Dinero.com

Publicado: 08/11/2012

El rey de las colas

El rey de las colas

Héctor Fernando García, presidente de Postobón, logró salvar la empresa de la bancarrota y la convirtió en la líder del mercado de gaseosas. ¿Cómo lo hizo?

En la mente de Héctor Fernando García Ardila permanece intacto el recuerdo de aquel día en que su médico le prohibió volver a jugar fútbol. Fue en el año 2000, cuando sus abusados meniscos sucumbieron ante el exceso de deporte y –luego de enfrentarse a una delicada intervención quirúrgica– no tuvieron más remedio que ‘jubilarse’ antes de lo previsto. Hoy, García completa 12 años sin sentir el placer que le producía el contacto con el balón. Exactamente el mismo tiempo que lleva al frente de Postobón, la empresa que lo vio nacer como profesional y en la que ha trabajado por más de tres décadas.

Todo comenzó en 1978. Por esos días, mientras terminaba sus estudios de economía en la Universidad Santo Tomás de su natal Bucaramanga, García aterrizó en Postobón a ocupar un cargo que entonces resultaba extraño para él: profesional de entrenamiento.

Fue su primera experiencia laboral y desde ese momento no paró de escalar posiciones y de ocupar cuanto puesto directivo había dentro de la organización: gerente en la planta de Bucaramanga, gerente de gaseosas Hipinto, asistente de vicepresidencia y gerente general de cervecería Leona –perteneciente a Postobón en su primera etapa–.

Una trayectoria envidiable y, para él, apasionante. Tanto así que el único argumento que lo obligó a alejarse fugazmente de las entrañas de Postobón fue el estudio. Entre 1980 y 1983, sus días transcurrieron dentro del campus de la American University de Washington, en donde hizo un MBA con énfasis en finanzas. Una pausa que no solo le sirvió para formarse académicamente sino para tomar el impulso que, sin sospechar, necesitaría para convertirse en uno de los ejecutivos más importantes de la Organización Ardila Lülle.

Su llegada a dirigir Postobón estaba predestinada. Y así lo confirma una curiosa anécdota. En septiembre de 2000, aún como gerente general de Leona, García solo tenía tiempo para afinar los últimos detalles de la inminente venta de esa cervecería a Bavaria. Así pues, cuando la millonaria transacción se llevó a cabo y la compañía pasó a manos del Grupo Santo Domingo, Héctor Fernando García entregó su cargo y quedó, aparentemente, a la deriva. Las cosas del destino llegaron al día siguiente, cuando el entonces presidente de Postobón, Jairo Gómez, sufrió un infarto y precipitó su retiro. Bajo ese panorama, Carlos Ardila Lülle no vaciló en nombrar a García en su reemplazo.

El escenario que encontró el nuevo presidente fue aterrador: una empresa que vendía $600.000 millones al año pero cargaba a cuestas una deuda superior a $1 billón. Dentro de sus acreedores aparecían 20 bancos nacionales y 10 internacionales. La alternativa, entonces, para frenar esa amenazante bola de nieve, apuntaba en una sola dirección: demostrar que Postobón podía cumplir con sus obligaciones en un corto plazo.

Estrategia que, al mejor estilo de un curtido relojero suizo, García echó a andar con lujo de detalles. Al punto que hoy por hoy los libros contables de Postobón no reportan ninguna deuda financiera.

Actualmente, con la casa en orden, el único propósito del ejecutivo es consolidar a Postobón como líder dentro del mercado y superar las cifras que giran en torno a la empresa. Una tarea más que desafiante si se tiene en cuenta que en 2011 sus ingresos fueron de $2,1 billones, creció 7% y su Ebitda bordeó los $540.000 millones. Además, a estas alturas tiene en su inventario 22 plantas en todo el país y 80 centros de distribución; maneja una nómina de 12.000 empleados directos y exporta sus productos a 10 países.

Y aunque los números lucen inmejorables, dentro de los mandamientos laborales de García aparece en primer renglón el de nunca bajar la guardia. Tal vez por eso sus planes apuntan a expandir la compañía en Colombia y llevarla a otros países. Antes de que termine este mes, inaugurará una planta de producción en Malambo, Atlántico, cuyo costo fue de $220.000 millones. También cortará la cinta de la nueva fábrica de Iberplast –encargada de producir los plásticos de Postobón– en Madrid, Cundinamarca.

Pero ahí no paran las cosas. Según palabras del propio García, en el año que entra Postobón deberá insertarse –con operaciones propias– en el mercado de algún país del continente. No descarta destinos como Estados Unidos, México, Costa Rica y Panamá. Y, para ello, la junta directiva de la empresa ya habla de un presupuesto inicial cercano a los US$100 millones.

Por lo pronto, en su oficina de Bogotá, García no descuida el menor detalle de los cinco productos que durante los últimos dos meses ha lanzado Postobón al mercado. Un grupo de bebidas que en materia publicitaria demanda una inversión mensual de $4.000 millones en gaseosas y $1.000 millones en aguas.

Cuando le preguntan si toma Coca-Cola responde, en medio de una sonrisa y con un indescifrable acento ‘santandereano-paisa’, con contundencia: “nunca la he probado porque me hace daño”. Eso, según él, es una muestra de la fidelidad que siempre ha profesado por los productos de su ‘casa’. Un fervor solo comparable con su afición por el Atlético Nacional –equipo perteneciente a Postobón–, al que acompaña desde las tribunas y por el cual eleva sus plegarias para que pueda coronarse campeón en cada temporada.

DINERO.COM COPYRIGHT©2010 PUBLICACIONES SEMANA S.A.
Todos las marcas registradas son propiedad de la compañía respectiva o de PUBLICACIONES SEMANA S.A. Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparezca, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.