacer sísmica exploratoria. La seguridad es condición sine qua non para poder explorar y crecer. De ahí tan importante el primer huevito, seguridad, ligado al segundo huevito, confianza inversionista. La actividad minera les permitió a Perú y a Chile desde principios del siglo pasado construir una infraestructura para la exportación que hoy todavía están aprovechando; hay caminos, comunicaciones, mejor dicho, infraestructura de puertos y carreteras. Colombia apenas está armando esa infraestructura y le tomará ponerse al día.

El aislamiento geográfico, la ausencia de una política de inmigración abierta y el antisemitismo hicieron que Colombia nunca atrajera inmigrantes como sí lo hicieron sus vecinos al sur, los países del Pacífico y Venezuela. Con Luis López de Mesa había una política antimigratoria claramente antisemita. Hoy, por primera vez se ven inmigrantes en Colombia, gente que viene a hacer negocios legales. Inmigrante que viene, inmigrante que innova. Los venezolanos se ven por todas partes.

Muchos extranjeros vienen a trabajar en el sector de hidrocarburos-minería. El PIB minero creció 14,3% en 2011, siendo el sector que más contribuyó al comportamiento positivo del producto, que creció a 4,1%. La Inversión Extranjera Directa (IED) minera pasó de US$507 millones a US$2.066 millones entre 2000 y 2010. La inversión extranjera en el sector petrolero representó 38,4% de la inversión extranjera total, y en minería 19,8%. El auge del oro no es solo en Colombia.

Los países que más han sentido el crecimiento jalonado por la minería son Chile, Colombia y Bolivia. En México la minería creció de 6,1% a 9,9% la década pasada. En Brasil la minería se triplicó como porcentaje del PIB. Es la fiebre del oro en toda la región. Nuevos desarrollos de orden mundial, como la mina Pueblo Viejo en la República Dominicana, van a ayudar a aumentar el producto de la minería. La mina, un proyecto conjunto entre Barrick Gold y Goldcorp, empezó a producir hace un mes y podría llegar hasta 2,9% del PIB dominicano en la próxima década. Por otros lados, Chávez va en sentido contrario.

El gobierno de Venezuela nacionalizó la minería en agosto de 2011 y ha bloqueado por años el desarrollo de Las Cristinas, una de las minas de oro más subdesarrolladas. El mes pasado Venezuela anunció que China International Trust and Investment Corporation va a desarrollar Las Cristinas. Vamos a ver qué requisitos les ponen a los chinos. Seguro ellos sí van a poder levantar el páramo con mercurio.

Y ojalá nosotros los colombianos salgamos de la patria boba. Me duele ver como se refieren los opinadores a Eco-Oro, como han pintado a una compañía que es 100% íntegra y que estaba haciendo las cosas bien. Me da un Schadenfreude triple. Es una empresa que cumple con todos los estándares y requisitos al 120%. Que les pregunten a las habitantes de Vetas, y de California –por algo tendrán esos nombres–, allá cerca del páramo de Santurbán, qué prefieren, ¿mina legal que paga regalías o mina ilegal?
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