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Publicado: 21/01/2013

Venza sus temores frente a los socios

Venza sus temores frente a los socios

Desde el punto de vista estratégico, pensar hoy en no tener socios es un exabrupto en una economía abierta y altamente competitiva, en la que son las empresas que han constituido fuertes alianzas, las que están dominando los mercados del mundo. Opinión de Gonzalo Gómez.

En Colombia nos han formado de manera excluyente, con la idea de que tener socios en los negocios es riesgoso y problemático. De hecho he escuchado a empresarios de mucha trayectoria decir que a los accionistas minoritarios hay que mantenerlos al margen, dándoles poca información, de manera que no intervengan y no le hagan la vida difícil a los directivos. “a los accionistas minoritarios hay que darles poquito dinero, constante e información para que no pongan dificultades”.

Esas frases están en el inconsciente social de los empresarios colombianos, surgen de manera espontánea en conversaciones informales que no dejan de demostrar la realidad de lo que somos. Sin embargo, cabe anotar que la predisposición hacia los socios tampoco ha sido infundada; en el pasado se han tenido eventos complicados como por ejemplo el proceso que vivió la empresa Carulla, cuando se vivió un take over hostil cuando de buena fe don Jorge Carulla, permitió el ingreso de nuevos socios, pero no tenía información de que éstos junto con la administración estaban fraguando sacar del camino al fundador, lo cual consiguieron rápidamente. O los casos de sociedades de familia en las que el individualismo ha primado sobre la vocación colectiva familiar, entre los casos más nombrados están la división de Leonisa, Lec Lee, El Tiempo, Legis, Avon y Yanbal, grupo Delima; algunos de estos casos han terminado en litigios legales y especialmente en conflictos familiares.

¿Qué ha ocasionado estos grandes descalabros entre socios? La razón principal es e l poco entendimiento de lo que significa tener un socio o ser socio, y muy a mi pesar, creo que en lugar de tener organizaciones fuertes que nos ayuden a unir o conciliar a los socios, lo que usualmente se hace es contratar abogados que terminan dividiendo las organizaciones y colocando cláusulas de protección de cualquier orden a los accionistas mayoritarios. Basta con mirar los contratos que establecen los abogados cuando se va a crear una sociedad, para darse cuenta de la cantidad de prevenciones y la desconfianza que se genera, incluso desde antes de iniciar la sociedad.

Hemos aprendido de muchos asesores que siempre es conveniente pensar en el peor escenario , por lo que nuestros contratos y nuestros temas societarios, están pensados en la circunstancia más negativa, en cómo no salir mal librado, lo que ocasiona un distanciamiento entre los socios sin haber empezado el negocio. La justificación lógica de los asesores es que esto le ha pasado a muchas personas, por lo cual, el mensaje que está quedando en el inconsciente colectivo es que las sociedades son malas.

Considero que la cura a todos estos males es el Gobierno Corporativo, es ceder control por un patrimonio más grande y mejor, es un mundo de confianza en vez de desconfianza, es pensar que el otro va a actuar correctamente y no incorrectamente, es pensar que en vez del conflicto de intereses, puede haber armonía de intereses. En definitiva es entender el aporte de cada socio y dedicar más tiempo a conocer la persona que a diseñar contratos. No dejo de recordar una reunión que tuvimos con un expresidente de Verol en Inalde, donde contaba que en una negociación tuvieron un periodo de 6 meses para que los conocieran como socios, poniéndole arduas pruebas de valores y principios, y al confirmar que eran personas honorables firmaron el acuerdo rápidamente, más basados en la confianza y en el valor de la palabra que en sofisticados contratos que contemplaran todas las contingencias posibles. ¡Primero conozca sus socios potenciales y luego haga sociedades!

Buena parte de los anteriores conflictos se da porque en la cabeza de los empresarios existe la idea de tener el 51% de la compañía para tener el control y asegurar su poder frente a las decisiones de la Junta Directiva y la Asamblea de Accionistas. En mi criterio esta no es una buena determinación, ya que en la praxis de las Juntas Directivas se trata de buscar concesos, no votaciones, es lo que se enseña hoy en las escuelas de negocios. Las votaciones dividen. Incluso observamos como en los códigos de buen gobierno se les pide a las empresas que tengan Juntas Directivas impares con la idea que ante una división de la junta puedan entrar en votaciones, buscando siempre llegar a una solución. En las Juntas Directivas que Presido no permito votaciones, sino que busco consensos, y si no se obtienen nombro un comité que trabaje el tema, esto con el fin de mantener un buen ánimo societario, debido a que el buen gobierno corporativo exige que todos los miembros de Junta se deban a la empresa y no a un socio en particular.

Las universidades no nos enseñan a ser socios, de hecho esa materia no existe como tal, existe en las facultades de derecho, pero orientada a las clases de sociedades y de contratos, pero muy a pesar nuestro, no veo en las escuelas de administración, economía o ingeniera, que se enseñe el ánimo societario, los derechos y responsabilidades de los socios, el gobierno corporativo, la comunicación, la información, si aprendiéramos de todos estos temas desde las instancias universitarias, podríamos entender que el socio jamás puede considerarse como un enemigo.

Hay diferentes tipos de socios, formas de tratarlos, formas de comunicarnos con ellos, cada uno tiene distintas necesidades; así como se conocen diferentes clientes, por qué no se piensa en los socios que son los que pusieron su capital en la empresa, sin ellos no sería posible tenerla, como propietarios no podemos quedarnos en la trillada y anticuada ley en la que el accionista sólo puede revisar los informes y tener derecho de inspección 15 días antes de la Asamblea General anual.

En mi experiencia es tan fácil tener socios y me encantan las sociedades, así no me haya ido bien en algunas, porque de entrada respeto a mis socios, les consulto, les informo y voy más allá de la ley y de los códigos de buen gobierno. ¿Por qué siempre miramos la paja en el ojo ajeno y no miramos la biga en el propio? ¿Hablamos siempre mal de lo que otros hicieron y no de lo que estamos haciendo? He escuchado cualquier cantidad de improperios hacia los accionistas y miembros de junta directiva de Interbolsa que por supuesto se equivocaron y cometieron muchos errores, pero por qué no aprovechar esta situación para ver qué tipo de prácticas similares a las de ellos estamos ejerciendo en nuestras compañías.

Invito muy especialmente a las facultades de administración y a las escuelas de negocios para que desde la base enseñemos lo que implica ser un buen socio, nuestras responsabilidades, nuestros deberes; a Confecámaras para que hagan una revisión de sus prácticas de buen gobierno que se fundamentan en la premisa del No consenso. A las facultades de derecho, que les enseñen a nuestros prominentes abogados a buscar la unión y no ganar en la desunión, y a nuestros empresarios que no existe otro camino para el desarrollo de un país que las sociedades y alianzas con terceros, y que por lo tanto debemos aprender a confiar en otros. Mi última recomendación, un buen libro de reflexión sobre el tema para empresarios: Trust, de Francis Fukuyama que habla como la confianza logra enriquecer las naciones.

* PhD. gonzalo.gomez@inalde.edu.co
Director del Área Family Business, Inalde Business School, Universidad de La Sabana


                                                               
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