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Publicado: 24/01/2013

El falsificador

El falsificador

Dinero revela grabaciones en las que Alessandro Corridori, pieza clave en el caso InterBolsa, admite que escaneó y utilizó firmas de clientes para comprar acciones.

Una grabación de una hora y cinco minutos, que registra conversaciones en las que Alessandro Corridori acepta que escaneó y utilizó sin autorización las firmas de algunos de sus clientes para hacer operaciones bursátiles que le permitirían buscar el control accionario de Fabricato, es una de las pruebas con las que la Justicia espera definir pronto la suerte de este italiano, uno de los actores principales del descalabro de InterBolsa.

Junto a los audios, Miguel Ángel Mora, fiscal 56 destacado ante el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), dispone de documentos que, analizados por grafólogos, no ofrecen mayores dudas en cuanto a que las firmas sobrepuestas “respaldaron” operaciones por más de $100.000 millones abonados a las cuentas de aquel hombre, nacido en la ciudad toscana de Grosetto, e Invertácticas, su empresa unipersonal.

Lejos de lo que podría pensarse, las pruebas no tienen un carácter exclusivamente incriminatorio, sino que reflejan una suerte de confesión acompañada de un propósito de enmienda. “No es una ayuda, es un deber: voy recuperar su dinero”, dice Corridori en un pasaje de la grabación en el que asume sus responsabilidades.

“Es cierto que Alessandro va a aclarar ante los jueces lo ocurrido. Pero dejará en claro que no actuó a espaldas de los clientes que ahora le achacan culpas para huir de sus propias responsabilidades”, le dijo a Dinero Juan Manuel Balcárcel, su abogado, durante una charla que la tarde del miércoles 16 fue interrumpida por la sorpresiva visita de una comisión de la Superintendencia de Sociedades que llegaba a tomar recaudo de los documentos contables de Invertácticas.

Un café amargo

La historia de las grabaciones y documentos, que reposan en el expediente 11001160000027201200320 de la Fiscalía, se inició la mañana del 9 de noviembre del año pasado. Ese día, presa de la crisis que le producía un aluvión de noticias que sobre la intervención de la comisionista había soportado durante una semana, Corridori decidió responder personalmente a los reclamos que comenzaban a hacerle sus clientes, encabezados por el empresario Alfonso Manrique y Lina María Barguil, prima segunda de este.

Antes de salir de su apartamento del barrio La Cabrera, el italiano llamó a Balcárcel para pedirle que lo acompañara a una cita con sus clientes en uno de los cafés de la cadena Oma. Allí lo aguardaban, además de Barguil, gerente de la firma Cromas y accionista de Fabricato, los abogados Juan Pablo Liévano y Gerardo Jiménez.

El café que ordenaron, y que a Corridori debió parecerle el más amargo de su vida, se enfriaba sobre la mesa mientras abogados y clientes lo sometían a un interrogatorio sin tregua. ¿De dónde había sacado las firmas con las que consiguió que $35.000 millones que pertenecían a Cromas fueran utilizados para comprar y ‘repiar’ acciones?

Entre balbuceos porque, a juzgar por el contenido de la grabación, sus interlocutores no le permitieron al principio articular una frase completa, Corridori intentaba explicar que tenía una “autorización genérica” de Cromas para hacer las operaciones.

El abogado Liévano quiso concretarlo con un ejemplo gráfico: el pollo, le dijo, se come presa por presa. “Aquí no te estamos preguntando por la autorización genérica que se usa para abrir una cuenta, sino por las firmas de autorización que requiere cada una de las operaciones que hiciste a nombre de Lina”.

A esas alturas, Corridori ignoraba que tanto Manrique como Barguil se habían reunido ya con el liquidador de InterBolsa y con Rocío Villalba, quien en los tiempos de auge de la comisionista había sido operadora de varios movimientos bursátiles de las acciones de Fabricato. Mediante derechos de petición, lograron que ellos les entregaran copias de los documentos que eran presentados por Corridori en representación de sus mandantes para conseguir millonarias sumas para producir sus maniobras.

Varios de esos papeles registraban las firmas de sus clientes pero con una particularidad: sus rasgos y tamaño eran idénticos a las estampadas en otros documentos –esos sí oficiales– de Odinsa y de Cromas. Estaban sobrepuestas, en idénticas condiciones, sobre un protocolario “cordial saludo”.

Uno de los investigadores le dijo a Dinero: “Hemos encontrado que quien usó las firmas escaneó cinco muestras de ellas, quizá porque sabía que una persona nunca firma igual en todas sus cartas o documentos. Entonces las sobrepuso de manera escalonada, para no dejar sospechas, en cada cuatro o cinco “autorizaciones” presentadas ante InterBolsa.

Cuando Corridori tuvo los papeles frente a sí, reconoció que él había escaneado las firmas. Aunque, durante su charla con la Revista, su abogado Balcárcel lo negó, lo cierto es que en la grabación él mismo confirma lo dicho por su defendido y avala la promesa de este de recuperar el dinero que tomó de sus clientes para comprar aceleradamente la participación mayoritaria en Fabricato.
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