Publicado: 14/12/2012

La Pdvsa de Petro

Las similitudes entre la petrolera venezolana y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá van más allá de simples coincidencias: son las dos puntas de lanza de Petro y Chávez para materializar sus proyectos políticos.

Sobre los puntos de convergencia que eventualmente unen a Gustavo Petro con Hugo Chávez en términos filosóficos se ha dicho de todo. Que sus proyectos, por ejemplo, buscan a toda costa reivindicar la esencia del socialismo, sin importar a qué costo. O que ambos se la juegan por aquella tesis según la cual el Estado es mucho más eficiente que los privados a la hora de garantizar la prestación de los servicios públicos. Incluso, hay quienes creen que con sus marcadas políticas de subsidios, los dos gobernantes solo buscan construir un inquebrantable fortín electoral.

Comparaciones que, cuando llegan a oídos del Alcalde, él mismo se encarga de desvirtuar. Quizás porque conoce perfectamente las consecuencias que puede acarrearle el hecho de que lo asocien con el mandatario venezolano. Lo que no puede negar, sin embargo, son las coincidencias históricas y programáticas que hay entre la estatal petrolera de Venezuela (PDVSA) y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), hoy por hoy las dos plataformas económicas con las que Chávez y Petro –guardadas proporciones– apalancan sus planes de gobierno.

Las coincidencias y los lazos comunes entre PDVSA y la EAAB son realmente asombrosos. Para entenderlos vale la pena remontarse a lo ocurrido el pasado 21 de noviembre, cuando un grupo de investigadores de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) irrumpió en las instalaciones de la EAAB para conocer detalles del nuevo esquema de recolección de basuras en la capital.

La ‘intromisión’ fue entendida en su momento por Gustavo Petro y su séquito como un ataque orquestado por fuerzas opositoras que pretendían no solo poner en tela de juicio sus políticas sino, a la postre, derrocarlo. Tanto así que pocas horas después del incidente, el Alcalde, en su cuenta de Twitter, formuló un interrogante lapidario: “¿destituirán la autonomía constitucional de Bogotá por defender los intereses de William Vélez y Alberto Ríos? El Presidente tiene la palabra”.

Diez años atrás, el lunes 2 de diciembre de 2002 en Venezuela ocurrió un episodio que parecería calcado. Ese día, en el Lago de Maracaibo, grupos de oposición al Gobierno Chávez iniciaron un paro cívico nacional en contra de la principal empresa de petróleos del país, PDVSA. La idea del sabotaje era una sola: ‘destronar’ al Presidente para poner freno a las reformas petroleras que estaba implementado su Gobierno y que, sin duda, eran vistas por las élites y los sectores meritocráticos del país con desconfianza.

Al final, la acción opositora se frustró y el proyecto revolucionario de Hugo Chávez tomó control absoluto de PDVSA. Al punto que desde entonces, con los recursos generados por la petrolera, el Presidente echó a andar el grueso de sus iniciativas. Creó fideicomisos para inversión en planes de desarrollo agrícola, construyó plantas hidro y termoeléctricas, puso en pie complejos agroindustriales, financió la aerolínea estatal venezolana y promovió desarrollos habitacionales y de infraestructura, por solo mencionar algunas de sus disposiciones.

A estas alturas, los recursos entregados por Venezuela, vía subsidios y convenios de cooperación, en los últimos cinco años, ya superan los US$62.000 millones. Y, como es obvio, la multimillonaria partida salió del bolsillo de PDVSA. Así pues, la política petrolera –por los elevados ingresos fiscales que genera– ha sido el principal bastión del proyecto de Hugo Chávez en la última década. Ahora las preguntas que surgen en Bogotá son evidentes: ¿estará haciendo lo mismo Petro con la EAAB? y ¿tendrá la misma solidez financiera la EAAB que PDVSA.

La apuesta ‘petrista’


Una vez conjurada la crisis que ocasionó aquella ‘toma’ del Acueducto por parte de la SIC, Petro –al mejor estilo de Hugo Chávez– pudo consolidar su empeño por convertir a la EAAB en punta de lanza de sus idearios políticos. Y así se evidencia en las no pocas medidas que ha tomado en la empresa.

La primera, por ejemplo, fue prohibir la venta de agua en bloque a más de una decena de municipios de Cundinamarca. Un millonario negocio que le significará a la EAAB dejar de recibir ingresos superiores a los $20.000 millones anuales. Con la polémica disposición, el Alcalde pretende desincentivar la expansión de Bogotá y ‘obligar’ a los constructores a desarrollar sus proyectos en el denominado centro ampliado.

Por otro lado, modificó el objeto de la EAAB y le incorporó la prestación del servicio de aseo para dejar en sus manos la recolección de basuras en la capital. Un esquema que no solo ha desatado una fuerte controversia en la ciudad sino que, de no manejarse con responsabilidad, podría dejar a Bogotá inmersa en un mar de basuras.

Pero mientras la ciudad tiene tiempo de hacer balances, la caja menor de la EAAB también le ha servido a Petro para ofrecer subsidios. El más sonado fue el que garantiza el mínimo vital de agua en los estratos 1 y 2 y, a partir del año que entra, en el 3. Y no solo eso: el gerente de la EAAB, Diego Bravo, anunció a finales de noviembre que rebajará las tarifas del aseo una vez entre a operar el nuevo modelo de recolección. Los beneficiados serán los estratos 1, 2 y 3, y la reducción tarifaria se verá reflejada hasta en 20%.

Y aunque nadie pone en duda las bondades de dichos auxilios, preocupa que en el mediano plazo las finanzas de la EAAB no resistan tanta carga. Si bien es cierto que en 2012 la empresa incrementó sus utilidades 30% en relación con los $175.000 millones que obtuvo en 2011, durante los años que restan de esta administración esos indicadores podrían venirse a pique. Y todo por cuenta de los desbordados gastos que deberá hacer Petro con los recursos de la empresa si quiere seguir adelante con su proyecto político.

Cuando Chávez llegó a la presidencia de Venezuela, PDVSA figuraba en el puesto 37 del ranking de las 500 empresas más grandes del mundo de la revista Fortune. Solo fueron necesarios cinco años de la revolución chavista para que la petrolera no volviera a aparecer dentro de las 1.000 organizaciones más poderosas del planeta. En dimensiones bogotanas, en donde la EAAB ha sido una de las joyas de la corona, solo resta por hacer una pregunta: ¿correrá la EAAB, en manos de Petro, la misma suerte que ha tenido PDVSA bajo el mandato de Chávez?

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