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Publicado: 22/11/2012

Huracán económico

Huracán económico

El fallo de la Corte Internacional de la Haya significa un duro impacto económico para el país. Estas son las principales implicaciones de la pérdida de mar frente Nicaragua.

El país no ha dimensionado todavía las graves consecuencias que se desprenden del fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya en la disputa fronteriza con Nicaragua: las económicas.

Mientras la mayor parte del debate ha girado en torno a las responsabilidades políticas, lo que queda en claro es que la Corte acaba de abrir una puerta hacia un panorama completamente desconocido y cuyos resultados son difíciles de estimar. El mapa de Colombia nuevamente sufrió un duro sismo que lo reconfiguró. Y ese no es un tema menor.

Lo primero que hay que señalar es que las condiciones de vida para buena parte de la población sanandresana cambian, pues muchos de ellos derivaban su sustento de las labores de pesca en zonas que a partir de hoy son nicaragüenses. Esto llevó al Gobierno a pensar en la posibilidad de decretar la emergencia económica en la isla. El objetivo: impedir que el sustento diario de los habitantes del archipiélago se vea afectado.

Esto implica diseñar políticas que permitan a muchas personas encontrar otras fuentes de ingreso, en caso de que su actividad habitual se vea afectada. La decisión de la Corte genera nuevas erogaciones de presupuesto para aliviar o mitigar el impacto económico en la isla. En pocas palabras, al país le llegó la hora de ponerse al día con los sanandresanos, quienes llevan años pidiendo mejor infraestructura y fuentes de empleo más estables. Eso cuesta dinero.

La otra implicación evidente del fallo está relacionada con la explotación petrolera, porque lo más importante del pronunciamiento hecho en La Haya no es solo que Colombia se quede sin ese pedazo de mar, sino que Nicaragua podrá explotar las reservas energéticas que haya en las 200 millas nuevas que le fueron adjudicadas.

Eso significa que Colombia perdió la posibilidad de buscar nuevos ingresos para su economía, generados en la explotación de gas o petróleo en esa zona. En este frente, el debate apenas empieza, pues muchos creen que a Colombia le cogió el sueño a la hora de impulsar la exploración petrolera en San Andrés.

En twitter, el exdirector de hidrocarburos del Ministerio de Minas, Julio César Vera, aseguró que es “triste que por el radicalismo de algunos, Colombia no hubiera podido avanzar en un desarrollo social y sostenible de su potencial de hidrocarburos en la cuenca de los Cayos. Nicaragua seguramente lo hará. Ojalá no nos duela en un futuro”. Vera señaló que Colombia se excedió en proteccionismo y que “Nicaragua, seguramente no. ¡Nadie sabe para quién trabaja!”.

La cantidad de crudo que Colombia perdería es incalculable. Lo que sí es claro es que los pozos off shore –a mar abierto– son los proyectos que más aportan al aumento de las reservas mundiales de crudo.

Estados Unidos, Brasil, Rusia y muchos otros países están sacando crudo de las profundidades del mar. En la más reciente ronda de adjudicaciones, Colombia logró incorporar bloques en el Caribe y hay expectativas de exploración en el Pacífico. Así que no es descabellado pensar que en la zona existen buenos prospectos petroleros que le habrían permitido al país en el futuro recomponer su mapa de reservas. Esa es la otra pérdida evidente para el país.

Nicaragua petrolera

La otra implicación es que Nicaragua, sin lugar a dudas, se va a meter en la exploración petrolera. Esto podría convertirlo en un nuevo miembro del selecto club de países productores de crudo.

El país vecino ya había abierto una licitación para bloques en la zona. Con el fallo de la Corte, tiene todo el campo abierto para meterle el acelerador a esa decisión.

¿Qué significa eso? Una enorme amenaza ambiental. En Colombia la explotación petrolera en San Andrés había abierto un gran debate. El gobierno Santos decidió incluir un artículo en el actual Plan de Desarrollo que permitía iniciar explotación en la zona. Sin embargo, el representante Simón Gaviria adelantó un debate en el Congreso y logró tumbar la medida. Así pues, todos los planes quedaron aplazados.

Los riesgos son evidentes. El antecedente del bloque Macondo, que puso contra las cuerdas a la BP y que implicó un daño ambiental incalculable en el Golfo de México, ha puesto en alerta a muchos sobre las implicaciones y las amenazas de explotar hidrocarburos mar adentro.

Aún no se conoce cuáles serán las exigencias que en materia de exploración petrolera tendrá Nicaragua, pero es muy posible que por los altos niveles de pobreza que registra el país y su interés en buscar nuevos recursos para sus finanzas, no tendrá en cuenta las amenazas ambientales y se meterá de lleno en la exploración de esa cuenca.

De tal manera, el primer gran proyecto petrolero de ese país, completamente inexperto en la industria, será bajo las exigentes condiciones técnicas de la exploración off shore, pero –al parecer– con unos niveles de exigencia muy bajos. Esa es una amenaza implícita. Vale preguntarse desde hoy, qué pasa si algún día se encuentra petróleo y la explotación avance por parte de Nicaragua. ¿Contará con la suficiente experticia para impedir accidentes? ¿Tendrá la tecnología para enfrentar cualquier emergencia? Esas son preguntas que hay que hacerse. Colombia tiene que estar alerta sobre la manera en que Nicaragua avance en su política petrolera para impedir desmanes que afecten esa reserva ecológica e impacten sobre el archipiélago de San Andrés.

Es claro que las implicaciones del fallo apenas se ponen en evidencia. La decisión es histórica, porque reorganiza el mapa nacional. Además del debate político, es necesario reflexionar sobre las implicaciones económicas en el nuevo statu quo. Allí es donde se evidencia que, en este caso, la única que perdió fue Colombia.
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