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Publicado: 13/12/2012

Piel de cuero

Piel de cuero

Mario Hernández no sólo se ha convertido en un ícono de la moda colombiana sino en un referente mundial de la industria del cuero. Ahora sus ojos están en Rusia.

Cuando tenía siete años, Mario Hernández tuvo que salir junto con su familia de su natal Capitanejo, en el departamento de Santander, huyendo de la violencia política.

“Nosotros somos unos desplazados, pero no hay mal que por bien no venga. Soy agradecido de serlo porque de lo contrario estaría en Capitanejo vendiendo tabaco”. Así inicia la historia de su vida Hernández, quien ha construido alrededor de su nombre una de las pocas marcas de consumo premium del país.

Durante sus más de 30 años de historia –primero como Marroquinera y ahora como Mario Hernández–, la compañía y su fundador se han convertido en íconos del sector del cuero y en uno de los primeros jugadores en buscar plataformas globales para crecer. Hoy está en siete países de la región y abriendo la puerta para llegar a Europa.

Con crecimientos anuales de doble dígito en sus ventas, Mario Hernández fue destacado a finales del mes de noviembre como el Emprendedor del año Máster, premio que entrega la consultora Ernst & Young y que le permitirá, a mediados del año entrante, competir por este mismo galardón a nivel mundial.

La historia


Cuando tenía 14 años empezó como mensajero en la fábrica de vestidos Hermega y, al mismo tiempo, hacía negocios comercializando productos y estudiando bachillerato en jornada nocturna.

Así como su interés por el estudio no era tan grande, su pasión por los negocios y el comercio era inmensa: vendió pañuelos, bufandas, joyas de fantasía, lámparas… Luego, “con todo fiado”, abrió una oficina de finca raíz –Hernández y Mayorga– que tuvo por 12 años y se fue acercando al mundo del cuero. Primero con una boutique y posteriormente al quedarse con un almacén de artículos de cuero en el centro de Bogotá. “También lo compré fiado, a los 6 meses ya lo había pagado y a los 3 años ya teníamos 8 tiendas. Pero no encontraba el producto adecuado, pues yo quería otras cosas”, recuerda Hernández.

En 1978 apareció una fábrica de cueros, Marroquinera, y Hernández compró 40% de ella. Al mismo tiempo iba creciendo en su diversificación de negocios: en el centro de Bogotá montó un pub inglés y abrió la Tienda de la Esquina. “Era un delikatessen, panadería, rancho, licores, cigarrería, y si yo hubiera seguido con eso tendría unas 500 tiendas y serían como las Oxxo de hoy”, dice en tono jocoso.

Sin embargo, Marroquinera entró en serias dificultades y el socio le vendió su parte, así que Hernández se quedó con ella y concentró todos sus esfuerzos en potenciarla. Este paso le permitió convertirse en el presidente de Asocueros, gremio en el que estuvo al frente más de 16 años. “En Marroquinera siempre pensé en calidad, diferenciación, diseño. Siempre me han dicho que soy caro, pero preguntaba ‘¿caro contra qué?’.

Entonces, con unos socios de Cali trajimos, desde Suiza, la marca Bally. En esa ciudad se hacían los zapatos y Marroquinera fabricaba los accesorios. Pero no coincidimos con los socios en la estrategia y decidí retirarme y quedarme solo con los accesorios”, agrega.

Su especialización la hizo en Estados Unidos, pero no en el campo académico sino en la realidad de los negocios. “Abrí un almacén en Nueva York, en el Trump Plaza –recuerda–. Llevé matas de café, muebles colombianos, solo en colores café y negro. Pero eso no era así, hay estaciones, hay colores, la decoración tenía que ser diferente, debía tener una marca y Marroquinera era un genérico. Perdí mucha plata, pero creo que fue la mejor inversión porque fue mi MBA”.

Llegó a Colombia y contrató varias agencias para ver el futuro de la marca de su empresa. Una de ellas, Bierkas de España. “Teníamos un buen producto pero nos faltaba el resto”, dice. En Madrid, tuvo una clase de mercadeo de lujo asequible –que es lo que vende su empresa– y la conclusión fue contundente: la marca siempre iba con el nombre del fundador y por lo tanto tenía que ponerle Mario Hernández.

Volvió a Colombia y bajó los avisos de Cuerolandia y Marroquinera y puso los de Mario Hernández. “Construir marca se vuelve un gran reto y eso es como la vida: te enseñan a caminar, a ir al baño, llegar al kínder y a crecer. Nosotros apenas vamos en primaria. Sin diferenciación y con producto barato es imposible competir. No tenemos las materias primas, ni la mano de obra, ni la infraestructura, ni todo lo que tienen los asiáticos”, describe Hernández.

El presente y el futuro

Sus dos hijos mayores, María Fernanda y Mario, ya trabajan con él, al frente de las áreas de producto y de la administrativa. Y actualmente la empresa avanza en el desarrollo del protocolo familiar. “Voy a darles gusto a mis hijos en eso, pero no creo que sirva para nada. Todo depende de la educación y el ejemplo que usted les dé”, afirma Hernández.

Hoy, Mario Hernández está en Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica y Aruba con más de 50 tiendas. Está en proceso de abrir otras en México y acaba de firmar una franquicia con un grupo empresarial ruso para llevar su marca a ese país. Ya está vendiendo mercancía al por mayor y en menos de cuatro años debe estar abierta la primera tienda en Rusia. Lo más sorprendente ha sido que ya se encuentra producto falsificado de su marca. “Eso es buenísimo. Uno tiene que ser innovador, hace 12 años saqué las mariposas y todo el mundo las copió y hoy es una identidad de Mario Hernández”, dice orgulloso.

Ha tenido otras experiencias en Estados Unidos, especialmente en la Florida, pero no han cristalizado. Sin embargo, en 2014 planea abrir una nueva tienda en Miami. Además, inversionistas de Chile y Perú han pedido llevar bajo el modelo de franquicia su marca, negocios que hoy se están analizando, pero él prefiere ir despacio.

Se considera globalizado, no solo por su experiencia exportadora sino por las proveedurías que tiene de otros mercados: fabrica en China maletas y pañoletas de seda, herrajes en Italia y China, camisetas en Perú y zapatos en Brasil.

Hacia el futuro espera que la empresa logre ‘graduarse’. “Lo que no podemos hacer es salir corriendo, dejarnos sacar a sombrerazos –porque todo el mundo está entrando– y vender la compañía. No la vamos a vender, ¿en qué vamos a trabajar? ¿Dónde vamos a pedir puesto? El otro día vino un fondo de inversiones y me dijo que me compraba el 30% o 40%. Y yo pienso que esa es plata muy cara y, además, quedo con jefe. No, muchas gracias”, dice, dejando cerrado ese capítulo.

Mario Hernández, como marca, apenas está superando la adolescencia y busca nuevos caminos que le permitan llegar, como sus referentes internacionales, a tener más de 100 años. Es el tiempo de crecer.

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