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Publicado: 14/12/2012

El buen hijo…

El buen hijo…

Después de 20 años, Carlos Hugo Escobar vuelve a Ramo. Desde la presidencia de la junta directiva define el futuro de la compañía que ahora aspira conquistar el mundo.

En 1991, como presidente de Grasas S.A., Carlos Hugo Escobar tenía en Productos Ramo su principal cliente de margarinas, aceites y materias primas. En ese momento, Rafael Molano, fundador y presidente de Productos Ramo, lo llamó para discutir condiciones comerciales de sus negocios.

Escobar viajó a Miami, donde vivía Molano, y durante dos días se reunieron. Pero la conversación no giró alrededor de los negocios entre las compañías de alimentos, sino sobre temas de manejo empresarial. Seis meses después, Escobar volvió a encontrarse con Molano y este le propuso que fuera el gerente de Ramo. Aceptó y durante un año trabajaron revisando procesos y haciendo reingeniería de la empresa. Sin embargo, Molano siempre mantuvo una presencia muy activa y todas las decisiones requerían su confirmación. “Así se volvía inoperante mi cargo y un día le dije que estábamos equivocados: no era yo la persona que necesitaba, ni ese era el modelo que quería realizar. Y me retiré no sin antes motivar a sus hijos para que lo acompañaran”, recuerda Escobar.

Pasaron casi 18 años y, hace unos meses, uno de los miembros de la familia Molano buscó a Escobar para contarle que don Rafael se había retirado y no estaba en condiciones de seguir a cargo del negocio. Ya para entonces se había hecho un protocolo de familia que creaba una junta externa a la familia. La propuesta para Escobar fue aceptar la presidencia de la Junta. Y él aceptó.

Sin duda, Ramo es una de las marcas de alimentos más tradicionales del país. Factura $320.000 millones anuales, con crecimientos –cada año– de 10% a 12%, tiene tres plantas de producción, atiende más de 220.000 puntos de venta con un ejército de 1.800 vendedores, cuenta con 91 referencias de productos –ponqués, snacks, galletas y pan– y su producto estrella es el Chocoramo: vende 600.000 unidades diarias en su presentación tradicional y 300.000 unidades pequeñas.

El compromiso y determinación de Escobar para lograr sus objetivos le han permitido tener una trayectoria destacada en el mundo empresarial. Fue subgerente general de Acesco, encabezó el proyecto de Pilas Varta que catapultó el ciclismo colombiano en Europa, ocupó la vicepresidencia de mercadeo de Postobón, dirigió Grasas S.A., Icopinturas y las tiendas Magaly París. Estuvo a cargo de abrir y manejar la operación de almacenes Éxito en Venezuela, a través de la adquisición de Cativen, y a su regreso a Colombia trajo el modelo de droguerías Locatel. Además de Ramo, también es el presidente de la junta directiva de la Cámara de Comercio Colombo-Venezolana y participa en la de Conboca –firma que reúne marcas de restaurantes y comidas como Kokoriko, Mimo’s y Alfredo’s–.

Hijo de una familia antioqueño-caldense, nació en Pensilvania y se crió en Medellín, Escobar no fue un buen alumno en el colegio: “perdí tres años pero eso me sirvió después en la vida universitaria y profesional”, dice. Y lo logró en Eafit, en Administración de Negocios.

Quienes han trabajado con él lo califican como una persona respetuosa, solidaria y equitativa. Goza del campo y su entorno, tanto que tiene dos fincas en los Llanos, “solo para disfrutar de sus paisajes, aunque deben ser autosostenibles”, aclara.?Su experiencia le permite determinar en dónde está el talón de Aquiles de las empresas hoy: “un plan de negocios deficiente, no adaptar el modelo de negocio a un entorno cambiante, no ser estricto en el manejo de caja, no tener sintonía con el cliente y no contar con un equipo competente”.

Apasionado por los caballos, ya tomó las riendas de Ramo. “Sueño con un Ramo como jugador global –dice–, con presencia activa y exitosa en diferentes países en el negocio del ponqué. Y con alianzas con compañías internacionales que quieran venir a Colombia a desarrollar productos que tengan su origen en las materias primas que trabajamos y que se apalanquen en nuestra distribución”.

Los primeros pasos se están dando. Ramo acaba de firmar una alianza con Europastry, una compañía española experta en producir masas congeladas que permiten terminar el producto en la fábrica, congelarlo y consumirlo muchos días o meses después, tras un proceso de 20 minutos de descongelación. Su mercado objetivo es América Latina, sin Brasil ni México, en una operación que debe estar lista en los próximos tres años. Esta movida exigirá inversiones por más de US$20 millones. Para el proceso de exportación están pensando en el montaje de una planta en la Costa Caribe, aunque no se ha definido.

En manos de Escobar está el futuro de una de las marcas más queridas y tradicionales de Colombia que nació industrializando productos de la cocina artesanal con sabores muy arraigados en el colombiano. Ahora, su reto será conquistar otros paladares en el mundo.
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