Publicado: 23/01/2013

Al fondo del abismo

Ampliar el límite del endeudamiento estadounidense se ha convertido en un drama que podría aplazarse hasta mayo y que es hoy una de las principales amenazas a la estabilidad financiera mundial.

Luego de una reñida campaña electoral y tras conseguir tormentosos acuerdos para evitar un incremento de impuestos que amenazaba con llevar a Estados Unidos a una nueva recesión, Barack Obama comenzó su segundo mandato con un mensaje esperanzador, prometiendo más equidad.

No obstante, sus buenas intenciones se enfrentan con una realidad complicada, pues las dificultades que empañaron su primer mandato siguen intactas y podrían empeorar en este cuatrienio.

Su gran problema sigue siendo la economía y el descuadre fiscal de su país, cuya solución se ve enredada por la oposición republicana, mayoría en el Congreso.

Al cierre de 2012, el gobierno Obama logró desactivar la bomba del llamado ‘abismo fiscal’, que traía una combinación de recortes de gastos y aumento de impuestos, pero para mediados de febrero se espera una segunda batalla, ya no por el abismo, sino por el techo de la deuda. Esto se refiere a una particularidad del sistema estadounidense, que obliga al Departamento del Tesoro a pedir permiso al Legislativo para endeudarse por encima de lo establecido.

Aunque el Congreso aprueba el presupuesto, que implícitamente incluye un déficit, la misma ley no contempla la forma de financiar dicho saldo en rojo, lo que los obliga a aprobar una nueva norma cada vez que se les acaba el dinero para pagar sus obligaciones.

Históricamente, el techo de la deuda se ha convertido en una molestia para el gobierno de turno, dado que la oposición lo aprovecha para obtener concesiones. Sin embargo, en 2011 la polémica llegó a extremos no previstos, al punto que le costó a Estados Unidos la pérdida de su calificación AAA.

Dos años después se revive el debate y, sin haber comenzado, ya las calificadoras amenazaron con una nueva rebaja de la nota, dado que los legisladores estadounidenses cada vez están más polarizados. Los republicanos, furiosos porque en la resolución del “abismo fiscal” no lograron recortes de gastos y sí tuvieron que ceder en aumentos de impuestos, harán lo posible para complicar esta nueva negociación, mientras los demócratas están pecando por excesiva creatividad al buscar soluciones: uno propuso que acuñaran una moneda de US$1 billón y así se evitaban la emisión de bonos, mientras otros pidieron invocar la Enmienda 14 de la Constitución, que dice que no se debe cuestionar la validez de la deuda estadounidense, así no paguen, una idea que Obama ya rechazó.

Con cascarita

Al cierre de esta edición se vislumbraba una primera salida: una propuesta de los republicanos para aumentar el techo de la deuda por el monto que sea necesario hasta el 19 de mayo, cuando tendría que volver a discutirse el tema. El límite de endeudamiento está hoy en US$16,4 billones y no se sabe cuánto subiría con esta propuesta, además, alargar la discusión no asegura que a futuro se encuentre una salida fácil.

La idea de los republicanos era debatir su propuesta el 23 de enero, pues debe ser aprobada por los demócratas y, además, incluye una cascarita: ellos ceden en ampliar el techo de la deuda por casi cuatro meses, siempre y cuando su contraparte apruebe el presupuesto del siguiente año fiscal antes del 15 de abril y, si no cumplen para esa fecha, los salarios de los legisladores serán retenidos hasta que pasen dicho presupuesto. Su idea es que en esa aprobación se evidencie “el gusto de los demócratas por el déficit, sin recortar el gasto”.

Otra de las razones de los republicanos para ceder temporalmente en el techo de la deuda tiene que ver con uno de los líos fiscales estadounidenses, conocido como el sequester (algo así como una confiscación) y que se refiere al recorte de US$110.000 millones en gastos de defensa y otros temas internos, como seguridad social. Dicho recorte se hace efectivo el primero de marzo y, al aplazar la discusión sobre la deuda, se pueden dedicar todas las energías de los congresistas al sequester.

Pese a los intereses de los republicanos, la oferta de aumentar el techo de la deuda, así sea por corto plazo, fue bien recibida por los mercados, que ya estaban temblando ante la posibilidad de que no se lograra un acuerdo. No en vano para The Economist esta discusión se ha convertido en un “arma de destrucción financiera masiva”, que ya es anacrónica, pues el ajuste de las finanzas estadounidenses no debería hacerse con la amenaza de un default.

Sea como sea, el anuncio de los republicanos de querer aplazar la discusión fue aplaudido incluso por sus críticos, como el premio Nobel, Paul Krugman, quien había reprochado a la Casa Blanca su estrategia intransigente frente a la negociación, pero admitió que se equivocó y que el plan de Obama funcionó y llevó a los republicanos a ceder. Otros expertos piensan que al partido de oposición no le quedaban muchas salidas, dado que su imagen negativa es hoy de 49%.

Falta ver si los demócratas aceptan aplazar el debate hasta mayo y si, en el entretanto, los políticos estadounidenses logran un acuerdo que ponga la casa en orden y calme los nervios del planeta.
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