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Publicado: 26/11/2012

Robar obras de arte no es buen negocio

Robar obras de arte no es buen negocio

Nueve de cada diez veces, los robos de este tipo son llevados a cabo por personas u organizaciones criminales que tienen la capacidad para cometer el delito, pero que luego no pueden vender las pinturas.

A pesar de la crisis financiera global y todas las discusiones sobre el tema de la austeridad, los amantes del arte han comprado obras contemporáneas y de viejos maestros en subastas con precios récord durante todo el año.

Pero, ¿los compradores consideran que su compra es una inversión rentable o sólo un símbolo de estatus?.

La idea de que el arte es un activo no es nueva.

Uno de los primeros fondos de arte surgió en París en 1910, cuando un grupo de personas invirtió la cantidad -relativamente pequeña- de 750 francos cada uno para comprar obras de Picasso y Matisse, que vendieron 10 años más tarde por 100.000 francos, obteniendo una considerable ganancia.

Un ejemplo más reciente sería el del guitarrista Eric Clapton, quien vendió una pintura de Gerhard Richter por US$30 millones: diez veces el precio que pagó por ella.

Thomas Galbraith es director de estrategia global del sitio web Artnet, que rastrea las ventas en las subastas de todo el mundo.

"Al observar un catálogo de subastas de 1980 o 1985", explica, "es posible encontrar una gran cantidad de artistas poco conocidos porque, a pesar de que entonces vendían, el mercado para ellos no se mantuvo".

¿Es posible entonces que el trabajo de los artistas más conceptuales como Damien Hirst mantenga la misma longevidad de los maestros del Renacimiento?

"Cuando uno mira a los artistas a través del tiempo, es posible observar que trabajan a la vanguardia de la tecnología", explica Galbraith.

El experto llama la atención acerca de que los impresionistas utilizaron pigmentos en aceite, un nuevo medio en ese momento.

"El medio es efímero. El artista sólo debe elegir cuál utilizará para trabajar".

La obra de artistas como Kac, quien a través de su arte transgénico y biológico produce un conejo fluorescente, por ejemplo, es una de las cosas más difíciles de vender.

"No existe un solo mercado del arte", asegura, "cuando hablamos de este tipo de cosas nos referimos al mercado del arte en su conjunto, pero funciona igual que los distintos mercados financieros".

Fallo en la venta

Ya es un lugar común que una obra de arte se venda por decenas de millones de dólares y que ello convierte al mercado en un blanco para los ladrones.

Con frecuencia el robo de arte es presentado como uno de los crímenes más glamorosos, especialmente en el cine, en donde las tramas se centran en complejas medidas de seguridad y escapadas en auto a toda velocidad.

Sin embargo, hay un defecto que ninguna de las películas parece reconocer: a pesar de los enormes riesgos que corren los criminales y el valor del arte robado, nunca se gana mucho dinero.

"Nueve de cada diez veces, los robos de este tipo son llevados a cabo por personas u organizaciones criminales que aunque tienen la capacidad para cometer el delito, pero que luego no pueden vender las pinturas", dice Robert Wittman, fundador del equipo de robo de arte del FBI y autor del libro "¿Cómo me infiltré para rescatar tesoros robados del mundo".

Según su experiencia, las personas a menudo hacen un buen trabajo para encontrar la manera de cometer el crimen, pero nunca hacen un buen trabajo cuando les toca hacer dinero de ello.

Lienzo sin valor

Wittman recuerda que en el año 2000, tres personas se robaron dos Renoir y un autorretrato de Rembrandt del Museo Nacional de Estocolmo, por un valor de $42 millones. Se organizaron para que explotaran coches bomba que evitaran el acceso de la policía y luego escaparon en un barco de alta velocidad.

Tiempo después, las pinturas fueron recuperadas en Suecia, Dinamarca y Estados Unidos, lo que significa que al final no fueron capaces de rentabilizar ninguna de las obras robadas.

Debido a que son incapaces de vender las pinturas, Wittman dice que los ladrones a menudo tratan de mantener los trabajos hasta obtener los rescates y las recompensas que se ofrecen para su recuperación.

"En los 25 años que he investigado estos robos, nunca he oído de nadie que realmente monetice estas obras tan valiosas", asegura.

"Lo que los ladrones no entienden es que el valor de las obras de arte proviene de la autenticidad, la procedencia y el título legal", explica.

"Si usted no tiene alguna de esas tres cosas, la obra es sólo un pedazo de tela con un poco de pintura".

Para recuperar las pinturas robadas, Wittman a menudo ha fingido ser un comerciante de arte. Las negociaciones, para acceder al objeto robado y poder llevar a cabo alguna acción, podrían tomar de dos semanas a dos años, dice.

"Después del robo de cuatro cuadros a punta de pistola en el Museo de Bellas Artes de Niza, en la Riviera francesa, tuvimos reuniones en Miami, Barcelona, Madrid y Marsella".

"Al final trajeron las pinturas para vendérnoslas", dice.

Con un toque de ironía, concluye: "No es un buen crimen. Te convierte en un hombre de negocios terrible".
                                                               
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