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Publicado: 20/02/2013

Obras son amores

Obras son amores

Si Juan Manuel Santos quiere la reelección, deberá imitar lo que hizo Rafael Correa en Ecuador: ejecución, ejecución, ejecución.

Mientras 60% de los colombianos dice que no votaría por la reelección del presidente Santos, según la última encuesta de Datexco y La W Radio, en Ecuador ocurre todo lo contrario: Rafael Correa barre en las elecciones presidenciales y consolida su reelección. Correa obtuvo 57% de los votos en primera vuelta y se atornilló a su silla en el Palacio de Carondelet hasta 2017. Acumulará un total de once años en el poder, mucho más que cualquier otro presidente democrático en el Ecuador y tiempo suficiente para asegurar su puesto como un gran reformador en la historia de ese país.

El contraste con el caso colombiano salta a la vista. Mientras Correa goza de un nivel de aceptación de 80%, tan solo 43% de los colombianos tiene una imagen favorable de su presidente, según la encuesta citada. Incluso, más preocupante puede ser la evaluación que los empresarios colombianos hacen hoy de la gestión del presidente Juan Manuel Santos.

En la medición anual de Dinero e Invamer Gallup sobre la aceptación del Presidente y su gabinete ministerial, utilizando una muestra de 200 presidentes y vicepresidentes de grandes empresas, la calificación del mandatario bajó de 3,47 a 3,26 entre 2012 y 2013. Eso significa que hay siete Ministros que son más populares que el propio Presidente de la República.

A pesar de su estilo populista y camorrero, Rafael Correa es exitoso. La clave está en su vasta capacidad de ejecución. Es un maestro para convertir las buenas intenciones en hechos concretos. Su gobierno ha intervenido 7.000 kilómetros de carreteras e invertido en ello más de US$5.000 millones. Ha hecho puentes, autopistas de ocho carriles y una red de nuevos puertos con tecnología de vanguardia. Correa ha reconstruido cuatro aeropuertos y está levantando ocho hidroeléctricas para lograr autosuficiencia energética y no depender de las compras a Colombia y Perú. Además, acaba de poner la primera piedra del Metro de Quito, una red de 18 trenes subterráneos que transportará 400.000 pasajeros al día y que, gracias al apoyo financiero de su gobierno, estará lista en tres años. El pasado 20 de febrero inauguró el nuevo aeropuerto internacional de Quito, ubicado en Tababalela, a las afueras de la capital, con la segunda pista de aterrizaje más larga de Latinoamérica después de la de Buenos Aires.

La inversión del gobierno ecuatoriano en obras públicas representa 13% del Producto Interno Bruto del país. La cifra parece exorbitante al lado de lo que invierte el gobierno colombiano en infraestructura: 1% del PIB. La gran meta de Santos es elevar esa cifra a 3% en la próxima década, según lo ha dicho Luis Andrade, el presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura.

Es posible que la comparación parezca injusta. Rafael Correa lleva seis años en el poder y Juan Manuel Santos apenas tres. Colombia vive azotada por la guerrilla y el narcotráfico y Ecuador no. Colombia tiene una historia de corrupción y atropello en la construcción de obras públicas que podría ser superior a la de muchos otros países. Las regiones y ciudades tienen más autonomía en Colombia que en otras partes para resistirse a las guías del gobierno central –como lo demuestra el conflicto entre el gobierno nacional y la alcaldía de Bogotá sobre la construcción de vivienda de interés social, o sobre el metro como solución de transporte masivo–.

Todo eso puede ser cierto, pero los hechos son incuestionables. La construcción de obras públicas en Colombia está extraordinariamente rezagada. El propio Banco de la República ha identificado que el bajo crecimiento de la construcción de obras públicas y viviendas le está restando dinamismo a la economía. Los planes de la Agencia Nacional de Infraestructura, modestos en comparación con los ejecutados por Ecuador, solamente se traducirán en obras reales al final de este gobierno, en el mejor de los casos.

El hecho es que Correa ejecuta y cierra las obras que plantea, mientras en Colombia no logramos salir del debate, el diagnóstico y la buena intención. Los votantes de todos los países quieren ver resultados de sus gobernantes. Si Santos quiere la reelección, quizás debería copiar algunas páginas de la estrategia de Rafael Correa en Ecuador y enfocar todas las energías de este gobierno en la ejecución.
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