Publicado: 22/11/2012

El imperio brasileño

Los brasileros de Odebrecht van tras el Metro de Bogotá, las nuevas autopistas que contratará el Gobierno, un puerto en Cartagena y hasta una planta de combustibles en alianza con Riopaila.

Los brasileños no solo saben de fútbol, samba y caipiriñas; también aprendieron muy bien el negocio de las grandes construcciones. En un país en el que todo es muy grande, Odebrecht forjó desde hace décadas su destino como la empresa de ingeniería civil más grande desde el Río Grande hasta la Patagonia.

Atraído por una renovada política pública de transporte e infraestructura, la gigante brasileña desembarcó en el país en 2009 con ambiciosas expectativas. “Colombia hoy tiene plata, grado de inversión y una oportunidad excepcional para salir del grave retraso en infraestructura”, comentó a Dinero Luiz Bueno, director de la multinacional en Colombia.

La punta de lanza de su estrategia de expansión en Colombia es la Ruta del Sol, sector dos, contrato de $3,6 billones que ganó en 2010 y cuyos avances hoy muestra con orgullo.

De hecho, en diciembre de este año estarán listos los primeros 150 kilómetros de doble calzada, cuando el contrato solo los obliga a entregar las primeras obras en marzo de 2013. Ellos saben que, si cumplen con este contrato, se abrirán las puertas y serán uno de los principales jugadores en el mayor plan de obras que se haya planeado en Colombia y que solo en concesiones suma $40 billones.

La hoja de ruta de los brasileños ya está trazada. A la par que van entregando obras de manera anticipada, participarán en nuevos proyectos, como las Autopistas de la Prosperidad, la vía Barrancabermeja-Bucaramanga, la doble calzada Cali–Buenaventura, el tren del Carare, un puerto de granel y líquidos en Cartagena, el metro de Bogotá, la doble calzada Ibagué-Girardot-Puerto Salgar y analiza la construcción de una planta de combustibles junto con Riopaila, entre otras iniciativas.

Su principal ventaja es el tamaño. En Colombia, ninguna empresa de construcción civil individual podría apostarle a tanta licitación pues no tiene el aire y dinero suficientes. Solo el Grupo Odebrecht factura cada año unos US$37.000 millones, una suma superior a lo que vendieron todas las empresas de ingeniería en Colombia en 2011.

“Nuestro objetivo en Colombia es involucrarnos en las obras más emblemáticas del país. Sobre todo en los sectores de transporte y energía y siempre buscando una relación de largo plazo”, explica Bueno.

Las malas noticias

Pero no todo es color de rosa. Odebrecht cree necesario hundir el acelerador a fondo en algunos procesos de estructuración para no perder el cuarto de hora que vive el país. “Si el plan de victorias tempranas y las licitaciones de ferrocarriles no salen rápido, ¿de qué sirve que Colombia haya suscrito 15 tratados de libre comercio? Colombia es visto, junto con Brasil, como la nueva novia bonita en el mundo, pero si no estructura bien sus proyectos, el país habrá perdido una oportunidad única y entra en un letargo de largo plazo”, dice Bueno.

La firma brasileña asegura tener listos los estudios para la construcción del tren del Carare que contribuirá a sacar el carbón–de manera eficiente– del centro del país a los puertos del Caribe. El tema es que la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) quiere desarrollar este proyecto a través de alianzas público privadas (APP), es decir, mediante concesión; cuando lo ideal –a juicio de Odebrecht– es que se haga por obra pública; en otras palabras, que el Gobierno ponga los recursos.

La explicación de Bueno es que al contratarse por APP, el negocio estaría condicionado a que el propio gobierno amplíe la concesión de explotación de minas a empresas como Paz del Río. “El ferrocarril se enreda mucho con la premisa de APP. Habría una demora de unos ocho años mientras se elaboran los diseños y la contratación. A ese paso no vamos a tener ferrocarril en Colombia”, reclama el empresario.

Otro motivo de preocupación para estas grandes empresas que entran a Colombia está relacionado con las demoras en la entrega de licencias ambientales. El ‘coco’ de todos los constructores, locales y extranjeros.

“No pongo en duda la conducta de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), pero esa entidad debe tener más equipo y estar mejor estructurada. Colombia tiene plata, pero tiene una dificultad en la estructuración de los proyectos. Hablo de las áreas financiera, jurídica y técnica, así como estas dificultades de la Anla”, advierte el dirigente.

El plan de obras que está estructurando el gobierno nacional para los próximos años es de tal magnitud que hoy las empresas de ingeniería más grandes del mundo miran a Colombia con especial interés. Para no espantarlas antes de que inicie la fiesta, es necesario mejorar los esquemas de contratación y, en especial, acelerar la estructuración y contratación de los proyectos.
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