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Publicado: 21/02/2013

El escándalo de Easyfly

El escándalo de Easyfly

La historia de InterBolsa no termina. Dinero revela el uso irregular de más de $82.000 millones que desvió la firma comisionista para comprar acciones de la aerolínea EasyFly. No solo engañó a varios clientes; además, habría celebrado una asamblea hechiza.

El 21 de noviembre de 2012, diecinueve días después de que el Gobierno interviniera InterBolsa y de que su nombre sonara sin cesar como el protagonista del mayor escándalo bursátil en los últimos tiempos, Rodrigo Jaramillo se presentó a la asamblea general de la aerolínea EasyFly. Lo hizo en calidad de representante de un fondo privado de inversiones, dueño de 40% de las acciones de la compañía aérea.

Ni al secretario ni a ninguno de los participantes de la supuesta asamblea –sobre cuya realización real hay serias dudas– se le hizo extraño que Jaramillo, presidente de InterBolsa, se presentara a las deliberaciones. Tampoco a nadie se le ocurrió aplicar el reglamento y pedirle que presentara un poder que demostrara que efectivamente el Fondo de Capital Privado InterBolsa Inversiones de Capital le había delegado la representación. En las actas estaba claro que el único vocero era Mauricio Infante, presidente de la empresa administradora del fondo.

La presencia de Jaramillo en la supuesta asamblea fue mucho más que una casualidad. Jaramillo habría llevado la voz cantante en una decisión que terminó por dejar embolatados más de $82.000 millones de inversionistas que de buena fe le habían confiado su dinero al fondo. Dichos inversionistas eran en su mayoría compañías bien acreditadas del sector de la construcción.

Según la escritura pública 10062, radicada en la Notaría 38 del Círculo de Bogotá, la asamblea aprobó una reforma estatutaria que, en esencia, dispuso que cualquier transferencia de acciones de EasyFly quedaba sujeta a la aprobación de la junta directiva. No era cualquier friolera. En la práctica, eso obligaba a los clientes del fondo –que por entonces exigían la devolución de su dinero a raíz del escándalo de InterBolsa– a tener que ofrecerles sus acciones a prorrateo y de manera preferencial a los demás dueños de la aerolínea.

El problema es que varios de los miembros de la Junta de EasyFly eran también los mismos dueños de Interbolsa: Víctor Maldonado, Rodrigo Jaramillo y su hijo Tomás Jaramillo (que aparecía como suplente). Por esa razón, y tras modificar en la Asamblea los estatutos de la aerolínea, procedieron a cambiar la junta directiva de la misma. A ella llegaron nombres como los empresarios Eldad Ben-Yosef y Francisco de Paula Muñoz Grisales.

Con el control de la junta, EasyFly les hizo saber a los inversionistas del Fondo que no le interesaba comprar su participación en la empresa. Así lo recuerda Daniel Rincón, presidente de un grupo empresarial del que hacen parte Brad S.A. y Porto 100, a las que, según expresión de sus ejecutivos, les quedaron “congelados” en el fondo cerca de $3.900 millones que equivalen a 51.771 unidades accionarias (ver recuadro con testimonios de los inversionistas).

Entre los clientes del Fondo figuran también el Consorcio Erijar, el Grupo Ejecutor Hatovial de Antioquia, Inversiones Vigoval Ltda., la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud y la compañía Blue Sky Yield Colombia S.A.S, una empresa de origen panameño, cuyos directivos dicen que solo han podido recuperar una pequeña parte del dinero.

El lío es todavía más delicado, si se tiene en cuenta que ninguna de esas empresas quería meter su plata en el Fondo de Capital Privado de InterBolsa que invirtió en EasyFly. Si bien todas ellas tenían plata en la comisionista, a ninguna se le preguntó si querían destinarla al famoso Fondo de inversión. Solo se enteraron el día que les llegó el extracto. El primer paquete accionario fue adquirido el 28 de octubre de 2011 por algo más de $12.460 millones. Para el 31 de octubre de 2012, menos de un año después, dicho paquete valía ya $82.302 millones.

“Lo que más me duele es que nos buscaron para que ampliáramos las inversiones cuando toda la línea de mando de InterBolsa sabía que la comisionista, a través de la cual habían hecho las operaciones con nuestros recursos, sería intervenida”, dijo otro de los clientes.

Asamblea hechiza

La manera vertiginosa como fueron tomadas las decisiones para bloquear sus derechos despertaron las sospechas de los inversionistas del Fondo, que para entonces ya estaban engrampados con 40% de las acciones de EasyFly y ni siquiera tenían derecho a venderlas.

Las firmas de abogados que contrataron coinciden en que no existe una prueba contundente de que la Asamblea de EasyFly del 21 de noviembre se haya realizado realmente. En consecuencia, las decisiones que allí se tomaron son ineficaces. Esa ineficiencia es, precisamente, una de las razones que sustentan las demandas que preparaban al cierre de esta edición.

La sospecha parece tener asidero. El propio presidente de la SAI de InterBolsa, Mauricio Infante, le confesó a Dinero que jamás le dio poder a Rodrigo Jaramillo para que asistiera en representación de este a la Junta de EasyFly. De hecho, Infante le dio poder a un prestigioso bufete y le pidió investigar, entre otras cosas, por qué él nunca fue citado a la asamblea si estaba a cargo de la administración del Fondo.

En varios correos electrónicos que se cruzaron durante la segunda mitad de enero, los abogados desnudaron varias inconsistencias. El acto notarial firmado por Alfonso Ávila Velandia, presidente de EasyFly, que daba fe de la realización de la asamblea y de la nueva composición de la junta directiva, fue registrado en la Notaría 38 cuando ya estaban en marcha las reclamaciones de los clientes del fondo. Requeridos por sus contrapartes, los abogados de EasyFly admitían que no habían logrado encontrar el poder supuestamente presentado por Jaramillo. Nadie sabía dónde había deliberado la asamblea ni conocía documento alguno que certificara el quórum.

Buena fe guardada…

Dinero buscó la versión del presidente de EasyFly. En su representación habló el abogado Gustavo Cuberos: “La operación –dijo el jurista– ha sido transparente”. Explicó que, aunque la Asamblea no deliberó presencialmente, la firma acudió válidamente a la Ley 222 de 1995 que permite su realización virtual. “En las asambleas no presenciales se puede participar mediante e-mails e incluso mediante cartas. En nuestro caso, las decisiones fueron tomadas con las mayorías exigidas”, agregó.

El abogado admitió que fue un error no haberle pedido a Rodrigo Jaramillo que presentara un poder, pero que dada la relevancia del personaje y la familiaridad con la que se movía en los círculos de una empresa, de cuya junta directiva hizo parte, aquí es posible aplicar la figura de la “representación aparente” aceptada en las valoraciones judiciales.

A juicio de Cuberos, la decisión de dejar en la cabeza de la junta directiva la autorización para el traspaso de acciones no busca pasar por encima de los intereses de ningún inversionista sino reforzar el derecho de preferencia, algo que es tradicional y legítimo porque las empresas tienen derecho a saber cuáles son las calidades de sus socios. Para él, EasyFly reconoce como accionista al fondo de inversión con su 40%, pero no a los inversionistas individualmente considerados.

Con todo, el equipo jurídico de EasyFly se ha declarado dispuesto a aceptar una “reunión universal” con la asistencia de los inversionistas del Fondo para corregir los errores que pudieron haber sido cometidos por la Asamblea. Sin embargo, expertos opinan que aun en el evento de una amigable composición, la justicia no podrá ignorar los delitos cometidos, si se prueba, como todo parece indicar, que la Asamblea no existió y que en su lugar de produjo un acuerdo de voluntades para birlar un dinero invertido de buena fe.
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