Publicado: 26/01/2013

Una solución fácil

No se adelanta mucho con darles a los actuales minifundistas un poquito más de tierra.

En Colombia hay la idea de que la pobreza campesina no es un problema de todos los colombianos sino solamente de los dueños de los predios rurales –siempre que no sean minifundistas-. En ese error cayó el viernes pasado el exministro Rudolf Hommes (RH), quien en su columna de El Tiempo publicó una receta para la reforma agraria que se está discutiendo –o se discutirá- en La Habana, al sugerir que “las grandes propiedades” colombianas cedan 20% de su tierra a los minifundistas, lo que –según RH- aumentaría automáticamente la productividad agropecuaria en 32%.

RH sustentó esta propuesta en un “revelador estudio ” que terminó Fedesarrollo en diciembre de 2012, titulado “Políticas para el desarrollo de la agricultura colombiana”, cuyo contenido –según RH- “crea nuevas inquietudes sobre la política de tierras y el papel de los campesinos en el desarrollo futuro del campo colombiano que son muy relevantes para las negociaciones que se llevan a cabo en La Habana”.

Dice RH que este estudio “confirmó” que en Colombia son más productivos los predios pequeños que los grandes y además estableció que la productividad de los minifundios -predios con menos de 0,5 Unidades Agrícolas Familiares (UAF) de extensión- es 40 veces superior a la de los grandes productores – predios con más de 10 UAF-.

Se diría que en su columna RH trató de presentar argumentos técnicos para justificar que el Estado pueda quitar tierra -esté o no bien explotada- a quienes tienen más de 10 UAF para dársela a los minifundistas. En esto, RH se apartaría de la posición planteada hasta ahora por el Gobierno en el Proyecto de Ley de Tierra y Desarrollo Rural, que consiste en atacar el latifundio improductivo pero no las tierras bien explotadas, para acercarse a algunas de las propuestas que se hicieron en el foro agrario de diciembre pasado, según las cuales, por ejemplo, nadie podría tener mas de 100 hectáreas.

El problema de los argumentos esgrimidos por RH –quien normalmente hace contribuciones muy interesantes sobre diversos temas- es que además de ser técnicamente flojos pueden empobrecer el debate sobre el futuro del agro colombiano que actualmente sostiene el país en el marco del proceso de paz.

Comenzando por lo técnico, recordemos que la relación inversa entre el tamaño de los predios rurales y su productividad –que por cierto no es una novedad pues ya hace muchos años fue reconocida por la literatura económica mundial- es una tendencia general que no siempre se concreta, razón por la cual no se puede fundamentar la política pública en la fórmula simplista de reducir el tamaño de los predios grandes, los cuales en numerosas ocasiones son más productivos que los pequeños como consecuencia de factores regionales tales como el tipo de cultivo, la clase de tierra, el clima, la disponibilidad de mano de obra, etc. Además, nada garantiza que esta relación inversa se mantendrá en el tiempo ya que es posible –y se ha visto en otros países- que los cambios que ocurrirán en este sector, cada vez más afectado por la evolución de los mercados externos, el clima, las innovaciones tecnológicas y demás, incidan más negativamente en la productividad de los predios pequeños que en la de los grandes.

Por otra parte, no es válido suponer –como lo hizo RH- que la alta productividad que logran las familias campesinas en predios que miden menos de media UAF se mantendrá una vez que tengan acceso a más tierra para laborar, ya que es muy probable que esta no sea resultado de mejores prácticas sino de los esfuerzos agónicos de los campesinos pobres, que no podrían hacer en predios de mayor tamaño.

El problema de inequidad que se esconde tras la pobreza campesina de hoy no es el mismo que ocurría hace 100 años cuando solo había en Colombia propietarios rurales ricos y campesinos miserables. Hoy las ciudades, donde vive el 74% de la población , producen casi 90% del PIB nacional, mientras que el campo, donde viven 26% de los colombianos, produce menos de 10%. Por esto el Gobierno deberá transferir hacia el campo -y hacia los campesinos- un considerable porcentaje de los recursos que obtiene de los demas sectores (servicios, industriales, mineros, etc.) si quiere hacer más equitativa la sociedad colombiana.

Ademas, no se adelanta mucho con darle a los actuales minifundistas un poquito más de tierra, porque ni el minifundio ni la UAF permiten que los campesinos sostengan el nivel de vida que quiere tener la gente en el mundo moderno. Solo son trampas de las cuales estos siempre buscarán escapar huyendo a la ciudad. Por eso, no basta con hacer la reforma agraria para solucionar la pobreza de los compatriotas que viven en el campo; es necesario un plan complementario para crear en las ciudades el gran número de empleos que ellos necesitarán.

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1 Advertencia: me basé únicamente en lo que dijo RH sobre el estudio de Fedesarrollo, porque aunque su propuesta de reforma agraria ya está rodando, en esa entidad me dijeron que ese estudio solo estaría disponible en marzo.

2 DANE. Metodología y resultados del Censo 2005.

3 DANE. Metodología y resultados del Censo 2005.


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